Documento: La Madre María -mucho más que una «curandera»

Imagen en el Templo Cristiano de la Espiritualidad con Dios y la Madre María (ciudad de Luján)

 

por Alejandro Frigerio (FLACSO y UCA/CONICET)

Quienes estudiamos religión nos debemos un replanteo de nuestras categorías y una mayor adecuación de nuestras definiciones y conceptualizaciones a la realidad empírica que observamos. Un caso muy pertinente es el de  «curandera» (o «curandero»), una categoría folk que demasiado rápidamente convertimos en analítica. El carácter estigmatizante o peyorativo del término (que coloca al involucrado afuera de la medicina y de la religión, o sea de las «legítimas» artes de curar y de adorar) nos lleva a ignorar el carácter inequívocamente religioso de buena parte (o del total) de sus actividades. En base a naturalizadas e inexactas (o al menos incompletas) ideas de qué sería «religión» y qué «magia», pasamos por alto el hecho de que buena parte de las/os curanderas/os constantemente invocan a seres suprahumanos para beneficio de quienes a elles acuden, transmitiendo ideas muy claras acerca de cuáles son las características de esos seres suprahumanos y qué tipo de relaciones es posible o deseable establecer con ellos. Cada vez más, estas curanderas o sanadores se convierten en mediadores privilegiados entre las personas y los santos de su devoción. Por ello, son tanto agentes religiosos como de salud, aún cuando no mantengan a su alrededor una congregación estable de personas (tenemos, sin embargo, muchos casos históricos de «curanderos/as» que sí lo han hecho, algo que se evidencia también en nuestros días en nuestros días a través de la creciente eclesificación de los santuarios de santos populares).

Las curanderas/os cumplen un importante rol en la producción y diseminación de significados y prácticas mágico-religiosas que hacen a nuestra diversidad religiosa, aunque frecuentemente sea ignorada por nuestras anteojeras teóricas que no las considera suficientemente «religiosas» por no ser producidas en grupos suficientemente organizados y perdurables en el tiempo y por no proponer identificaciones religiosas alternativas. Cuando aparecen en nuestros estudios no se las considera que forman parte del «campo religioso» sino que son ubicadas como manifestaciones del «curanderismo»,  del «espiritualismo» o del «ocultismo», del «espiritualismo» o del «curanderismo» -áreas siempre muy imprecisamente definidas.

En Argentina, el ejemplo más patente de invisibilización e incomprensión académica de estos agentes mágico-religiosos es el de la Madre María, considerada en su momento, y aún actualmente, como la más famosa «curandera» del país. Sin embargo, sus prácticas «sanadoras» eran complementarias o secundarias en relación con sus enseñanzas religiosas, que transmitía a cientos o miles de devotos y en las cuales proponía una relectura del mensaje bíblico cristiano. Para los estudios académicos, sin embargo, lo único significativo parecen ser sus actividades sanadoras y no el mensaje obviamente religioso que transmitió.

Pancho Sierra y la Madre María por el artista Freddy Filete Fernández

 

Luego de dos experiencias extraordinarias que le indicaron un camino religioso, la Madre María predicó una versión propia del mensaje cristiano, con tintes milenaristas, que atrajo multitudes a su casa en la ciudad de Buenos Aires, y luego en la localidad de Turdera, en el Gran Buenos Aires (1). El papel jugado por su carácter de sanadora en esta atracción –que le valió un proceso por ejercicio ilegal de la medicina en 1911 del que salió airosa en 1912– es incierto. Ella misma, y sus seguidores lo desenfatizan, priorizando su mensaje espiritual.  Por carecer de estudios específicos, no sabemos bien si su popularidad se debió más a su fama de sanadora o a su mensaje religioso -o a una combinación variable de ambos.

Los libros de sus discípulos priorizan y resaltan su mensaje espiritual. Los medios de la época enfatizan la sanación e ignoran su doctrina religiosa. Su fallecimiento en 1928 no impidió que su influencia mágico-religiosa creciera más aún. Miles de devotos continuaron visitando su tumba en busca de milagros, y en 1944 por suscripción popular se le erigió un monumento en la Chacarita. Al lado de su tumba, un pedestal más alto que una persona sostiene una estatua tamaño natural de la Madre María, con la mano derecha levantada y su dedo índice señalando el cielo. Hasta el día de hoy su mausoleo es visitado por centenares de personas que le hacen todo tipo de pedidos en el día de su natalicio y de su muerte –pero también en cualquier momento en que lo necesiten. Junto con la de Carlos Gardel, su estatua es quizás la única en ese cementerio que siempre cuenta con flores frescas.

En la mayor parte de los sorprendentemente pocos escritos (más o menos) académicos sobre su persona, es considerada el ejemplo paradigmático de la curandera o sanadora argentina. Una foto suya ilustra la tapa del libro Los manosantas de Horvath (1977), y una de su tumba y monumento están en la tapa del libro de Hugo Ratier (1972), La medicina popular –ambos clásicos de estos temas durante la década de su aparición y la siguiente. Su nombre también aparece en el título del libro de Raúl Garelli (1966), Brujos y curanderos: de Pancho Sierra a la Madre María. Hay apenas dos trabajos exclusivos (más ensayísticos que académicos) sobre su persona: un capítulo de Leone (1992) en un libro titulado Ocultismo y espiritismo en la Argentina (cuya tapa también está ilustrada con la foto de su tumba y el monumento) y un artículo en la famosa revista de difusión Todo es Historia (Maurizi, 1968). Además, tiene una entrada en el libro clásico de Coluccio (1986) sobre religiosidad popular y menciones en el libro de Bianchi (2004) sobre historia de las minorías religiosas (encuadrada como «religión popular») y en el de Bubello (2010), que relata la historia del esoterismo en la Argentina. Aparecen también algunas referencias a su persona en algunos textos sobre curanderos (Dahhur, 2013) (2). Los tres templos que reivindican seguir sus enseñanzas figuran en la Guía de la diversidad religiosa de Buenos Aires (vol. 2) (Forni, Mallimaci y Cárdenas, 2008) bajo el acápite de «religiosidad popular».

Académicamente, entonces, su figura ha sido encuadrada principalmente dentro del «curanderismo» (Dahhur, 2013; Garelli, 1966; Horvath 1977; Ratier, 1972), del «esoterismo» (Bubello, 2010; Santamaría, 1992) y/o dentro de la incumbencia de la «religión popular» (Bianchi, 2004; Forni et al., 2008) pero nunca como una manifestación de diversidad religiosa de la época. Estas referencias y encuadres contrastan radicalmente con los títulos de los libros escritos por sus discípulos y seguidores que enfatizan el aspecto religioso y cristiano (obviamente, nada de popular) de sus enseñanzas (Cueto, 1921, 1926, 1928; Forte, 1944; García Risso, 2010). La naturaleza principalmente religiosa del culto también se evidencia por el hecho de que sus seguidores han establecido tres iglesias o templos que, con sus sucursales, están inscriptos en el Registro de Cultos No Católicos de la Nación (3).

La multiplicidad de encuadres interpretativos de su figura no está solamente ligada a una posible multidimensionalidad del fenómeno, sino, principalmente, a construcciones flojas cuando no incoherentes del objeto de estudio. ¿Acaso su creencia en la reencarnación avala su inclusión en esoterismos, cuando el resto de su mensaje es indudablemente cristiano y su prédica siempre fue pública y abierta?, ¿o que su mentor Pancho Sierra haya sido en oportunidades calificado como espiritista (que aparentemente no lo era, aunque ciertamente los espiritistas querían reclamarlo como uno de los suyos) justifica incluirla dentro de los espiritismos sui generis del país? (Ludueña, 2007). Si bien la devoción actual que se desarrolla alrededor de su tumba puede ser considerado un caso de religiosidad popular (con innegables semejanzas a otras devociones populares como la Difunta Correa o el Gauchito Gil), la actividad de los templos que reivindican su mensaje y enseñanzas no necesariamente deberían incluirse en esa categoría –no, al menos, sin estudios específicos sobre ellos que ciertamente no tenemos, y sin una especificación conceptual de la lógica de la aplicación de esta clasificación, de la cual también carecemos.

Más allá del carácter multifacético que la figura de la Madre María pueda haber tenido (profeta-sanadora-líder carismática-santa popular), lo cierto es que en vida, por el tenor de sus enseñanzas y actividades, la Madre María y sus seguidores fueron más un fenómeno religioso que curanderil o esotérico o mágico. Haberle negado sistemáticamente esta condición parece mostrar que los científicos sociales estamos continuando los prejuicios sociales de la época que en cualquier curandera veían, de manera irónica y descalificatoria, a la Madre María.

Este texto es parte de un argumento más amplio que desarrollo en el artículo Nuestra arbitraria y cada vez más improductiva fragmentación del campo de estudios de la religión , publicado en la revista Cultura y Religión (Chile, 2021).

(1) Un primer episodio significativo fue su visita al famoso sanador gaucho de Pergamino Pancho Sierra, quien se dice que la sanó de un mal incurable y le pronosticó: “No tendrás más hijos de tu carne, pero tendrás miles de hijos espirituales”. A partir de allí, ella siempre reivindicaría a Pancho Sierra como su maestro. Un segundo episodio que originó su posterior prédica espiritual, fue una experiencia de casi muerte, un ayuno intenso y una noche entera de rezo.

(2) Figura también entre las «psicoterapias populares» de Alfredo Moffat en su libro Psicoterapia del oprimido (1974). Esta obra tuvo varias reediciones, la sexta en 1997 ya con el nombre de Socioterapia para sectores marginados: terapia comunitaria para grupos de riesgo.

(3) Varias décadas luego de su muerte y durante mucho tiempo la Madre María también formó parte del panteón de seres suprahumanos invocados por el culto cristiano Irma de Maresco, del Hermano Miguel, quien durante un largo período de tiempo predicó al pie de su monumento en la Chacarita, y se atribuía el haber logrado hacer quitar su imagen de la sala de «curanderismo» del Museo Histórico de la Policía Federal. Actualmente continúan con sus enseñanzas en la Misión Cristiana de Dios por la Madre María (CABA) y en el Templo Cristiano de la Espiritualidad con Dios y la Madre María (Luján, provincia de Buenos Aires). Agradezco a Fabián Flores por llamar mi atención hacia el templo en la ciudad de Luján.

Agradecemos a Mario Fernández por disponibilizar las fotos de la galería que sigue en su grupo de facebook «Pancho Sierra-Madre María Verdaderas Devociones Populares»

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Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio es Doctor en Antropología por la Universidad de California en Los Ángeles. Anteriormente recibió la Licenciatura en Sociología en la Universidad Católica Argentina.
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