Viaje al encuentro de San La Muerte

Por Adrián Yllescas (Universidad Nacional Autónoma de México) (texto y fotos)

Esta crónica tiene la intención de compartir mi reciente experiencia etnográfica en un viaje que hice con promeseros y devotos de San La Muerte y del Gauchito Gil, previo a que recientemente llegué a Buenos Aires con la finalidad adentrarme al mundo de estas devociones para compararlas con la Santa Muerte en México.

Todo inició cuando conocí a Juan, un joven que contacté por medio de las redes sociales, autor de un libro llamado: “El poder de su santo” que habla de su experiencia personal en la devoción a San La Muerte. Desde que llegué a las tierras del sur, Juan me recibió ofreciendo colaborar conmigo en la investigación que actualmente realizo. Hasta ahora, Juan ha sido un buen portero de entrada al campo, ya que por medio de él fue que conocí a dos promeseras de San La Muerte: Dalila y Cynthia.

Con ambas promeseras me contacté de inmediato, para acordar hacer dos viajes que son importantes en estas fechas, el 15 de agosto para ir al Santuario de San La Muerte en Solari, en la provincia de Corrientes y la segunda fecha para el 20 de agosto en Empedrado dentro de esa misma provincia. En ambas fechas y lugares se llevan a cabo los aniversarios del Santito. En este texto les narraré parte de lo que viví en la fiesta de Solari.

Para la fiesta de Solari, el trato lo hice con Dalila ya que ella organiza al menos dos excursiones al año, una para el ocho de enero para ir a la fiesta del Gauchito y la segunda el 15 de agosto, para ir a la fiesta de San La Muerte, en Solari. Lo interesante de ver en la organización de estos viajes, es la manera en cómo se logra el contacto, ya que desde mi perspectiva mexicana pensaría que son gente cercana o del mismo barrio donde vive Dalila [1]; pero, además de estas personas,  ella logra el contacto con personas de otros lugares, gracias al uso de las redes sociales como Facebook, en donde administra un grupo y ahí mismo promociona las salidas a los santuarios, tanto la de enero como la de agosto. Eso lo pude constatar cuando hablé con mis acompañantes del viaje, pues algunos de ellos no se conocían y otros se conocieron en el viaje de enero de este año.

En fin, la cita con Dalila fue para el 13 de agosto, a las 10 de la mañana en Barracas, cerca al parque Leonardo Pereyra, justo enfrente de una iglesia enorme del Sagrado Corazón. Ese día en la mañana la temperatura estaba muy fría (para mis estándares mexicanos), a nueve grados y con toda mi voluntad me levanté tomando la ruta 70 que me dejó justo enfrente de esa iglesia. En el lugar ya estaban algunos devotos esperando que pasara Dalila a recogernos en  el micro. Dalila nos recibió vestida de gaucha, con su sombrero negro, una falda larga de color rojo, combinada con un chaleco del mismo tono, con un bordado en la espalda que decía promesera del Gauchito Gil, cubierta con un poncho negro y un cinturón que por la parte de la espalda portaba un cuchillo. Ella vestía de gaucha porque primero pasaríamos a saludar al Gauchito Gil y tiene la promesa de llegar hincada a su altar vestida como él, para saludarlo, antes de ir con San La Muerte.

Después de la primera parada, fuimos por más personas a zonas cercanas: Varela, Lanus y Liniers; poco a poco se llenó el transporte con 60 personas todos con el mismo fin, ir a la fiesta del Santito.

Sin duda que la organización de este viaje le tomó tiempo a Dalila, ya que apenas termina el viaje de enero, comienza a organizar el viaje de agosto y así sucesivamente. Ya que hay personas que le van pagando el pasaje a plazos, además de que en los grupos de Whatsapp va generando poco a poco vínculos entre los que irán al viaje.

Eran las dos de la mañana y por fin llegamos a saludar al Gauchito, para los devotos argentinos el frio de esta temporada estuvo tranquilo, además es lo que menos les importa, ya que sin importar las condiciones climáticas bajamos todos para saludar al santo correntino. Al bajar una promesera que venía en el camión, nos dio una vela roja, que sirve para agradecer al Gauchito, de esa manera cada uno de los que viajamos obtuvo una vela roja. Caminamos y lo primero que se puede observar son los puestos de venta de diversos productos con la imagen del Gauchito: banderines con diversas representaciones del santo, en su mayoría rojas; efigies de diversos tamaños y formas, ya sea al que se represente al Gaucho con una cruz, sin ella o acompañado de San La Muerte o con la virgen de Itatí; ropa de gaucho: sombreros, ponchos, cuchillos, pantalones abombados; mates con insignias del santo; llaveros, cordones, cadenas, dijes; velas de color rojo, blancas, negras, un amplio mercado de productos relacionados a este santo.

Pasamos los puestos de venta y llegamos  a la capilla. Dalila se hinco en la entrada y así se desplazó con sus rodillas hasta el altar donde estaba la figura del Gaucho. Por otra parte otros acompañantes pasaban y tocaban el vidrio de la capilla, en silencio y con la cabeza hacia abajo, cerrando los ojos. Después, pasamos a dejar la vela atrás de la capilla en un espacio destinado solo para eso, donde se aprecian muchas velas color rojo en su mayoría, estas se utilizan principalmente para agradecerle o pedirle algo al gaucho.

 

Una vez que pasamos por ahí caminamos más al fondo del lugar en donde había una especie de escenario con otra figura del Gaucho, la cual tiene unas escaleras para subirlas y desde ahí se pueden tomar fotos al lado de la efigie del santo. Todos aprovechamos el momento para sacar fotos, por último pasamos por un árbol pintado de rojo que simboliza al árbol en el que murió el gaucho, y finalmente a una capilla donde hay una figura de San La Muerte.

Se dice que hay una relación entre el Gauchito Gil y San La Muerte, ya que cuando estaba vivo Antonio Gil, estaba protegido por su payé el señor San La Muerte, por eso es que muchos promeseros que adoran a uno de ellos, pueden o no tener como referente sagrado al otro. La relación entre ambos es más evidente en el lugar de Solari, ya que ahí hay dos capillas principales, la del Santito  y la del Gauchito. Por lo que se da la costumbre de pasar a saludar a San La Muerte, el día de la fiesta del Gauchito; o visitar al Gauchito cuando se va a la fiesta de San La Muerte.

Fue así que después de pasar a ver al Gauchito, Dalila fue a dejar unas donaciones de ropa y otras cosas con un señor que vive cerca del altar, al llegar nuestro ómnibus («camión», para los lectores mexicanos) se estacionó en el espacio destinado para los transportes colectivos visitantes y ahí nos tocó dormir para estar listos el 14 de agosto.

Desde que llegamos algunas personas se bajaron del ómnibus e  instalaron una casa de campaña cerca a unas parrillas, ya que el paquete del viaje incluía una comida para todos los que asistimos, y se preparó uno de los platos típicos de Argentina, que es el asado: carne que se prepara a la parrilla calentada con carbón. Me contaron que antes de la crisis económica, era una tradición comer asado todos los domingos, porque la carne no estaba tan cara, hoy en día con el dólar a 60 pesos, es complicado hacer un asado con buena carne. Por lo que este gesto del alimento, adquiere un valor importante en estos días de crisis. Comer un asado es un lujo que solo se puede dar si entre varios ponen el dinero, lo que le da un carácter de festividad y sacrificio a este hecho, además de que Dalila una semana antes del viaje tuvo que hacer todas estas compras para la comida: el carbón, la carne vacuna, el lechón;  pan, tomate, cebolla, limones para la ensalada; toda una organización que tiene como medio la idea de la fe y el agradecimiento que se hace por los favores recibidos por el santo.

La carpa fue nuestro lugar durante la estancia en el templo, ahí nos pudimos concentrar a la hora de la comida, del baile y para resguardarnos del frio, así como para poder conectar los celulares, la bocina para la música y alguna jarra eléctrica para el café y el mate.

Al bajar del ómnibus me encontré con que ya estaban más personas arribando en sus autos, en otros ómnibus, varios de ellos instalando sus casas de campaña. Después caminé hacia la capilla del Gauchito, que esta techada de color rojo, pareciera que tiene una estructura de iglesia católica, ya que en el fondo y en el centro estaba plasmado un mural con la imagen grande del Sagrado Corazón de Jesús y el Gauchito. Inmediatamente después estaba una especie de galería de objetos que dejan los devotos como testimonio material del agradecimiento por los milagros concedidos. En el centro de todo eso aparece una efigie del Gaucho con el cabello corto, hago hincapié en el cabello pues la mayoría de las efigies que había visto tenían el cabello largo. Enfrente de todo eso está el lugar para poner las velas, después unas cuantas bancas y ya casi por la entrada un puesto de objetos de venta con productos del Gauchito. La capilla se encuentra adornada con imágenes de ese santo y había algunas banderas colgando, todas de países de américa del sur.  Afuera de la capilla hay otra efigie del Gauchito, en cuyos costados tiene dos cocodrilos, uno mordiendo una serpiente, es una manera de simbolizar la lucha entre el bien y el mal.

En el terreno después de la capilla del Gaucho se pueden ver locales, en donde se venden cerveza, comida; otros espacios para el baile y los sanitarios. Además dentro del terreno hay unas casas construidas, donde viven las familias de los dueños de ese lugar.

Después esta la capilla de San La Muerte, techada de color negro y en cuyos costados frontales tiene dos altares uno del Gaucho y otro del Santito. En la entrada de dicha capilla, se ven puestos de venta de productos del Santito, más adelante esta una imagen de él sentado en un trono y en ese momento estaba la capilla del santito de Solari, puesto en el centro y por atrás había unas cortinas que estaban tapando la parte final de la capilla, pues según la dueña, estaban haciendo los últimos detalles para la ceremonia de la medianoche.

Así transcurrió el día, el asado estaba siendo preparado por los varones que venían en el grupo de promeseros, mientras que las mujeres se organizaron para cortar el pan y preparar la ensalada. La música, a ritmo de cumbia, cuarteto y chamamé. Aún recuerdo mucho la música de un grupo llamado “Damas Gratis”, que ponían muy seguido. Según algunos, bromeando o no, me dijeron que esa música es de “villeros” o aquellas personas que viven en las villas del conurbado de Buenos Aires. Además algunos estaban bebiendo vino mezclado con refresco; fernet con coca y otros whisky; algunos bebían mate o café. Una vez que estuvo el asado, se repartió entre los invitados y de esa manera se generó la convivencia entre amigos y los que estábamos allí por primera veza.

Poco a poco se acercaba la medianoche y cerca de la entrada principal de la capilla instalaron un escenario con sonido para los grupos que se presentarían; todo empezó a ser más festivo. Me di a la tarea de ver qué situaciones se daban durante la fiesta.

La primera fue el arribo de cientos de personas, tanto en los ómnibus como llegamos nosotros, en coches particulares o por transporte que pasa por la carretera. Llegaban grupos de conocidos, familias completas y grupos de amigos -buscando enseguida lugares para instalarse antes de que empezaran los eventos de las doce de la noche.

Una vez que se instalaron hubo quienes se quedaron a resguardar las pertenencias del grupo, otros que preparaban la comida, muchos llevaron asado, y muchos claro se iban a las capillas a saludar a los santos y después a bailar.

En la capilla de San La Muerte llegaron muchas personas vestidas de gauchos, hombres y mujeres y también niños. Otros llegaban con cara de sufrimiento y satisfacción para saludar al Santito. Al Santito se le saluda brindando con él una copa de whisky, se le comparte un cigarro, y/o se le pone una vela («veladora», para los lectores mexicanos): blanca para agradecer; blanca y negra para pedir y agradecer; negra para la protección. Otro de las cosas que le gustan al señor San La Muerte es el oro, por eso algunos devotos ponen en la efigie cadenas hechas de este metal valioso, además de la carga simbólica de la promesa, ya que dicen que “siempre le tienes que prometer, algo con lo que le puedas cumplir”, esta regla me recordó a la que tiene la Santa Muerte, ya que muchos dicen, “no le prometas más de lo que le puedas cumplir”; de esa manera si la persona le promete una vela después de que le fue concedida su petición, debe traerla o de lo contrario el Santo se enoja.

A las nueve de la noche sacan a las personas de la capilla para hacer los últimos preparativos para la medianoche, ya que la fiesta empieza los primeros minutos del 15 de agosto. El baile sigue a las afueras de la puerta de la capilla, el anunciador avisa que vayan al fondo del lugar para apreciar la pirotecnia. Mientras las personas comienzan a reunirse cerca de la puerta, otras si se van al fondo para ver las luces artificiales, faltando unos minutos para la media noche comienzan a brillar el cielo con el fuego y el sonido de la pirotecnia, los devotos levantan sus imágenes, algunos gritan: ¡Viva San La Muerte!.

Dan las doce y abren las puertas para ver al Santo, que ya está colocado en su lugar, al fondo de la capilla en el centro y debajo de los pies de una figura de cristo crucificado. Miles de personas buscan el ingreso y mientras empiezan a rezar un misterio del rosario, diez ave marías, un padre nuestro, un credo y el gloria. Finalmente se reza la oración de San La muerte y se hace mención del fundador de la capilla Matías y su padre que tiene poco tiempo de fallecido,  Roberto Pardo.

Se dice que Matías desde pequeño  fue llamado por el Santito, a él le gustaba mucho la figura del Gauchito y San La Muerte. Su mamá tenía un puesto de santería en el altar del Gauchito; a los once años de edad, Matías le dijo a  su mamá, que quería llevar una figura del Santito al altar de Empedrado, él eligió la efigie (la cual ahora es la que esta como figura central en el altar de Solari), al llevarla al altar de Empedrado, no lo dejaron pasar con esa efigie que iba a ser un obsequio para aquel Santo. Al no aceptarle su regalo, dice su madre que Matías entristeció y que ella para consolarlo le dijo:

-Mi amor no te pongas triste, no es la señora la que no quiere que tu santito quede en este lugar. ¿Quién eligió al santo papá?
– Yo mamá
– Entonces el Santito es tuyo, él quiere estar con vos, así que lo vamos a llevar de vuelta casa y le vamos hacer una capillita, ahí le vamos a prender su velita y lo vamos a tener para nosotros

De ahí ellos pusieron el primer altar en la santería que tenían en el altar del Gauchito Gil y la gente comenzó a conocer a ese Santito. Después se hicieron del terreno actual en el que está ahora la capilla e hicieron una pequeña capilla, después la gente que venía a ver al Gaucho en enero, pasaban a ver al Santito y se hizo famoso. Ahora después de 14 años el altar de Solari es un referente nacional de la devoción.

En el Santuario se reunieron miles de personas, tanto que para pasar a saludar al santo una vez que abrieron las puertas a la media noche, se tardaba casi una hora para pasar al altar principal. Entre el bullicio se puede apreciar mujeres que van con sus hijos, grupos de amigos, personas en sillas de rueda o con muletas, devotos que llegan solos, algunos cargan con su imagen, otros traen algún banderín. Una vez que llegan al altar del Santo, la mayoría toca el vidrio cierra los ojos y deja su ofrenda: dinero, cadenas de oro o brindan con él una copa de whisky. Hay quienes incluso, le donan autos. Me tocó presenciar a un grupo de jóvenes que llegaron en un auto color blanco, lo estacionaron justo afuera de la capilla. Ellos por una promesa le regalaron el coche al santito, su fe se notaba cuando estaban frente a la imagen, se abrazaban y levantaban las manos agradeciéndole. Después hablaron con la dueña del altar, le dijeron de la donación del auto y ella lo aceptó. Así en grupo fueron a la capilla y le dejaron las llaves del auto.

Otro devoto llegó en muletas; tuvo un accidente donde casi pierde la vida, su familia le pidió al Santito que lo salvara, después de salir del hospital e irse recuperando vino al altar a dejarle su vela y brindar con whisky con el Señor San La Muerte.

Así como esas historias había muchas más, gran parte de los relatos tienen que ver con situaciones de riesgo de muerte, salud, dinero y problemas económicos. Este tipo de pedidos habla de las situaciones que constantemente viven estas personas, en este sentido la devoción a San La Muerte es muy parecida a la Santa Muerte, ya que ambos generan certidumbres frente a hechos que tienen que ver con el riesgo, con la muerte y con vivencias de marginalidad y precariedad.

Después de salir de la Capilla, ya estaba el sonido con música de cumbia y chamamé. Dicen los devotos que San La Muerte es un santo correntino, por lo que le gusta el chamamé, así que si uno le baila con ese ritmo, sirve también para agradecerle. La fuerza es tal, que no importan las limitaciones físicas para bailarle. Es todo una mezcla de festividad y goce a la vez. Me tocó ver a Miguel que tenía amputadas las dos piernas, sin embargo para bailarle a su Santo se bajó de la silla y bailaba con mucho alegría y gracia el chamamé.

Me gustaría cerrar esta pequeña crónica compartiendo algunas de mis primeras experiencias sobre la devoción. Primero mencionar que me parece interesante el juego que se da en la dualidad del Gaucho y San La Muerte y como del mito en el que ambos se relacionan, se vuelve real a tal grado que la gente que asiste a la fiesta de uno, pasa a saludar al otro; pueden ser promeseros de ambos o tenerlos tatuados. Espacialmente se puede apreciar la presencia de ambos ya que donde hay una capilla de uno, se encuentra al otro. Esto no pasa con La Santa Muerte, allá es una deidad que si puede mezclarse con otras pero no hay un numen que lo complemente constantemente.

Las peticiones y las personas que asisten a la fiesta tienen historias de vida similares a las que van con la Santa Muerte en México, eso me hace pensar en qué tan parecidos somos como pueblo latinoamericano, donde la marginalidad se siente y se vive de la misma manera.

Finalmente me queda decir que el símbolo cadavérico tiene significados parecidos, ya que representa el fin de la carne, por lo tanto es un símbolo de la igualdad que tenemos todos al morir. Y en cuestión de su resignificación sagrada, pareciera que no importa si es el Señor San La Muerte o la Santa Muerte, ambos dan sentido ante situaciones que tienen que ver con el riesgo de perder de la vida, la precariedad y la crisis. De esa manera, lo que al final se aprecia es el sentido clásico de una festividad, es decir, salir de la rutina, vivir momentos de goce mezclado con la presencia de lo sagrado, lo que para mí es sin duda muy importante, es el tipo de vínculos de solidaridad que se generan entre propios y extraños.

[1] En mi experiencia asistiendo a excursiones, suelen hacerse con personas allegadas al organizador, ya sea la propia familia, los amigos o gente que vive en la misma zona.

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Adrián Yllescas

Adrián Yllescas

Es Licenciado en Sociología y Maestro en Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es doctorante del posgrado en Estudios Latinoamericanos de dicha universidad. Pertenece a la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (RIFREM). Es autor del libro "Ver, oír y callar. Creer en la Santa Muerte durante el encierro".
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