La campaña electoral brasileña ha sumado un capítulo más a la disputa entre religión y política. Esta vez, el centro de la controversia es Nuestra Señora Aparecida, pero el objetivo institucional de la declaración de Flávio Bolsonaro fue la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB). El 27 de septiembre, durante un acto de campaña en Aracaju, el candidato afirmó que el Partido de los Trabajadores (PT) estaría detrás de una fake news sobre la retirada del título de Patrona de Brasil a Nuestra Señora Aparecida y declaró que la circulación de esa información habría contado con la ayuda de “gente de dentro” de la CNBB. La acusación se presentó sin pruebas públicas que demostraran la participación de la entidad.
Es importante separar dos cuestiones. La primera se refiere a la existencia de una propuesta para retirar a Nuestra Señora Aparecida el título de Patrona de Brasil. La controversia rescató un proyecto presentado en 2007 por el entonces diputado Victorio Galli, archivado en 2008. Actualmente no existe en el Congreso ninguna propuesta con ese contenido. La segunda cuestión es atribuir a la CNBB participación en la circulación de la información. Esta afirmación pertenece al terreno de las acusaciones realizadas por el candidato y fue formalmente desmentida por la propia institución.
La CNBB reaccionó el mismo día. La entidad afirmó que no produjo, autorizó ni participó en la elaboración o difusión de información falsa relacionada con el proceso electoral, y declaró no integrar estructuras político-partidarias, partidos o candidaturas. También reafirmó que sus pronunciamientos sobre las elecciones responden a su misión pastoral y a principios como la dignidad humana, el bien común, la democracia y la libertad de conciencia. En su nota, afirmó que atribuir a la institución participación en la producción o difusión de desinformación “sin hechos ni pruebas” la afecta injustamente y concluyó: “la mentira no se combate con otra mentira”.
El aspecto relevante de la declaración de Flávio Bolsonaro radica en el desplazamiento del foco. El candidato podría haber restringido su reacción a la información que lo vinculaba con la retirada del título de Patrona de Brasil. Sin embargo, prefirió vincularla al PT e introducir la sospecha de la participación de miembros de la CNBB. De este modo, la controversia dejó de involucrar únicamente una información sobre Nuestra Señora Aparecida y pasó a cuestionar la autoridad y la legitimidad pública de una de las principales instituciones del catolicismo brasileño.

Este desplazamiento no ocurre en un vacío histórico. Las tensiones entre sectores católicos conservadores, la CNBB y diferentes proyectos políticos abarcan, al menos, las últimas décadas. En las elecciones presidenciales de 2010, sectores conservadores del catolicismo movilizaron temas como el aborto, la agenda LGBTT y el III Plan Nacional de Derechos Humanos, articulando a diversos actores religiosos en torno a una agenda moral. Estudios sobre aquel período identificaron la participación de sacerdotes, laicos, sectores de la Renovación Carismática Católica y agentes de comunicación religiosa en la contienda electoral (ANDRADE; SOFIATI, 2015; MACHADO, 2012).
Como he argumentado anteriormente, la reafirmación conservadora católica combinó tradición religiosa, identidad moral y participación social, produciendo nuevas formas de intervención en el espacio público (ANDRADE, 2011). No obstante, el conflicto nunca fue exclusivamente entre la Iglesia y la política; también ocurrió dentro del propio campo católico, involucrando distintas concepciones sobre la autoridad religiosa, la democracia, las costumbres y la participación pública.
La cronología expresada en la imagen adjunta permite observar la recurrencia de episodios de hostilidad, descalificación y cuestionamiento dirigidos a la CNBB y a miembros del episcopado brasileño. Se trata de actores y episodios diversos que no deben convertirse en una responsabilidad colectiva de los “católicos conservadores”. La tabla registra precisamente esa diversidad.

La secuencia muestra que el conflicto asumió diversas formas. En algunos momentos se concentró en la Campaña de la Fraternidad; en otros, en declaraciones de obispos, posiciones sobre derechos humanos, democracia, pobreza o Teología de la Liberación. La disputa no se limitó, por tanto, a divergencias electorales; involucró también distintas concepciones sobre lo que debería ser la presencia pública del catolicismo.
Es importante evitar, sin embargo, una oposición simplificada entre “católicos conservadores” y “CNBB”. El catolicismo brasileño es internamente plural. Existen divergencias entre obispos, sacerdotes, movimientos, grupos laicos, comunidades, influencers y medios de comunicación religiosos. La propia CNBB no constituye un bloque político homogéneo. Lo que se observa es una disputa por la autoridad para definir qué posiciones pueden presentarse como expresión legítima del catolicismo.
Esta contienda adquirió nuevas dimensiones con la expansión de las redes digitales. La autoridad religiosa ya no depende exclusivamente de cargos formales en la estructura eclesial. Sacerdotes, laicos, influencers y organizaciones pueden emitir discursos con gran alcance público, disputar interpretaciones y movilizar seguidores. La circulación digital permite que una controversia local se transforme rápidamente en una cuestión nacional.

El informe ¿Nuestra Señora, patrona de Brasil?, elaborado por Alexsander Chiodi, Leticia Capone y Beto Vasques, analiza precisamente la circulación de esta controversia entre el 24 y el 26 de septiembre de 2026. El documento permite observar cómo el tema de Nuestra Señora Aparecida fue incorporado a las redes de disputa política y religiosa (Chiodi; Capone; Vasques, 2026).
Nuestra Señora Aparecida posee, en este proceso, una característica particular: su significado trasciende el ámbito estrictamente devocional. La santa reúne dimensiones religiosas, culturales y nacionales. Movilizar su nombre en una campaña electoral significa apelar a símbolos capaces de generar identificación, memoria y sentido de pertenencia.
Es por eso que la controversia cobró tanta fuerza. La asociación entre Flávio Bolsonaro y una supuesta iniciativa para retirar a Aparecida el título de Patrona de Brasil no necesitaba ser cierta para generar efectos políticos. Bastaba con que la información circulara y fuera incorporada por las redes de apoyo y oposición. La disputa pasó a girar en torno a la defensa o la amenaza a un símbolo religioso.
Este mecanismo ayuda a comprender la política contemporánea. Los símbolos religiosos pueden funcionar como recursos de comunicación porque condensan significados que difícilmente se alcanzarían mediante argumentos políticos convencionales. En este sentido, la religión no desaparece de la esfera pública con la secularización, sino que puede reaparecer precisamente como un lenguaje de identificación moral, cultural y nacional.

La literatura sobre religión y política en Brasil ya ha demostrado que este proceso no es reciente. En las elecciones de 2010, diversas cuestiones religiosas se incorporaron a la competición presidencial y movilizaron a redes católicas y evangélicas en torno a temas morales (MARIANO; ORO, 2010). La novedad actual radica en la velocidad y la escala de circulación que proporcionan las plataformas digitales.
Por ello, la controversia de Aparecida tampoco puede reducirse a un conflicto personal entre Flávio Bolsonaro y la CNBB. Involucra una disputa más amplia sobre quién puede hablar en nombre de los católicos: ¿Una conferencia episcopal? ¿Los obispos a título individual? ¿Los sacerdotes? ¿Los movimientos? ¿Los influencers digitales? ¿Los candidatos que se proclaman defensores de los valores cristianos?
No existe una respuesta sociológica sencilla. La autoridad religiosa se disputa y se negocia. Lo que está en juego es la capacidad de determinados actores para definir el significado público de la fe y establecer qué posiciones pueden ser reconocidas como auténticamente católicas.
En este contexto, la acusación de Flávio Bolsonaro cobra un significado particular. Al afirmar que “gente de dentro” de la CNBB habría colaborado con el PT, el candidato no solo cuestionó una información, sino que sembró la sospecha sobre la propia institución. La CNBB respondió negando toda participación y exigiendo hechos y pruebas que sustenten la imputación.
El episodio demuestra también cómo una controversia puede desplazarse rápidamente entre diferentes arenas. La cuestión llegó a la Justicia Electoral y al Supremo Tribunal Federal. Una resolución de André Mendonça en el Tribunal Superior Electoral (TSE) ordenó retirar publicaciones relacionadas con el caso; posteriormente, Flávio Dino, en el Supremo Tribunal Federal (STF), revocó dicha decisión y ordenó restablecer una publicación del humorista Antonio Tabet.

La disputa, por lo tanto, involucró de manera simultánea la campaña electoral, las redes sociales, las instituciones religiosas y las instituciones judiciales. Este entramado evidencia la centralidad de la comunicación digital en la política contemporánea y la capacidad de los símbolos religiosos para atravesar diversos espacios sociales.
La experiencia reciente del catolicismo brasileño muestra también que esta disputa por la representación no se limita a las candidaturas. El trabajo de Andrade y Sofiati sobre el papa Francisco evidencia cómo categorías como comunismo, conservadurismo e identidad católica también fueron movilizadas en la disputa sobre el significado político de la autoridad religiosa (Andrade; Sofiati, 2017).
El caso de Aparecida reubica esta cuestión a escala electoral. La imagen de la santa puede funcionar simultáneamente como símbolo de fe, identidad nacional y recurso de comunicación política. El gesto realizado por Flávio Bolsonaro el 28 de septiembre, al alzar una imagen de Nuestra Señora Aparecida durante un acto en San Pablo, ocurrió precisamente después de la controversia con la CNBB.

La política conoce bien la fuerza de estos símbolos. Presentarse como defensor de la fe puede generar cierta identificación en sectores religiosos; asociar a los adversarios con una amenaza contra los símbolos religiosos puede transformar divergencias políticas en conflictos sobre valores y pertenencia. Esto no significa, sin embargo, que los fieles respondan de manera uniforme a estas estrategias.
La cuestión sociológicamente relevante es precisamente esa: la religión se ha convertido en un campo de disputa política porque sigue siendo una fuente fundamental de identidades, valores y pertenencias sociales. El conflicto contemporáneo no se da simplemente entre religión y secularización, sino entre distintas formas de comprender y ocupar el espacio público.
En este escenario, la CNBB se mantiene como una institución clave de representación episcopal, pero su autoridad convive con nuevas formas de producción de discursos religiosos. La expansión de las redes digitales ha fragmentado la esfera pública católica y ha ampliado el número de actores capaces de disputar la interpretación de la fe.
La “guerra por la fe católica”, por lo tanto, no se reduce a la oposición entre Flávio Bolsonaro y la CNBB. Expresa una contienda más amplia por la definición de los significados públicos del catolicismo, por la autoridad para representar a los fieles y por los límites de la participación religiosa en la política.
Nuestra Señora Aparecida se convirtió en el símbolo en torno al cual se condensó esta disputa. Una información vinculada a un proyecto archivado hace casi dos décadas reingresó al debate electoral, circuló con fuerza en redes y generó efectos políticos. La CNBB fue situada en el centro de la controversia, desmintió la acusación y reafirmó su autonomía institucional.
El episodio revela, finalmente, que la contienda electoral de 2026 no se desarrolla únicamente en torno a programas, candidaturas y propuestas. Se despliega también en el terreno de los símbolos, las identidades y las autoridades legitimadas para hablar en nombre de los grupos religiosos. La fe católica se ha convertido, una vez más, en objeto de disputa política —y la CNBB, en uno de sus escenarios principales.
REFERENCIAS
ANDRADE, Péricles. Engajamento social versus emoção e tradição: a reasserção conservadora católica no Brasil. En: ANDRADE, Péricles; BURITY, Joanildo (org.). Religião e cidadania. São Cristóvão: Editora UFS; Recife: Fundação Joaquim Nabuco, 2011. p. 67-93.
ANDRADE, Péricles; SOFIATI, Flávio. “Acorda Canção Nova!”: conservadores católicos e eleições presidenciais em 2010. En: BRANDÃO, Sylvana; CABRAL, Newton D. (org.). História das religiões no Brasil. v. 7. Recife: Editora UFPE, 2015. p. 55-72.
ANDRADE JÚNIOR, Péricles Morais de; SOFIATI, Flavio. O papa Francisco, o comunismo e o crucifixo. En: PACE, Enzo; OLIVEIRA, Irene Dias de; AUBRÉE, Marion (org.). Fundamentalismos religiosos, violência e sociedade. São Paulo: Fonte Editorial; FAPEG; Terceira Via, 2017. p. 150–166.
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CHIODI, Alexsander; CAPONE, Leticia; VASQUES, Beto. Nossa Senhora, padroeira do Brasil?: de 24 a 26 de setembro de 2026. Relatório Especial DX. [S. l.]: Instituto Democracia em Xeque, 25 sep. 2026. Disponible en: Instituto Democracia em Xeque – Publicações. Acceso el: 28 sep. 2026.
MACHADO, Maria das Dores Campos. Religião, cultura e política. Religião & Sociedade, Rio de Janeiro, v. 32, n. 2, p. 29-56, 2012.
MARIANO, Ricardo; ORO, Ari Pedro. Eleições 2010: religião e política no Rio Grande do Sul e no Brasil. Debates do NER, Porto Alegre, n. 18, p. 11-38, 2010.
MIRANDA, Júlia. Carisma, sociedade e política: novas linguagens do religioso e do político. Rio de Janeiro: Relume Dumará, 1999.
RELATÓRIO DOCUMENTAL CONSOLIDADO. Ataques à CNBB e aos seus bispos: recorrência, intimidação e disputa política — linha do tempo de 2018 a 2026. Documentación reunida hasta el 27 de septiembre de 2026. [S. l.: s. n.], 27 sep. 2026.