{"id":485,"date":"2013-07-06T20:54:13","date_gmt":"2013-07-06T20:54:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/?p=485"},"modified":"2014-03-13T15:18:53","modified_gmt":"2014-03-13T15:18:53","slug":"santeria-abc1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/santeria-abc1\/","title":{"rendered":"Santer\u00eda ABC1"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/yemaya-abc1.jpg\" rel=\"lightbox-0\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-486\" alt=\"Yemaya\" src=\"https:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/yemaya-abc1-187x300.jpg\" width=\"187\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/yemaya-abc1-187x300.jpg 187w, https:\/\/www.diversidadreligiosa.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/yemaya-abc1.jpg 312w\" sizes=\"auto, (max-width: 187px) 100vw, 187px\" \/><\/a>Es de noche, no muy tarde. Llueve. Camino por una de las calles m\u00e1s renombradas del barrio m\u00e1s caro de Buenos Aires. Llegando a mi destino, un edificio con amplios departamentos que ocupan un piso entero, escucho los tambores bat\u00e1. Me reto por llegar tarde. Subo hasta el piso correspondiente, la puerta del departamento de donde sale la m\u00fasica est\u00e1 abierta. Pienso: \u00bfy los vecinos? \u00bfC\u00f3mo no se est\u00e1n quejando ya? \u00bfTambores bat\u00e1 en este barrio? Sin embargo, nadie se queja en toda la noche \u2013o al menos, no que yo sepa.<br \/>\nEntro al departamento, con paredes blancas que siempre parecen reci\u00e9n pintadas, pese a que los valiosos cuadros que las adornan no son siempre los mismos. En el living est\u00e1 mi favorito, un Wilfredo Lam. Luego me entero que tambi\u00e9n hay uno de un archifamoso pintor europeo, pero despu\u00e9s de Lam, ya no me importa. Debajo de Lam est\u00e1n preparados los instrumentos de la banda de son cubano que tocar\u00e1 un poco m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a su derecha est\u00e1 la estrella de la noche: el comedor est\u00e1 completamente tomado por el trono de Yemay\u00e1, la homenajeada de la velada. Una gran tela azul entre trasl\u00facida y satinada cuelga del techo con varios pliegues, y le hace de cielo a la sopera bell\u00edsima que est\u00e1 colocada sobre un pedestal, un poco m\u00e1s alta, creo, que los dem\u00e1s orichas. A su derecha Chang\u00f3, con una bella escultura que si no es las que hace el maestro bahiano Otavio se le parece mucho, a la izquierda Ochum, m\u00e1s all\u00e1 Ochossi (con cuernos de ciervo y una piel de animal sobre el asiento), Obatal\u00e1, Oy\u00e1 y otros orichas que no llego a identificar, algunos que ni siquiera conozco. En la penumbra, Babal\u00fa Ay\u00e9 y Nan\u00e1, santos a los que no les gusta mostrarse. Sobre la tela que hace de cielo, un ca\u00f1on que est\u00e1 en el piso proyecta im\u00e1genes del mar. No se ven como una pantalla, sino que sugieren, m\u00e1s adecuadamente, sobre los pliegues de la tela, olas y movimiento. Tecnolog\u00eda del siglo XXI para el culto de un oricha primordial. Claro que hace rato que los altares africanos y afroamericanos logran combinar lo antiguo y lo moderno, ya que dentro del concepto de lo que es el oricha todo confluye. El mar fue, es y ser\u00e1, sin importar con qu\u00e9 medios lo represente en cada \u00e9poca. El s\u00edmbolo muda, el significado permanece. En el piso, sosteniendo al trono, a los orichas, a las m\u00faltiples ofrendas de comidas y flores, otra tela, tul esta vez, con manchitas blancas como gotas de agua. Yemaya en su elemento, agua por arriba y por debajo. El altar es una obra de arte. Una instalaci\u00f3n que nada tiene que envidiarle \u2013por el contrario- a las que se ven en las galer\u00edas. Todos los que estamos all\u00ed \u2013y muchos son artistas renombrados- lo sabemos.<br \/>\nFrente al trono, tres tamboreros tocan sus bat\u00e1, haciendo un or\u00f3 de igbod\u00fa \u2013un homenaje exclusivamente de toques de tambor. A su alrededor, en el living, unas 30 personas miran la escena. Luego llegar\u00e1n m\u00e1s. Pronto aparece el due\u00f1o de casa, El Santero. El Santero es un hombre joven, jovial, elegante, de un carisma infinito. De otra manera no se explica esa rara conjunci\u00f3n que all\u00ed logra entre cultura erudita (con C may\u00fascula) y cultura popular, negra. Miro a mi alrededor: una gloria de la pintura argentina, un renombrado cr\u00edtico de arte, la mujer de un conocido ex-gobernador, varios artistas pl\u00e1sticos. En fin, gente que uno espera ver en los eventos rese\u00f1ados en el suplemento de cultura de La Naci\u00f3n pero no aqu\u00ed disfrutando de los bat\u00e1, los mojitos y la excelente comida cubana que empieza a salir de la cocina. Como siempre, quiero capturar el momento, congelar la belleza de esa obra de arte devocional, pero no puedo. La due\u00f1a de la fiesta, Ella, no ha sido consultada y no sabemos si es posible sacarle una foto o no. Suena quiz\u00e1s a gentil negativa del due\u00f1o de casa, pero nadie m\u00e1s saca fotos, por lo tanto que supongo que as\u00ed ser\u00e1. Y s\u00e9 que en esa religi\u00f3n y en esa casa nada se hace sin preguntarle al santo.<br \/>\nDe repente los tambores, que hab\u00edan ido in crescendo, paran. Cuando pienso que la parte religiosa ha terminado y ahora pasaremos al cocktail social, lo que sigue me corrige. Los tamboreros ponen sus sillas \u2013de esas que se ven en anticuarios- en el living, de espaldas a Wilfredo Lam y siguen los toques para cada orix\u00e1, ahora cantados por un akpwon. El cantante, a quien conozco de otras ceremonias en barrios menos elegantes de Buenos Aires, ha depurado su t\u00e9cnica. Produce unos bellos contrapuntos cargados de juguetona iron\u00eda con el tamborero principal, un pionero de los toques de Ocha locales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Santero se pone a bailar frente a los tambores. Una om\u00f3-ocha lo acompa\u00f1a. Un babalawo cubano presencia la escena, complacido. A su lado hace lo propio otro afrocubano, vestido \u00edntegramente de blanco. Su cara me parece conocida, no recuerdo bien de d\u00f3nde. No contento con protagonizar esta bella escena, cuando llega el canto para Yemaya El Santero nos dice que todos hagamos una rueda y bailemos para agradar a la Homenajeada. La polirritmia endiablada de los tambores es, sin embargo, acompasada y mirando los pies de El Santero y la om\u00f3-ocha puedo sacar unos pasos decentes. Termina la rueda y nos pide que nos pongamos en filas frente a los tambores. Bailamos como si estuvi\u00e9ramos en La Habana o Miami \u2013o, en el Gran Buenos Aires. Pero estamos en uno de los barrios m\u00e1s exclusivos de Buenos Aires, con un p\u00fablico \u2013a esta altura ya participantes- netamente ABC1. Imagino las caras de los vecinos de los departamentos de enfrente, y espero la llegada de la polic\u00eda, que no se produce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para terminar el toque y los cantos, El Santero \u2013impecablemente vestido- trae un balde de agua, lo deja frente a los tambores, nos hace formar en dos grupos enfrentados con el agua en el medio, primero bailando en la misma direcci\u00f3n, luego un grupo baila hacia la izquierda mientras el otro lo hace hacia la derecha. Finalmente El Santero agarra el balde, gira y baila con \u00e9l. Se va hacia la puerta del departamento, y sale a tirarla afuera \u2013\u00bfad\u00f3nde? \u00bfa la calle del nombre ilustre?. Qu\u00e9 pensar\u00e1n los vecinos? Nunca lo sabremos. Quiz\u00e1s est\u00e9n hechizados, tambi\u00e9n, como todos los que asistimos a esa fiesta.<br \/>\nLuego de la m\u00fasica sagrada viene la secular. El afrocubano alto, vestido de blanco, se pone delante de uno de los micr\u00f3fonos y canta, con una voz a la vez rasposa y dulce. Ah\u00ed recuerdo qui\u00e9n es. Su nombre est\u00e1 grabado en cualquier lista ilustre de la m\u00fasica afrocubana. Canta un son cl\u00e1sico tras otro, mientras de la cocina llega el plato principal, una comida cubana cuyo nombre ignoro pero que sab\u00eda mejor que la que prob\u00e9 varias veces en Miami o Los Angeles. No puedo compararla con la de La Isla porque nunca, desafortunadamente, estuve all\u00ed. Luego comemos la torta que estuvo en el piso frente a la Homenajeada.<br \/>\nLa fiesta cumple con creces la promesa de la invitaci\u00f3n: \u201cTe invito a pasar una noche en la Habana sin salir de Buenos Aires; de mi tierra te traigo a Mart\u00ed y Lecuona ,al guajiro y la santera, al son ,a la rumba, al ron y el habano, te traigo a Cuba mi hermano, la tierra de mis amores\u00bb. Pese a que El Santero vive parte del a\u00f1o en Buenos Aires y parte en otro pa\u00eds del primer mundo, su coraz\u00f3n sigue, sin duda, en Cuba.<br \/>\nFinalmente, salgo a la calle. Contin\u00faa lloviendo, agua que cae del cielo -apropiada para la velada-. La polic\u00eda nunca vino.<\/p>\n<p><em>Yemay\u00e1 por\u00a0 Maria Giulia Alemanno. Su trabajo se puede apreciar en :\u00a0<\/em> <a href=\"http:\/\/www.mariagiulia-alemanno.com\" target=\"_blank\">www.mariagiulia-alemanno.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es de noche, no muy tarde. Llueve. 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