Ensayo visual/Crónica: “¡No pedimos tolerancia, exigimos respeto!”: una marcha afro-umbandista en el Obelisco.

Marcha afroumbandista en el obeliscoPor Darío La Vega (UNSAM)

En los últimos años, una parte de la sociedad ha intensificado su valoración negativa sobre las religiones afrobrasileñas que se practican en el país. Con una importante incidencia por parte de los medios de comunicación, estamos sin dudas atravesando por un fuerte proceso de estigmatización de las religiones y devociones populares. Los afroumbandistas (aunque no sólo, ya que también los devotos del Gauchito Gil, de San La Muerte y otras devociones populares) viven bajo un clima de hostigamiento permanente y sobrellevan estoicamente una infinidad de falaces acusaciones que señalan a estos colectivos religiosos como “demoníacos”, “asesinos” y “chantas”.

No solamente en nuestro país sucede esto: recientemente en Porto Alegre se debatió un proyecto de ley presentado por la diputada estadual Regina Becker Fortunati que prohibía los sacrificios animales dentro de las religiones afro. El debate por este proyecto de ley derivó en multitudinarias manifestaciones públicas frente a la Asamblea Legislativa, en donde, por un lado, grupos proteccionistas de animales y organizaciones de veganos se declaraban en favor de la prohibición y, por otro lado, grupos de religiosos afroumbandistas (sobre todo, representantes del Batuque -vertiente afro mayoritaria en ese estado brasileño) se pronunciaban en contra del proyecto de ley por considerarlo prejuicioso, discriminatorio y racista. Según el antropólogo Norton Corrêa,“prohibir el sacrificio de animales, un eje de la religión, es aniquilar el modo de vida de sus seguidores” y en particular este proyecto de ley era discriminatorio en varias dimensiones: a nivel religioso, en tanto la prohibición se circunscribe a las religiones afro y deja afuera de la regulación al resto de las religiones, y a nivel de clase y de raza, ya que la gran mayoría de los practicantes de estas religiones en Rio Grande do Sul son de la clase trabajadora y de origen negro.

Marcha afroumbandista en el obeliscoAdemás, los afroumbandistas brasileños se encuentran bajo un nuevo embate por parte de la Iglesia Universal del Reino de Dios: los Gladiadores do Altar. Este grupo está sospechado de tener una estructura organizacional altamente militarizada: un sistemas de jerarquías, una conformación de integrantes (jóvenes de hasta 26 años), una discursividad y una estética que refieren mucho a la idea de “grupo paramilitar”. Los Gladiadores do Altar son presentados por la IURD como un grupo de “evangelizadores” pero que, en realidad, sostienen un discurso intolerante ante las religiones afrobrasileñas y que terminan fomentando el odio hacia ellas. Luego de las denuncias por intolerancia religiosa, el Ministerio Público Federal ha decidido investigar a los Gladiadores do Altar para ver si realmente incitan al odio religioso.

Es en este contexto que durante varios días un conjunto de religiosos fueron convocando a través de distintos grupos de Facebook a realizar la “Marcha de Afroumbandistas Autoconvocados” en el obelisco de la Ciudad de Buenos Aires y bajo la premisa de enfrentar la intolerancia religiosa: “¡No pedimos tolerancia, exigimos respeto!”, “luchar contra la discriminación y maltrato de los medios de difusión hacia los practicantes Africanistas y Umbandistas en Argentina”, “solidarizarnos con los hermanos de Brasil y Uruguay por los ataques de la Iglesia Universal del Reino de Dios” y “reconocimiento, respeto e igualdad entre nuestra diversidad Religiosa” fueron algunas de las ideas planteadas para llevar adelante la convocatoria, que estaba pautada para las 16 horas del 3 de mayo pasado.

A continuación, mis impresiones sobre la reunión.

Crónica de una marcha umbandista
Apenas asomé por una de las bocas del subte, enseguida noté a las varias decenas de personas vestidas de blanco que se encontraban en la Plaza de la República. La zona, incluso los domingos fríos, es altamente transitada: trabajadores que van o vienen de sus trabajos, familias que pasean, turistas extranjeros que quieren llevarse su porción de Buenos Aires -el obelisco es casi el paso obligado para gran parte de los transeúntes porteños. Sin embargo, ese grupo de personas de blanco desentonaba bastante con la postal porteña a la que estoy habituado. A pesar de no ser la primer marcha que se organiza y de ya estar familiarizado con las vestimentas de los umbandistas, la primera impresión era disonante: ni siquiera a alguien que viene investigando hace años estos movimientos religiosos puede dejar de llamarle la atención un grupo de umbandistas en pleno centro porteño. Sin dudas, este es una rasgo claro de lo poco (más bien nada) que se ha avanzado en la visibilización pública de estos colectivos religiosos en nuestro país -en consecuencia con lo que Frigerio ha denominado el orden religioso-(racial)-espacial porteño.

Marcha afroumbandista en el obeliscoAl acercarme al grupo, se hizo audible la música que pasaban por un parlante: escuchar grabaciones brasileñas tradicionales de Umbanda junto al obelisco, sin dudas, confirmaba aún más mi desconcierto. Los umbandistas, ahora devenidos en manifestantes, se encontraban conversando apaciblemente unos con otros, sentados en el borde del cantero de la plaza mientras se podían ver varios grupos en los que circulaba el infaltable mate.

Al poco, escucho a lo lejos el retumbar de un surdo (tambor bajo típico de las escolas de samba y los blocos afro brasileños) que se acerca lentamente. Era una veintena de umbandistas pertenecientes a C.A.U.S.A. (Congregaciones Afro Umbandistas Solidarias Asociadas, un colectivo de afroumbandistas de La Matanza) que cruzaban la calle Carlos Pellegrini enarbolando las banderas de Argentina, de Uruguay y tres pancartas con inscripciones de la agrupación. Al llegar donde se encontraba el grueso de los manifestantes, en la parte sur de la plaza, los miembros de C.A.U.S.A. fueron recibidos con entusiasmo y alegría, como se recibe a la tropa de refuerzo en el campo de batalla.

Ya cerca de las cinco de la tarde y persuadidos de que ya habían llegado todos los que iban a estar, comienzan formalmente con la protesta social. Luego de cantar y danzar varios puntos de Umbanda acompañados por un grupo de tamboreros, el centenar de afroumbandistas presentes forman una gran rueda. Primero cantan el Himno Nacional y luego, tomados de la mano, entonan el Himno de la Umbanda. A continuación, toman la palabra algunos de los religiosos que en la redes sociales convocaron más fuertemente a la marcha para agradecer la presencia de los manifestantes, se lee un listado con los nombres de religiosos que apoyan la convocatoria pero que no pudieron hacerse presente, se declara un apoyo a los religiosos brasileños por la situación agraviante que están pasando y se proclama por la búsqueda de respeto hacia los practicantes de la religión en nuestro país. Finalmente se lee una carta de intención en donde se expresan los objetivos e intenciones que el proyecto intenta lograr.

En rasgos generales, la carta plantea la conformación de un cuerpo colegiado de sacerdotes que aboguen por “mejorar el desarrollo y la imagen social de los integrantes de los diversos cultos de raíces afro”. También determina abrir a votación de los participantes la decisión sobre las estrategias a seguir y la definición de cuáles serán los marcos de acción y los asuntos a debatir. Para ello, proponen una lista de ideas que deberán ser tenidas en cuenta para el desarrollo del proyecto (aunque, como todo iba a ser sometido a votación, que estas ideas no parecían ser un asunto definitivo). Los puntos variaban desde las regulaciones de las prácticas religiosas (“proponer el uso obligatorio de ropa blanca a los iniciados”), pasando por crear estructuras de enseñanza religiosa (“seminarios en cada consejo con el fin de ampliar conocimientos”), hasta asistencia social-religiosa (“dar apoyo a quién lo requiera en el ritual fúnebre”). También hubo algunos temas que podrían resultar más controvertidos, como la definición de “íconos, símbolos y denominaciones evitando la inclusión de ajenos” o el pedido de identificar “cada casa de religión en su fachada”.

Mientras se leía la carta de intención, varios manifestantes salieron de la ronda para repartir volantes entre los transeúntes que desprevenidos pasaban por allí. Muchos se negaban a recibirlos, apuraban el paso intentando simular un apuro repentino que les permitiese no tomar el volante. Y otros, los menos, se entregaban a la curiosidad y se detenían para procurar comprender lo que allí estaba pasando.
Una vez finalizada la lectura, se desarmó la ronda y, antes de que todos se retiraran, se dio lugar a la (infaltable en toda reunión contemporánea) sesión de fotos. Se fueron conformando grupos de personas que se iban sacando fotos unos a otros bajo promesa de luego compartirlas por alguna red social. Finalmente, antes de despedirse y de que los manifestantes se empezaran a dispersar, comunican que los integrantes de C.A.U.S.A habían traído donaciones para los qom que se encontraban acampando en la intersección de la Avenida 9 de Julio y la Avenida de Mayo.Marcha afroumbandista en el obelisco

Los afroumbandistas y un campo de disputas constante
Cuando procuro encontrar una respuesta sobre porqué las manifestaciones afroumbandistas realizadas durante los últimos años no han tenido los resultados esperados, no puedo dejar de pensar en la extrañeza que, a mi pesar, me produjo ver a los religiosos en la Plaza de la República. Los afroumbandistas no logran una legitimación social porque: a) la presión social en su contra es muy fuerte (especialmente de los medios que la estigmatizan, cuando no criminalizan) y b) no han podido construir identidades colectivas que permitan acciones mancomunadas significativas para mejorar la imagen de su religión ante la sociedad y su posición respecto de las demás religiones. Divididos y bajo fuerte presión social, la respuesta más (emocionalmente) económica de los umbandistas ante la estigmatización es su propia invisibilización -son pocos los que reconocen en su trabajo que lo son, o en el colegio de sus hijos, o en espacios sociales fuera de sus templos. De allí la sorpresa que produce ver una centena de ellos en el Obelisco.

En un trabajo de principios de la década del 2000, Alejandro Frigerio afirmaba que la forma de organización religiosa descentralizada de estas religiones “permite lograr transformaciones de identidades personales” pero “no resulta particularmente apropiada para construir identidades colectivas que permitan un accionar conjunto de los practicantes en beneficio de la comunidad religiosa”. Esta descentralización de la organización religiosa le permitió a las religiones afro expandirse en nuestras sociedades brindándole la posibilidad de adaptarse a los distintos inconvenientes que el contexto les presentaba pero, al mismo tiempo, se convirtió en un impedimento para procurar impulsar una legitimación social debido a la fuerte fragmentación identitaria que esta descentralización producía.

Las identificaciones colectivas no logran compartirse más allá de la “familia (religiosa) extensa” y de las amistades que se puedan tener con otras familias religiosas en un determinado momento. Las distintas agrupaciones afroumbandistas no han sabido o no han podido articular y negociar entre sí para construir un frente amplio de acción. A pesar de existir agrupaciones religiosas con una larga trayectoria y que han logrado avanzar en varios aspectos (culturales, de visibilización e institucionalización, de discusión en organismos estatales)** las constantes disputas internas han minado el campo de acción colectiva.

Este campo de disputas constantes, puede servirnos para explicar la algo exigua concurrencia al Obelisco, ya que es indudable que los convocantes tienen vínculos con un abanico mucho más amplio que los cien religiosos que se hicieron presentes en el centro porteño. Sin embargo, el resto de la comunidad afro-umbandista responde de manera escéptica a este tipo de manifestaciones (aunque también están los que tienen miradas críticas o, incluso, quienes las reprueban vehementemente). Este escepticismo (así como las criticas y las reprobaciones) responde mayormente a que 1) se acusa a los convocantes de buscar solamente prestigio, popularidad y renombre, 2) se recusan las formas de convocar y/o los objetivos de la manifestación o 3) se señala a los convocantes como faltos de prestigio religioso (o incluso moral) para llevar adelante el emprendimiento.

Marcha afroumbandista en el obeliscoParte de este juego de acusaciones continuas se debe sin duda al habitus religioso afro-umbandista: la práctica religiosa se basa en la transmisión oral dispar y discontinua de tradiciones que siempre son adoptadas idiosincráticamente en cada templo (por más que el discurso nativo insiste en afirmar que hay sólo una «tradición» para cada «nación» religiosa). En cada templo, el pai o la mãe son la última autoridad en materia religiosa, y por lo tanto cuesta entender las diferencias que puedan verse con otros templos -inevitables, de nuevo, debido a las características de la transmisión oral y más luego de su transnacionalización hacia un nuevo contexto social, como es el caso argentino- sino como «errores» o versiones menos exactas de «la tradición». La forma tradicional de acumular prestigio simbólico es a través de la denigración -más o menos explícita, más o menos brutal, de la manera en que otros llevan a cabo su trabajo religioso (algo que no es particularmente diferente de lo que sucede en ámbitos académicos, hay que reconocer). Esto dificulta luego las acciones mancomunadas, aún cuando se intente dialogar tan sólo en base a acciones de reivindicación social. Cualquiera que proponga algo al resto de sus colegas es frecuentemente acusado de querer imponerse a los demás y de actuar principalmente en beneficio propio.
Las continuas acusaciones sociales de que los pais y maes serían «chantas» que quieren aprovecharse de los creyentes son fuertes y difíciles de rebatir (para quienes sostienen cosmovisiones encantadas, desestimadas por el secularismo imperante), y resulta más económico (y coherente con el habitus religioso) canalizarlas hacia otros practicantes de la religión -aquellos más alejados del círculo religioso de cada uno.

La presencia de una centena de personas vistiendo ropa blanca, cantando y danzando en el Obelisco puede por lo tanto verse como un relativo fracaso frente a lo que podría ser una movilización de miles, o como un interesante intento de ir contra el habitus religioso tradicional afro-umbandista y también contra el orden religioso-(racial)-espacial porteño, que los segrega de estos lugares céntricos y simbólicamente significativos. Quizás por eso eran patentes, también, las sonrisas y la satisfacción por el deber cumplido entre quienes allí se reunieron.

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* Desde mediados de los años ’80 se han realizados diversas iniciativas culturales (bibliotecas, congresos, talleres, seminarios, exposiciones, etc.) que tuvieron la intención de mejorar la imagen de las religiones afro ante la sociedad. Se logró celebrar la Fiesta de Iemanjá (de la que en 2014 se cumplió su edición número 30) en plena Playa Popular de Mar del Plata con el aval del municipio de General Pueyrredón y fue declarado de interés cultural por la Provincia de Buenos Aires. Se impulsó la actuación de organismos gubernamentales que permitieran contrarrestar la imagen de estas religiones presentada en los medios de comunicación: como ejemplo se pueden nombrar las manifestaciones del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión y de la AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual).

> Una visión panorámica del álbum acá

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Dario La Vega

Dario La Vega

Darío La Vega es estudiante de Antropología Social y Cultural en la Universidad Nacional de San Martín y fotógrafo.
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