Mile(i)narismo: el proyecto mesiánico de Javier Milei

Cuando «las fuerzas del cielo» no son una metáfora

por Alejandro Frigerio (UCA/CONICET)

En las múltiples reflexiones en los medios sobre la meteórica carrera política y el sorprendente triunfo electoral de Javier Milei, se menciona su «misticismo», su «religiosidad» y sus «excentricidades» «esotéricas» de manera sin precedentes en un presidente argentino-. Sin embargo, todas estas referencias no son piezas inconexas y anecdóticas, como suponen los periodistas, sino que se pueden ensamblar para revelar un claro y coherente proyecto milenarista y mesiánico.

Nuestra concepción naturalizada de la sociedad como dividida en esferas más o menos autónomas de actividad social (la cultura, la política, la religión, la educación, etc) hace que menospreciemos las interconexiones entre ellas. A menos que los actores sociales declaren explícitamente la ligazón entre sus creencias religiosas y su acción política tendemos a no ver la injerencia de una en otra. En el caso de Milei, no llegamos a entender del todo cómo su accionar político puede estar influenciado o determinado por sus creencias «espirituales», «esotéricas» o «religiosas» ya que, de manera naturalizada, creemos que éstas atañen apenas a su fuero íntimo. Sin embargo, leídas a través de la lente conceptual del milenarismo, queda clara su imbricación y lo artificioso de su separación. El proyecto de Milei es a la vez político y espiritual.

El presidente electo y quienes componen su círculo íntimo parecen estar profundamente convencidos de llevar a cabo la  misión divina de fundar un nuevo orden social, una nueva república, cuya referencia es un  pasado mitificado en el que Argentina habría sido una potencia mundial. Una potencia que las fuerzas del maligno encarnadas por el populismo y el corporativismo (o, a veces, el socialismo) han desviado de su camino y destino señalados. La misión del elegido, entonces, que le fue revelada por el mismísimo «Uno» (Dios) (a través del canal espiritual posibilitado por el ángel guardián/hijo perruno Conan) es la de llevarnos nuevamente hacia la tierra prometida.

Numerosas anécdotas relatadas en privado con pudor, o referencias discursivas manifestadas públicamente con énfasis y orgullo, indican la existencia de este proyecto mesiánico impulsando, de manera velada pero real, al proyecto político. En realidad, no se puede separar uno del otro porque son lo mismo. En los movimientos milenaristas la transformación social radical es parte del plan divino y para ello tanto la agencia humana como la divina son necesarias. El concepto de «milenarismo» elimina la separación naturalizada y artificiosa que realizamos en nuestras sociedades modernas entre «religión» y «política», donde tendemos a verlos como campos autónomos cuya confluencia es rara e indeseable.  Nos permite ver la centralidad política de lo que de otra manera parecería apenas «idiosincrático»,» excéntrico» o «bizarro» (como cinco perros cincelados en un bastón presidencial).

El propio discurso inaugural, pronunciado de espaldas al Congreso («la casta») y de frente a la «gente de bien» (sus seguidores) esboza claramente el nuevo proyecto fundacional. Como veremos más abajo, cual un profeta contemporáneo Milei hizo referencia a un tiempo mitológico dorado, a los héroes míticos que lo posibilitaron, a las causas del extravío posterior, y al apocalipsis inflacionario y anómico que nos acecha en el futuro cercano de no mediar su intervención providencial.

Los estudios contemporáneos sobre el milenarismo, tanto desde la antropología como la sociología, verifican la ubicuidad de estos movimientos político-religiosos en múltiples contextos sociales, desde la antiguedad hasta nuestros días. Muestran que no se dan sola o principalmente, como a veces podrían sugerir ciertos estereotipos (o los ejemplos latinoamericanos más conocidos), en contextos rurales, en sociedades premodernas o que han sufrido un contacto cultural traumático reciente.

Atenta a esta ubicuidad, y para no quedar atada a ninguna tradición cultural específica, la socióloga norteamericana Catherine Wessinger ha definido al milenarismo de manera amplia como «la creencia en una transición inminente hacia una salvación colectiva, en la cual los fieles experimentarán bienestar y se eliminarán las desagradables limitaciones de la condición humana. La salvación colectiva a menudo se considera terrenal, pero también puede ser celestial. La realización de la salvación colectiva se llevará a cabo ya sea por un agente divino o sobrehumano solo, o con la asistencia de humanos que trabajan de acuerdo con la voluntad y el plan divino o sobrehumano«.

Veremos cómo numerosos ejemplos del derrotero político y del discurso de Milei encajan dentro de esta definición y permiten entender mejor las actividades emprendidas en los primeros cuarenta días de gobierno así como la manera intransigente en que se llevan a cabo.

La Misión divina

En el libro El Loco: la vida desconocida de Javier Milei y su irrupción en la política argentina , del periodista Juan Luis González, aparecen las referencias más claras para entender la manera en Milei concibe a su carrera política como una misión divina encomendada por el propio Dios («el Uno») a través de comunicaciones personales.

Como casi todos los argentinos ahora sabemos, Milei tenía una relación muy cercana y especial con su perro, Conan, que durante muchos años constituyó, junto a su hermana Karina, su más cercano contacto con un ser viviente. Cuando Conan enfermó, Milei consiguió establecer una conexión telepática espiritual con su perro -primero a través de una «comunicadora interespecies» y luego a través de su hermana Karina, que reemplazó a la especialista. Esta conexión telepática continuó luego de la muerte del perro, que de manera aún más sorprendente le abrió «un canal de luz» que le permitió una comunicación directa con Dios («el UNO»), con quien habría dialogado en al menos tres oportunidades. De esta conexión surge el sentido de una misión divina que cumpliría a través de la política.

Estas no son, sin embargo, las únicas conexiones espirituales que marcan su carrera política. Conan fue clonado y el resultado de ello fueron cinco cachorritos con su mismo material genético. Uno falleció (pero también ayuda en la conexión espiritual  ultraterrena) y los otros cuatro, además de acompañarlo espiritualmente en ocasiones, también le sirven de consulta en temas económicos o políticos. En uno de ellos, se habría reencarnado el Conan original. Según Gonzalez,

«El nuevo Conan es quien le da ideas sobre la “estrategia general”, Robert es el que le hace “ver el futuro” y aprender “de los errores”, Milton se encarga del “análisis político” y Murray, de la economía.»

Pero las conexiones ultraterrenas y espirituales no terminan con los perros. Según González,

«No son las únicas presencias que percibe el libertario. También mantiene diálogos con todos los economistas que inspiraron los nombres de sus perros, y con la filósofa Ayn Rand.

Amigos de otra época, colegas profesores, y compañeros de ruta en la política tanto en la campaña de Espert como en la actual fueron testigos de cómo Milei “habla” con estos muertos. El economista, incluso en el transcurso de una conversación con una persona, puede quedarse callado o hasta pedir silencio, y rematar el incómodo momento con un “sí, hablé recién con Rothbard y me dijo que eso está bien”. »

Los medios se hicieron eco de las revelaciones del libro pero no en la medida que debían, tratándose de, en ese momento, un candidato con buenas chances electorales y actualmente de nuestro presidente. No parecen adjudicarle a estas creencias una relevancia real en la carrera política de Milei ni en su manera de ejercer el poder. El medio que mayor atención le prestó fue la revista Noticias, en una nota de tapa titulada  «El esoterismo oculto de Milei» que en los subtítulos advertía acerca de la «derecha mesiánica» e informaba  acerca de sus comunicaciones con Dios, los economistas muertos y Conan y «el plan divino de su «misión»: ser presidente contra «el maligno» «. Otros medios que simpatizan más con los propósitos presidenciales le dieron poca relevancia a esta nota y al libro. Por ejemplo, para La Nación, cuando se hizo eco de la nota, eran apenas «raptos místicos«.

Los medios parecen no saber bien qué hacer con estas revelaciones. Quizás dudan entre condenar creencias espirituales del fuero íntimo que no fueron reveladas explícitamente por Milei ni quieren estigmatizar como insano a un candidato/presidente a quien apoyan. Por ello, probablemente, de manera general le han prestado más atención a  su acercamiento al judaísmo a través de Jabbad Lubavitch. -algo que es más fácilmente comprensible, ya que se puede etiquetar como una «búsqueda espiritual».

La Tierra Prometida y el paraíso perdido

El discurso inaugural de Milei contiene varios de los elementos  característicos de una visión milenarista: principalmente, la proclama del advenimiento de un cambio social radical que traerá una nueva época de bonanza colectiva -una utopía que, a su vez, reedita y efectiviza otra ubicada en un pasado mitificado.

El discurso empieza anunciando que  «Hoy comienza una nueva era en Argentina (…) una era de paz y prosperidad, una era de crecimiento y desarrollo, una era de libertad y progreso». Esta nueva era no sería más que un retorno a un tiempo mítico en el que luego de la sanción en 1853 de la «constitución liberal»  experimentamos «la expansión económica más impresionante de nuestra historia (…)  pasamos a ser la primera potencia mundial (…) un faro de luz para toda la humanidad». Esta paradisíaca era mítica fue perdida, sin embargo, cuando «nuestra dirigencia decidió abandonar el modelo que nos había hecho ricos y abrazaron las ideas empobrecedoras del colectivismo» que nos condenaron a «más de cien años» de «pobreza, estancamiento y miseria». Como resultado de este rumbo equivocado, profundizado en los últimos años, «ningún gobierno ha recibido una herencia peor que la que estamos recibiendo nosotros» . Luego de una larga descripción del apocalipsis económico y anómico que podría sobrevenir de no tomar medidas drásticas de ajuste, predice que comenzará «la reconstrucción de Argentina» y «habrá luz al fin del camino». Esto se debe a que «estas elecciones han marcado el punto de quiebre de nuestra historia»  y como resultado del «nuevo contrato social que eligieron los argentinos» «hoy empezamos a desatar el camino de la decadencia y comenzamos a transitar el camino de la prosperidad».

Buena parte del discurso podría entenderse como una mera interpretación de la historia argentina desde una determinada perspectiva ideológica; sin embargo, en sus instancias finales una evidente referencia cosmológica inserta el acto inaugural en una lucha mayor «de la luz por sobre la oscuridad» y revela una clara clave de lectura milenarista -y no meramente histórica-economicista- de los hechos que llevaron  hasta ese día:

«No es casualidad que esta inauguración presidencial ocurra durante la fiesta de Hanukkah, la fiesta de la luz, ya que la misma celebra la verdadera esencia de la libertad. La guerra de los macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles por sobre los poderosos, de los pocos por sobre los muchos, de la luz por sobre la oscuridad y sobre todas las cosas, de la verdad por sobre la mentira.»

La relevancia de la agencia sobrenatural (por encima de la meramente política) queda clara cuando en los dos párrafos finales del discurso se resalta la importancia decisiva para el cambio social del acompañamiento de «las fuerzas del cielo»:

«Recuerdo cuando en una entrevista me habían dicho pero si ustedes son dos en 257, no van a poder hacer nada. Y también recuerdo que ese día la respuesta fue una cita del libro de Macabeos 3.19 que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo.

Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío. Muchas gracias. Será difícil pero lo vamos a lograr. ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo!» (mi énfasis)

Dentro de la visión milenarista presente en el pensamiento de Milei la intervención  de «las fuerzas del cielo» no debe interpretarse como una metáfora ni una mera expresión de deseos, sino como la convicción profunda de que estas fuerzas realmente existen y acompañan su proyecto. Cuando afirma, como lo hizo en Mendoza en su gira antes del debate presidencial, que “Nosotros venimos a aplastar al socialismo con las fuerzas del cielo”, tampoco es una metáfora. En la concepción milenarista de Milei, el estado y el socialismo son del «maligno» y la manera de «aplastarlo» sólo es posible si la agencia supra-humana acompaña a la humana.

Este convencimiento íntimo de estar realizando una misión divina también le ha servido para ganar apoyos en su carrera política y en el ejercicio de su presidencia. Gastón Alberdi, descendiente del prócer argentino citado frecuentemente por Milei y su compañero de ruta en una etapa de su carrera política, recuerda que:

«Cuando lo conocí me dijo: Mira se me apareció El Uno (por Dios nuestro señor) al lado estaba Conan y me dijo que había una misión en la vida para que lo para que fuera yo presidente de la república Y que vos me vas a acompañar »

Como veremos más abajo, una conversación similar tuvo con su ahora ministro de economía, Luis Caputo, para convencerlo de aceptar el cargo.

Las fuerzas del cielo

La doble referencia a las fuerzas del cielo en el discurso inaugural llamó la atención de casi todos los medios. También, porque la repitió menos de dos días después en una de sus primeras apariciones públicas, al asistir a la celebración de Januka organizada por la organización judía Jabad Lubavitch. La cita bíblica, sin embargo, no es nueva ya que ha sido empleada consistentemente por el ahora presidente desde que entró formalmente en la política. La utilizó (¿quizás por primera vez?) cuando fue elegido diputado en 2021 y la repitió en su discurso luego de ganar las PASO en agosto de 2023.

Sus seguidores incluso la habían adoptado como forma de autoidentificación colectiva, considerándose ellos mismos «las fuerzas del cielo». Aún tomada de una manera más secularizada de cómo la puedan concebir Milei y su círculo íntimo (o sea, sin creer en la existencia real de fuerzas celestiales) la expresión todavía brinda una forma de identificación colectiva que establece un «nosotros» virtuoso en contra de un «ellos» (los no libertarios) terrenal e inferior. Milei también la utiliza como forma de identificación colectiva en ocasiones, como cuando publicó en X, antes de las PASO:  «¿a qué hora votamos los integrantes de las fuerzas del cielo?» o cuando hace poco celebró la elección de Espert como presidente de una comisión de diputados con un «bienvenido a las fuerzas del cielo» -también en la red X. Esta autoidentificación virtuosa revela, a la vez que ayuda a construir y sostener, un maniqueísmo que no permite diálogo con los Otros que no sólo quedan excluídos del plan divino sino que, de hecho, son un impedimento para su realización.

El Hombre Gris de la profecía

Otra instancia reveladora de la concepción milenarista del proyecto político de Milei es la identificación que varios de sus seguidores realizaron de su líder con el Hombre Gris de la profecía de Benjamín Solari Parravicini, «el Nostradamus argentino», como gustan nombrarlo los medios cada vez que lo mencionan en alguna nota.

Entre las décadas de 1930  y 1970 el artista Benjamín Solari Parravicini realizó una serie de dibujos proféticos acompañados de breves epígrafes que se referían tanto a acontecimientos futuros tanto nacionales como internacionales. Según su propia descripción en  una entrevista que le realiza Mundo Argentino en 1940,  «un poder extraño e incoercible me obligaba a garabatear (…) hube de convencerme que yo no era más que un médium o agente involuntario de otra voluntad desconocida que me los dictaba (…) Con los años mi facultad fue intensificándose y llegué a escuchar voces, a recibir mensajes, comunicaciones y anuncios, siempre por via mediúmnica«.

Para el caso argentino, uno de sus más conocidos dibujos hace referencia a la aparición de un «Hombre Gris» que provocaría un cambio radical en la sociedad argentina. En sucesivos momentos, hubo quienes identificaron al Hombre Gris con aquellos políticos que alcanzaron la presidencia de manera algo inesperada y constituían un quiebre con lo anterior: Carlos Saúl Menem, Néstor Kirchner, Mauricio Macri.  Sin embargo, ninguna de estas posibilidades identificatorias alcanzó la relevancia mediática del debate en torno a la persona de Milei.

Apenas ganó las PASO, en agosto de 2023, varios medios -nacionales y regionales- se hicieron eco de un tweet de un simpatizante de La Libertad Avanza, que combinó dos dibujos de Parravicini que para él preanunciaban la llegada y la misión fundacional de este nuevo jugador a la política. Uno de los dibujos decía: «El Hombre humilde en la Argentina joven se allega para gobernar. Él será de casta joven y desconocido en el ambiente, más será santo en maneras, creencia y sabiduría.¡Él llegará luego de la tercera jornada!«. Combinaba esta profecía con otro dibujo -que es el que menciona realmente al Hombre Gris- cuyo epígrafe reza: «»La Argentina tendrá su ‘revolución francesa’, en triunfo, puede ver sangre en las calles si no ve el instante del ‘hombre gris’«. La referencia en el primer dibujo a una llegada «luego de la tercera jornada» hizo que tras la elección efectiva de Milei a la presidencia la repercusión mediática de las «profecías» fuera aún mayor. Después de todo, Milei había ganado, efectivamente, tres elecciones  (las PASO, las primarias y el ballotage). El ingreso reciente a la política de Milei, su propuesta de la necesidad de un cambio social radical y su llegada luego de tres «jornadas» (elecciones) parecieron brindarle algo de verosimilitud a este ensamble caprichoso de dos dibujos proféticos que, en realidad, Parravicini había realizado en diferentes momentos de su vida (el «Hombre Gris» en 1941 y el «Hombre Humilde» en 1967) y cuya interconexión era completamente arbitraria.

Al igual que con las referencias a «las fuerzas del cielo», quizás no todos los seguidores de Milei crean en esta «profecía» (o, más bien, en el caprichoso ensamble e interpretación de dos dibujos que hicieron algunos de sus seguidores). Pero varios sí lo hacen y, de manera aún más significativa, hay evidencias de que el círculo íntimo de Milei también le otorgó relevancia. Luego del triunfo en las PASO, Santiago Caputo, quien según el propio Milei es «el verdadero arquitecto» de su triunfo y quien le escribe los discursos presidenciales, se hizo un gran tatuaje con el dibujo del Hombre Gris en toda su espalda. Caputo también fue instrumental para que su tío Luis fuera finalmente el ministro de economía. Según el relato del periodista Juan Luis González en la revista Noticias, la mujer e hijos de Luis Caputo se oponían fuertemente a que volviera a la función pública , pero

«Karina le propuso a su hermano que armaran una cena entre los cuatro. Y ahí Milei le dijo a los Caputo una de las palabras más importantes en su cabeza, una que, según él cree, le llegó a través del “canal de luz” que le abrió su perro muerto Conan con Dios. “Toto, vos sos parte de la misión, sos un elegido”. (…) desde aquella cena la esposa de Caputo no volvió jamás a mostrarse en contra del proyecto.»

El judaísmo (mesiánico?) de Milei

Sin dudas, cuesta entender la coherencia en la algo bizarra sumatoria de idiosincráticas creencias «espirituales» o ultraterrenas de Milei y de su círculo íntimo: comunicaciones con Dios, con perros y economistas muertos; misiones divinas de cuño ultraneoliberal (o paleoliberal) y lecturas de la historia argentina que imaginan un pasado mítico glorioso y que postulan como deseable una sociedad que borra más de cien años de conquistas de derechos sociales.

Tampoco son temas en los cuales el propio Milei desee explayarse ya que, como relata Juan González en su libro, él sabe que «si lo cuento van a decir que estoy loco”.  Sin embargo, los testimonios de sus conocidos recopilados en este libro; algunas confesiones de sus días de fenómeno mediático y más tarde las referencias en sus discursos públicos como político ganador y finalmente como presidente, señalan inequívocamente que Javier Milei tiene un convencimiento íntimo de tener una misión divina que cumplir a través de la acción política.

También pueden resultar difíciles de entender las razones de su acercamiento al judaísmo, pero al menos es un emprendimiento espiritual más socialmente legítimo. Según testimonios, también aquí el sentimiento de misión divina cumplió un rol relevante. El dirigente político libertario Julio Goldenstein relata en una nota de Martín Sivak para el diario El País, cómo le presentó, a mediados de 2021, a quien sería su asesor espiritual, el rabino Shimon Axel Wahnish jefe de la comunidad judeomarroquí argentina. Describe el encuentro de la siguiente manera:

“Hablaron un largo rato y luego devino en un encuentro cabalístico en el que se señaló que Javier encabezaría un movimiento liberador en la Argentina. Milei salió de esa reunión emocionado”, » (mi énfasis).

Según la nota de Sivak, fue a partir de entonces que Milei empezó a estudiar la Torá con Wahnish, quien además lo estimuló a que hiciera «una lectura económica de la Torá» (lo que implica una nueva interrelación entre lo espiritual y lo mundano).

Wahnish, sin embargo, no es el único rabino relevante en la vida del nuevo presidente. Antes de las elecciones primarias (PASO), Milei hizo un viaje relámpago a Nueva York para visitar la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, el último y más famoso líder de Jabad Lubavitch. La vertiente más radical de este movimiento de revitalización religiosa judía sostiene que «el Rebbe» fallecido, es el Mesías, y que retornará resucitado para restaurar el reino de Dios. Esta primera visita pasó mayormente inadvertida por los medios argentinos, al contrario de la segunda, que realizó cuatro meses después, luego de haber ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El santuario es considerado milagroso y es visitado por personas de todo el mundo -no sólo por integrantes de Jabad Lubavitch.  Si la segunda vez fue «a agradecer», es bastante obvio que la primera fue «a pedir». Pero ¿qué fue a pedir? En una de las escasísimas referencias al episodio (un audio previo a la segunda visita, que fue reproducido por el periodista Ernesto Tenembaum en su programa de radio), Milei señala:

«Voy a ir a rezar… voy a ir a dar las gracias porque… bueno, yo ahora lo puedo decir, cuando fui lo que yo hice fue pedir que me diera sabiduría coraje y y templanza. Sabiduría para separar el bien del mal, coraje para elegir el bien y templanza para sostenerme ahí» (mi énfasis).

 Más allá de esta necesidad de sostén espiritual para el proyecto político, la cita revela el carácter maniqueísta de éste. La lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, El Uno versus el maligno, aparecen numerosas veces en las maneras en que Milei se refiere a su lucha y emprendimientos políticos.

La visión milenarista del mismo también se puede apreciar en un detalle poco divulgado del acto de cierre de la campaña política realizado antes de las elecciones primarias (PASO), en un gran auditorio (el Movistar arena) en un barrio tradicionalmente judío de Buenos Aires.

Según la descripción de Martín Sivak en la nota para El País:

«Milei convocó a unas 13.000 personas en el Movistar Arena. Después de que se apagaran las luces, apareció en las pantallas la ilustración de un hombre con un instrumento con la forma de un cuerno y abajo suyo la palabra shofar en letras blancas. (…) Si en Rosh Hashaná se sopla el shofar para darle bienvenida al nuevo año judío, en el acto de Atlanta fue el pie para que llegaran imágenes de edificios que se derrumbaban, explosiones marítimas, océanos partidos al medio, humo, fuego, inmensas olas. Esa sucesión de imágenes podían leerse como su voluntad de reconstruir a la Argentina después de la hecatombe en la que cree que se encuentra.»

El maniqueísmo dualista

En los proyectos milenaristas la lucha por producir un cambio radical en la sociedad está insertada en un plano cosmológico ya que es parte de un plan divino, y por lo tanto quienes apoyan el movimiento forman parte del Bien y quienes no lo hacen, son parte del Mal.

Este maniqueísmo, ya estaba presente en buena parte de los discursos públicos de Milei durante su campaña, pero se hizo más evidente, y más preocupante, al continuar luego de su victoria electoral. En momentos en que los discursos suelen llamar a la  unidad nacional, a superar las divisiones que causa cualquier contienda electoral, Milei siguió convocando principal o primariamente a quienes compartían sus propósitos y su visión de la Argentina.

Varias frases de su discurso de victoria luego del ballotage brindan ejemplos de ello:

-«y sobre todo, buenas noches a todos los argentinos de bien, porque hoy comienza la reconstrucción de Argentina»

-“Es fundamental que todos los que queremos abrazar las ideas de la libertad trabajemos juntos»

-«La Argentina tiene futuro, pero ese futuro existe si es liberal”.

-“Todos aquellos que quieran sumarse a la nueva Argentina serán bienvenidos”.

-“Sabemos que hay gente que se va resistir, que quiere mantener privilegios. A ellos les digo: dentro de la ley todo; fuera de ella, nada”.

-“Vamos a ser implacables con aquellos que quieran utilizar la fuerza para defender sus privilegios”. (mis énfasis)

Quienes comparten la visión refundacional son bienvenidos al nuevo proyecto y quienes no lo hacen es claramente por motivos espúreos ( «defender sus privilegios»). Su actividad, por lo tanto, debe ser monitoreada y, eventualmente, castigada. Una clara división entre propios virtuosos y ajenos pecadores, en un discurso de gran relevancia social y que prefigura el gobierno que se inicia.

La visión mesiánica y maniqueísta explica parte de la manera en que Milei encaró sus primeros cuarenta días de gobierno. Primero, una actitud de confrontación permanente y de descalificación de quienes no piensan igual. La expresión «no la ven» fue uno de sus slogans favoritos, repetida en varias de sus publicaciones en la red X. Casi siempre, la expresión fue seguida por una explicación que asignaba mala intención a quienes «no la ven». En una publicación del 16 de enero de este año reprodujo los datos de una encuesta que muestra el apoyo popular a algunas de sus medidas, con un texto que reza: «La gente la está viendo!!!  Parece que los que no la ven es porque están agarrados de varios curros«. En términos similares descalificó a legisladores que no apoyaban su ley ómnibus: «no la ven«, «son coimeros«, «son idiotas útiles«, etc.

La expresión llamó la atención de algunos medios luego de que a fines de diciembre el presidente publicara en la red X una foto de la Casa Rosada con una gran bandera argentina colgando de la galería superior que tenía esa frase escrita en gran tamaño. Las notas reproducían la foto, y señalaban otras oportunidades en que el presidente la usó.  En línea con lo argumentado aquí hasta el momento, propongo una explicación posible sobre el origen de «no ver».  Recordemos que el epígrafe del dibujo de Parravicini sobre el Hombre Gris afirma « La Argentina tendrá su ‘revolución francesa’, en triunfo, puede ver sangre en las calles si no ve el instante del ‘hombre gris'» (mi énfasis).  Aunque es imposible probar que el slogan deriva de esta frase de nuestro vidente local, no deja de llamar la atención la coincidencia en la utilización del verbo «ver» (en vez de otros posibles como «entender», «comprender», etc) (aunque, claro, siempre se puede recurrir también al «no hay peor ciego que el que no quiere ver», pero no parece ser una expresión utilizada comúnmente por Milei y sus simpatizantes).

La continua demarcación entre un nosotros virtuoso («las fuerzas del cielo») y los Otros corruptos (o directamente alineados con «el maligno»), así como el convencimiento de estar cumpliendo una misión divina, explican también la intransigencia de Milei y sus funcionarios y su virtual negativa a  debatir sus propuestas de gobierno. También lo ambicioso del proyecto presentado, cuyo nombre («Ley de bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos»)  claramente remite al libro de Alberdi «Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina», que sirvió de inspiración para la Constitución de 1853 que Milei tanto admira. La expresión de un proyecto refundacional que se inspira en, y pretende volver a, la supuesta abundancia de un tiempo pretérito mitificado.

Si hasta Dios es libertario…

A lo largo de este texto he argumentado que el proyecto político de Javier Milei y de su círculo íntimo de colaboradores sólo se puede entender en su real dimensión a través de la lente conceptual del milenarismo. En la multiplicidad de referencias «esotéricas», «espirituales» o «religiosas» que surgen de testimonios de amigos o conocidos, de anécdotas contadas por el propio Milei cuando era apenas una figura mediática y de sus actuales discursos públicos, podemos apreciar cómo su lectura económica de la historia argentina y de la complicada situación actual del país se inserta en una visión cosmológica mayor que incluye a «fuerzas del cielo», a Dios, a intermediarios extraordinarios (Conan, su hermana) y una misión divina que le fuera encomendada para hacer triunfar las fuerzas del Bien (el capitalismo libertario) sobre las del Mal (el comunismo engendrado por el maligno).

Después de todo, como ya afirmó en al menos dos oportunidades , «Dios es libertario» y «su sistema es el libre mercado» . Estas aseveraciones se pueden encontrar en youtube, en entrevistas que le realizaron en 2018 (radio el Mundo) y 2019 (programa Factores de Poder).  En esta última, recomienda la conferencia «Anarquía, Dios y el Papa Francisco» del economista español Jesús Huerta de Soto y señala:

(allí) » muestra que Dios es libertario …. es más da citas concretas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento donde demuestra que el Estado es la invención del maligno por eso nunca funciona bien… por eso siempre genera tanto daño y tanta muerte y tanta pobreza mientras que cuando se aplica el sistema de libre mercado que es el sistema de Dios todo prospera »

Pero quién es «El Jefe»?

De todo lo anterior se desprende que debemos comprender que Milei no es «como»  un profeta. De nuevo, no hay metáforas aquí. Milei es un profeta, y se cree un profeta -que vino «no a guiar corderos, sino a despertar leones«. Alternativamente, y en otra versión no menos milenarista, la profetisa sería su hermana, a quien no por nada denomina «Moisés», y en este juego de apelativos íntimos, él es apenas «Aaron», el divulgador de Moises, o en este caso de su hermana Karina «El Jefe»).

Se sabe que su hermana Karina es «la más temida del gobierno» (según la tapa de la revista Noticias, 6/1/2024) y que nadie llega a su hermano si no es a través de ella. Numerosos testimonios indican que ella ha sido responsable por dejar fuera del círculo íntimo de acompañantes del presidente a varios de sus aliados de las primeras horas, o de recortar drásticamente el protagonismo de otros. Estas decisiones parecen tomarse mediante lo que le indiquen las cartas del tarot, o, en ocasiones por su carácter de intermediaria privilegiada con Conan,  el perro fallecido. Carlos Maslatón, uno de los responsables por introducir a Milei al judaísmo, señala en una entrevista reciente en C5N:

«Alguna gente cercana a Milei dice que yo fui impugnado por la hermana de Milei en función de una conversación de carácter espiritista con Conan. Me vetó el diálogo hipotético, real, simulado, fabricado entre la hermana de Milei y el perro Conan. Un perro que le habló desde ultratumba»

Ya es vox populi que Karina es El Jefe, porque en múltiples oportunidades el propio Javier Milei lo ha reconocido -hasta se la presentó así al presidente ucraniano Volodomir Zelenski cuando vino a su asunción: «She is The Boss. She is the real Boss«.

Nuevamente, el juego de apelativos fraternos de Milei puede confundir las cosas (para propios y extraños). Según Juan Luis González, en El Loco:

«A quien lo quiera escuchar el diputado (Milei) le cuenta que jamás sale de su casa sin ese pedazo de papel en su pantalón. Es un recorte de una página en blanco que tiene solo dos palabras. “El jefe”. Así es como el libertario se refiere a su hermana y, curiosamente, también a Dios. Dice que es por él que lleva esa hoja encima. Para no olvidarse que está ahí. Vigilándolo. Hablándole. Recordándole que tiene que cumplir una “misión”.»

Es esta variopinta mezcla de creencias diversas, que es fácil descartar como idiosincráticas o irrelevantes, la que en realidad impulsa el proyecto político y que explica sus características: contenciosas, impulsivas, excluyentes y refractarias al diálogo. La lectura de la realidad de Milei no es sólo económica o histórica, sino también cosmológica.

Es en esta nueva grieta cósmica, en esta lucha entre el Bien y el Mal, que estamos involucrados todos los argentinos (los «de bien», y los Otros). Resta ver si las fuerzas del cielo lograrán, efectivamente, imponerse a las fuerzas de la tierra que luchan contra su plan de retrotraernos a un momento utópico en el que no existían los derechos sociales ganados durante una centuria.

Agradezco al amigo y periodista Alejandro Agostinelli por el incentivo para escribir este texto  y por su generosidad usual para compartir información relevante.

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Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio es Doctor en Antropología por la Universidad de California en Los Ángeles. Anteriormente recibió la Licenciatura en Sociología en la Universidad Católica Argentina.
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