El poder de los altares vivos de las religiones afro

Cuarto de Exú – Babá Claudio de Oxalá, Buenos Aires.

por Alejandro Frigerio (FLACSO-UCA/CONICET)

En momentos en que la antropología se replantea (de nuevo!) su capacidad de reflejar con mínima exactitud los universos cosmológicos que intentamos explicar, así como las múltiples e intrincadas maneras que tienen los seres humanos de relacionarse con seres suprahumanos, volvemos a enfatizar la existencia de presupuestos ontológicos muy diferentes que existen aún por debajo del uso de términos cotidianos que creemos son de significado fácilmente aprehensible.

Un ejemplo es el concepto de altares que aplicamos a casi cualquier contexto religioso, sin reflexionar suficientemente acerca de cómo los presupuestos católicos y occidentales que tiñen nuestra concepción del término pueden llevar a entendimientos engañosos sobre sus funciones y efectos en otras religiones.

En el caso de las religiones afro-brasileñas del sur de Brasil, que han llegado hasta Argentina y Uruguay, lo que denominamos quizás demasiado fácilmente como «altares» son principalmente focos privilegiados de poder espiritual. Son lugares de poder espiritual porque proporcionan un portal especial para comunicarse con, y movilizar efectivamente la ayuda de, los seres espirituales. También son expresiones de poder humano porque son una indicación abreviada, para el ojo experto, del conocimiento religioso y del sentido de la estética del pai o mãe de santo. En el caso de la Umbanda, los altares son también una representación material de las raíces espiristas y católicas (y brasileñas) de la religión, y un reflejo no solo de la jerarquía espiritual que adoran los creyentes, sino también de la jerarquía social del país que la vio nacer. Los santos católicos blancos ocupan los niveles superiores, y los pretos velhos (los viejos negros) los más bajos. Los caboclos amerindios, espíritus de indígenas que siempre fueron romantizados y exotizados en la literatura y cultura brasileñas, ocupan algún lugar entre medio. Dado que en el sur de Brasil y en Argentina, la mayoría de los templos practican tres variantes de las religiones derivadas de África: Umbanda, Batuque y Quimbanda, tienen altares/ habitaciones para las tres variantes.

Cuarto de Santo – Babá Claudio de Oxalá, Buenos Aires.

 

Cuarto de Santo o Pejí de Batuque

Probablemente sea difícil llamar al cuarto de santo de Batuque un «altar» en el sentido occidental, católico, ya que no tiene imágenes reales de los orixás, ​​sino estantes de madera con los asentamientos donde el poder del orixá de cada individuo ha sido «asentado»: ha sido invocado ritualmente, fijado y se le ha dado existencia en este plano material. Su energía ha sido fijada en una piedra, mantenida dentro de un recipiente de cerámica que tiene algunos elementos simbólicos que representan al orixá. Por lo tanto, el asentamiento no «representa» ni «simboliza» al orixá, sino que es, en efecto, el orixá del individuo -o, al menos, una forma muy real y tangible de comunicarse con, y aprovechar, su energía, un enlace muy concreto y material entre lo divino y sus devotos. En el ritual que dio origen a cada asentamiento de orixá, la sangre de un cordero, cabra o ternera (animales de «cuatro pies») se vertió sobre la cabeza del iniciado, para que luego cayera en la piedra. Los tambores y el canto hicieron que el orixá se manifestara probablemente por primera vez en su hijo, sellando así la interrelación entre la piedra, el individuo y el ser espiritual.

Los cuartos de santo -también denominados pejís– albergan a los orixás del líder del templo, que proporcionan la energía espiritual básica que sustenta al templo, así como a los de sus hijos de santo. Cada uno de ellos tiene su orixá principal, pero también varios otros (en su propio camino hacia el sacerdocio debe recibir todos los 12-16 orixás), y por lo tanto, el cuarto de santo está lleno de recipientes con los orishás y su correspondiente quartinha (botella de arcilla con agua). Los cuartos de santos generalmente están cubiertos por una cortina blanca y, según el tamaño del templo, pueden estar al lado o detrás del altar de Umbanda, o en una habitación diferente, generalmente contigua. Las personas que no han sido iniciadas rara vez ven detrás de esta cortina. Sin embargo, pueden notar que hay algo sagrado detrás de ella porque en los días de fiesta de Batuque, varios platos y bandejas con la comida de cada orixá, y también con otros alimentos seculares, se colocan cuidadosamente sobre las telas en el piso frente a los asentamientos. Todos ellos serán consumidos por la audiencia en un descanso especial durante la fiesta.

Congá de Umbanda – Babá Alfredo de Ogún, Buenos Aires (foto: Alejandro Frigerio)

 

Altar o Congá de Umbanda

Si bien el cuarto de santo es la verdadera fuente de poder de cualquier templo, el altar de Umbanda siempre parece ser el principal, debido a su visibilidad, pero sobre todo porque se asemeja más a la idea católica occidental de cómo debería ser un altar. Las estructuras piramidales, o los estantes de madera a distintas alturas clavados en la pared muestran la «escala astral» en la que los seres espirituales están dispuestos de acuerdo con su nivel de evolución espiritual. Los altares de Umbanda materializan y hacen visible esta jerarquía, con varias imágenes de yeso de santos católicos que se sincretizan con los orixás ocupando las filas superiores, los caboclos amerindios los del medio y los pretos velhos los inferiores.

En los años de formación de estas religiones en Argentina y Uruguay, la Umbanda fue la variante pionera que hizo posible que los habitantes de Buenos Aires, en su mayoría blancos de clase media o media-baja pudieran familiarizarse con los espíritus sabios y consejeros de los indios y esclavos negros. Durante varios años la Umbanda fue el puente cognitivo y experiencial entre las versiones locales del catolicismo popular y estas religiones extranjeras de origen brasilero y africano. El altar de Umbanda, por lo tanto, jugó un papel principal, ya que no sólo funcionaba como una breve descripción visual de la nueva cosmología sino que también, debido a la presencia en el mismo de santos católicos se convertía en una prueba tranquilizadora de que esto era, después de todo, una religión y no principalmente una secta o un culto diabólico, como sugerían muchas notas en los medios de comunicación.

Los altares de Umbanda también son «usinas» espirituales propias y no solo dispositivos mnemónicos de sacrificio, piedad o símbolos de conexión espiritual. En rituales que incluyen canto e invocación, cada imagen de yeso ha sido lavada con agua que contiene una combinación variable de hojas trituradas de plantas sagradas y potentes, tal vez con un toque de sangre (aunque la mayoría de los practicantes consideran que el uso de la sangre y el sacrificio animal es restringido sólo al batuque y la quimbanda). A veces las «cargas» (materiales de efectos) espirituales se colocan en pequeños agujeros hechos en sus bases.

Congá de Umbanda – Babá Gustavo de Oxalá, Buenos Aires.

 

Muchos de ellos están adornados con sus correspondientes collares de cuentas rituales (también «lavados» y consagrados) o sostienen los collares rituales que los médiums usarán en las sesiones. Por lo tanto, las ofrendas hechas o dejadas frente al altar (alimentos, flores, velas) participan de su energía espiritual y contribuyen a mantenerla. Los altares de Umbanda también son particularmente notables porque generalmente presiden el salón, el lugar donde se realizan la mayoría de las actividades rituales públicas: las sesiones semanales de Umbanda o Quimbanda, donde los médiums invocan e «incorporan» a (entran en trance con) sus «guías espirituales»: caboclos, preto velhos o Exú. También se realizan allí las fiestas de Batuque en las cuales los orixás se manifiestan -son menos frecuentes, pero no menos importantes. En muchos casos cuando las ceremonias no son de umbanda el altar puede ser aislado con una cortina.

Los altares de Umbanda están particularmente bien mantenidos y dispuestos, ya que son la cara pública más obvia del templo. El amor que el líder del templo tiene por su religión y los seres espirituales que incorpora y a los cuales les rinde culto se manifiesta a través de la belleza del altar y la atención al detalle y la preocupación que se ha puesto en su disposición y cuidado diario. También señala el amor de los otros miembros del templo, sus hijos e hijas de santo, y qué tan bien pueden los pai o mãe dirigir a este grupo humano en la adoración espiritual. Además, simboliza el bienestar material que su poder mágico (siempre, mágico-religioso) puede proporcionar. Imágenes grandes y hermosas (a veces de tamaño humano), fina tela y lino debajo de ellas, elegantes floreros, muestran la intención y capacidad del líder para proporcionar a los seres espirituales lo mejor que este plano material tiene para ofrecer.

Cuarto de Exú – Babá José Luis de Iemanjá, Buenos Aires (foto: Alejandro Frigerio)

Cuarto de Exú (o Aruanda)

El tercer tipo de altar presente en la mayoría de los templos, el cuarto de Exú (crecientemente denominado «Aruanda» en Argentina y Uruguay, aunque para los practicantes antiguos más conocedores de la tradición brasilera el término designa en realidad una ciudad mística del plano astral donde viven los caboclos y entidades de luz) combina características de los dos altares que he descrito. Tiene imágenes de yeso de Exus y Pomba Giras (los espíritus invocados y encarnados en trance en sesiones de Quimbanda), pero con mayor frecuencia también sus asentamientos. Estos, al igual que los de los orixás, ​​se derivan de la tradición africana de aprovechar y fijar en los recipientes materiales el poder y la energía de los seres espirituales. Por lo tanto, el espíritu Exu y / o Pomba Gira de cada medium también se invoca ritualmente y se hace presente en este plano material.

Nuevamente, los recipientes de arcilla, piedras y, en esta variante, también pequeñas lanzas de hierro (ponteras) y tridentes del mismo material, con diferentes grados de elaboración artística y complejidad, sirven como recipientes donde la energía del Exu se ha «asentado». Algunos templos carecen de estos «asientos», y las imágenes de yeso se utilizan de la misma manera. Cuando los animales son sacrificados, su sangre se vierte sobre las imágenes y luego se adornan con las plumas de los pollos o gallos que acompañan la ofrenda de animales de cuatro patas («cuatro pies»). Como es el caso de los asentamientos, estas imágenes pueden permanecer «alimentándose» por tres o cuatro noches antes de limpiarlas cuidadosamente con las bebidas alcohólicas propias de cada entidad.

A través de los complejos procesos de ritualización que conllevan, los altares y cuartos de las religiones de origen afrobrasilero, proveen vías de comunicación efectivas entre el plano material y el plano «astral». El flujo e intercambio de energías espirituales que posibilitan también queda bastante claro en el rol relevante que tienen en los comienzos y finales de los procesos de trance. Junto con los tambores, los cantos, las danzas y el desplazamiento de energía que posibilita la formación de un círculo por los médiums durante las ceremonias, el cuarto de santo, el de exú y el altar de umbanda también cumplen una función primordial en la incorporación o desincorporación de guías y entidades espirituales y en la ocupación o desocupación de orixás. Aunque las formas varían de templo en templo, es común que los pais o maes que lideran las sesiones de umbanda invoquen a sus guías frente al altar de umbanda -aunque luego el resto de los mediums lo hagan en la línea mientras cantan y bailan. En las fiestas de batuque, los orixás llegan a través del ritual/danza de la balanza, pero «se van» cubiertos por un paño blanco y sentados en una silla puesta a tal efecto al lado de la puerta del cuarto santo. En las fiestas de quimbanda, es común que los Exús y Pomba Giras lleguen frente al cuarto de Exú (donde están siendo homenajeados) y luego se «vayan» frente a la misma puerta, o, si el tamaño del cuarto lo permite, de a uno dentro del mismo, al lado de sus asentamientos. En todos estos casos, se cree que la energía de todos estos seres espirituales contenida en sus asentamientos o en sus imágenes «imantadas» (especialmente ritualizadas y consagradas) facilita su llegada a, o su partida de, este plano material.

Cuarto de Santo – 40avo aniversario de la mãe Iemanjá del Babá Hugo de Iemanjá.

 

Los altares en los templos de Umbanda, por lo tanto, parecen siempre familiares y, al mismo tiempo, son profundamente ajenos al ojo no iniciado. Participan de, se expresan y se originan en una cosmología que comparte algunos principios occidentales, católicos (ya sea como sustancia o enmascaramiento es una pregunta antigua y nunca convincentemente respondida), pero al mismo tiempo está profundamente arraigada en ontologías alternativas que postulan formas complejas e íntimas de unir lo divino y lo devoto.

Agradezco la buena disposición y la sapiencia de la Iyá Judith Ti Yemoja Eégúnfemi así como de los pais que me permitieron sacar las fotos que aquí presento (Claudio de Oxalá, Gustavo de Oxalá, Hugo de Iemanjá, Alfredo de Ogun y José Luis de Iemanjá). Los énfasis analíticos y las simplificaciones corren por mi cuenta. Apenas intento describir algunas generalidades que muestran diferencias notables con las ideas de sentido común de qué y cómo puede ser un un «altar». Entiendo que dada la diversidad de prácticas y creencias no todos los practicantes estarán completamente de acuerdo con mis interpretaciones.

Publicado originalmente en el blog del LOFRSC (Laboratorio de Observación del Fenómeno Religioso en la Sociedad Contemporánea) de México.

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Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio es Doctor en Antropología por la Universidad de California en Los Ángeles. Anteriormente recibió la Licenciatura en Sociología en la Universidad Católica Argentina.
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