El Bosque de los Santos en Ushuaia

Texto y fotos por Fabián Flores (GIEPRA-UNLu/CONICET)

La ciudad de Ushuaia ostenta muchas singularidades paisajísticas y curiosidades culturales que fueron alimentando los imaginarios sobre el lugar y que, tal como manifiesta su “marca” cimentaron la idea de « fin del mundo, y principio de todo».

En el plano de lo religioso la presencia temprana de las misiones anglicanas motorizadas por el pionero Thomas Bridges dejó una huella en toda la costa fueguina e incluso en las zonas rurales de los alrededores donde habitaban sociedades indígenas. Recordemos que Bridges ya se había asentado allí con su proyecto una década antes de que se fundara oficialmente la ciudad, el 12 de octubre de 1884.

Hoy, con 75.000 habitantes, el casco urbano de Ushuaia cuenta con una docena de templos de distintas denominaciones religiosas: la Iglesias Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Católica, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Evangélica Bautista, Cristiana Misionera, varias iglesias neopentecostales, etc. La diversidad se completa con otros espacios de culto más móviles, periféricos y menos visibles como el caso de la Kehilá de Tierra del Fuego (que funciona en hogares particulares u hoteles) y el templo Guardianes de la Umbanda que, si bien tiene su sede en Río Grande, realiza prácticas esporádicamente en sitios particulares de Ushuaia.

A nivel demográfico, la provincia en general y la ciudad en particular, tuvieron un crecimiento sostenido desde la década de 1970 motorizado por el peso de las migraciones internas (y de los países limítrofes) que tuvo sus despegue con las políticas de promoción industrial. Así, para el último Censo disponible (2010) se mostraba que el 62% de sus residentes habían nacido en otra provincia (el valor más elevado del país) o en países limítrofes, siendo la comunidad boliviana y chilena las que mayor presencia tienen en la zona.

Estas singularidades demográficas, sociales, culturales y religiosas tienen su expresión territorial más acabada en el “bosque de los altares”.

A tres kilómetros al norte del acceso a la ciudad de Ushuaia, en un desvío curvilíneo de 200 metros a la vera de la ruta nacional 3 se emplaza un área conformada por casi 100 altares y ermitas dispersos en el medio del bosque a ambos lados del camino.

El lugar impacta. Si bien cuando uno va circulando por la 3 no se advierte el paisaje que esconde ese bosque, una serie de altares que se extendieron hacia el borde de la ruta son señales de lo que oculta el paraje.

En términos generales, esta hiero-zona se fue conformando a partir de la apropiación del lugar mediante la instalación de los altares y ermitas de distintas denominaciones, formas y cultos. Respecto a este último aspecto es notable advertir que la diversidad incluye desde devociones más institucionales y formales, hasta cultos desregulados, e inclusive un sector de tumbas y lápidas de mascotas, y otras sin identificación religiosa.

El espacio central del interior del bosque está trazado por un sendero principal conocido como “Avenida de la Fe” donde se instalan los altares de mayores dimensiones, construidos en materiales mas firmes y que coinciden con algunas de las devociones mas numerosas y populares. Sobre esta ruta sacra se emplaza el altar a la Difunta Correa, uno de los más grandes, y confeccionado con un cilindro de chapas (ex tanque australiano, remitiendo al agua) que cobija en su interior un gran bulto de Deolinda Correa muy similar a la existente en el santuario del desierto sanjuanino, y un candelero donde se dejan las velas y otros exvotos. Detrás de esta construcción de chapas cientos de botellas con y sin agua se internan en un tramo del bosque y recomponen el paisaje religioso con una identidad propia y una marca espacial del culto.

Una de las figuras más presentes en toda la hiero-zona es la del Gauchito Gil en ermitas y altares de distintas dimensiones, morfologías y localizaciones. Dos son los altares centrales: uno sobre la ruta 3, siendo el primero que aparece si uno llega desde la ciudad (con el modelo clásico que se advierte en otros sitios del país: una ermita mediana, cintas rojas en árboles y alrededores, velas, y todos los clásicos exvotos), y el otro, el principal (y quizás el mas impactante de todo el predio) está situado en el punto medio de la “Avenida de Fe” muy cerca de la Difunta Correa. Está construido con ladrillos pintados con el rojo clásico y rodeado por una cerca de madera local que limita la zona de exvotos coronada por siendo de cintas, banderas y cruces rojas. En la parte superior al ingreso, un cartel señala: “Santuario Gauchito Gil – Tierra del Fuego, Ushuaia”.

Otro dos de los santuarios más imponentes son: el de San Expedito, y el dedicado a Ceferino Namuncurá (el reciente canonizado santo “argentino”). El de San Expedito revela un nivel de organización e institucionalidad notable: cartelería, limpieza, orden en los exvotos, lugares para sentarse en el interior y hasta folletería que cuenta la historia de la devoción y contactos. En el interior se encuentran decenas de imágenes de San Expedito y de otros santos y santas del panteón católico junto con velas, rosarios, flores, cartas y placas.

El espacio destinado a Ceferino se emplaza en el borde la calle principal, casi en su contacto con la vera de la ruta 3, y está construido a modo de estructura de ladrillos que simula un típico rancho patagónico con ventanas y un cartel que indica “Bienvenidos, a Ceferino Namuncurá, lirio de la Patagonia”. Dentro se sitúa un pequeño bulto del santo sobre una especie de montículo rodeado de exvotos y otros objetos decorativos (incluido un árbol de navidad) y cuenta con un espacio para sentarse a orar.

San La Muerte también está presente en el “bosque sagrado”. No sobre la Avenida, sino en el interior del bosque, pero visibles desde el camino principal. Allí se emplazan cuatro altares al “santito” de distintas dimensiones, formas y estructuras. Todos muy cercanos el uno con el otro y respetando el modelo “estético” que domina el color negro de sus paisajes, Al momento de la visita, éstos eran los únicos altares que tenían devotos limpiando, ordenando y orando en el lugar.

Más allá de estos grandes altares que enarbolan la “Avenida de la Fe”, otros tantos más pequeños, descuidados y desgastados por el tiempo y las condiciones del lugar, se dispersan en el interior del bosque, emergiendo como burbujas de sacralidad que combinan cultos muy disímiles; San Cayetano, la Virgen Desatanudos o Santa Rita conviven con altares a Ogun o la Cruz Negra. Gilda y Rodrigo tienen sus sitios devocionales al igual que Pancho Sierra y la Madre María. Las colectividades extranjeras también están presentes con altares menos imponentes pero que expresan la fe migrante cristalizada en el espacio: Copacabana, Urkupiña, Caacupé son algunas de las advocaciones que tienen presencia.

No falta el lugar para las ermitas vacías, los santos sin nombre, las esculturas decapitadas e inclusive una “misteriosa” capilla con todos sus muros tapiados que se esconde en la parte trasera del sitio, abajo del risco donde se emplaza la hiero-zona.

El lugar es único y expresa dos particularidades de la población fueguina: su condición migrante (y todo lo cultural que esto implica) y la heterogeneidad de prácticas y creencias religiosas presentes en la sociedad local, ya que es sitio habitual de peregrinaciones, rituales y encuentros, y acoge frecuentemente la llegada de devotos y cuidadores desde el centro de la ciudad que en distintos medios (y con distintas frecuencias) recurren al bosque sagrado.

Muchos interrogantes quedan pendientes de este “paisaje encantado”: ¿Cuáles son las tensiones presentes por la apropiación de este espacio?, ¿en qué medidas se da la “convivencia” de creencias y prácticas tan heterogéneas?, ¿cómo se sostienen y regulan estos altares?, ¿Quiénes, cómo y bajo qué lógicas desarrollan prácticas religiosas en este sitio? En definitiva: develar la producción social de esta hiero zona de la periferia fueguina.

Bosque de los Santos (Ushuaia)

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Fabian Flores

Fabian Flores

Fabián Claudio Flores es profesor y licenciado en Geografía de la Universidad Nacional de Luján, Magíster en Ciencias Sociales con mención en historia social, Doctor de la Universidad de Luján con orientación en Ciencias Sociales y Humanas y miembro de la Carrera de Investigador del CONICET.
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