
por Alejandro Frigerio (Universidad Católica Argentina/CONICET)
El 2 de febrero de este año, día de celebración de Iemanjá y en el marco de su campaña en contra de la nueva ley de glaciares, la humorista gráfica Maitena Burundarena incluyó al orixá como figura central en una de sus viñetas. Conocida por su activismo en favor de la comunidad LGBTIQ+ y otras causas sociales, la publicación obtuvo una amplia repercusión en Instagram, con más de 29.000 “me gusta” y algo más de 450 comentarios. Entre estos numerosos usuarios señalaron que Iemanjá, orixá de origen africano, debía ser representada con piel negra y no blanca, como aparecía en la ilustración. Como suele ocurrir cuando se abordan cuestiones raciales en Argentina, varias respuestas desestimaron la observación, aunque, sorprendentemente, muchas otras la respaldaron.
Asimismo, diversos comentarios señalaron que Iemanjá es la orixá del mar y no de las aguas dulces, por lo que quizás resultaría más pertinente invocar a Oxum, deidad de los ríos y cascadas. Determinar cuál de las dos orixás correspondería colocar como protagonista del reclamo requeriría una disquisición teológica de difícil resolución. La presencia de Iemanjá, sin embargo, no sorprende: por motivos que reseñaré brevemente más adelante, se trata de una deidad muchísimo más conocida que Oxum en la sociedad argentina.
Cabe agregar, por otro lado, que: a) Iemanjá (Yemojá) es originalmente una deidad vinculada al río Ogum, en Nigeria; b) la noción de glaciar es completamente ajena a la cosmovisión yoruba original y tampoco forma parte de las cosmovisiones afrodiaspóricas americanas, por lo que la asociación entre ese fenómeno natural y alguna orixá de las aguas solo es posible en contextos donde estas religiones se expandieron hacia territorios de clima frío; y c) la devoción a Iemanjá, al trasladarse a nuevas regiones, también recibió ofrendas en numerosos ríos, como ocurre en el río Guaíba, en Porto Alegre, cuna del batuque que se practica en Argentina. De hecho, en nuestro país, la celebración más concurrida y tradicional tiene lugar en la costa del Río de la Plata, en Quilmes, aunque existen otras festividades significativas en ciudades costeras como Mar del Plata, Mar del Tuyú, Las Toninas y San Clemente, entre otras (ver las numerosas crónicas sobre estos eventos en este mismo blog).

La vineta que Maitena publicó en su Instagram
La crítica de mayor contundencia provino de Maga Pérez (Maga_ArteAfro), artivista afroargentina y autora de la imagen que, al inicio de este texto, contrapuse a la viñeta de Maitena. En una publicación difundida en Facebook y en el portal de noticias de la Agencia Paco Urondo, Maga sostiene:
“Iemanjá es una orixá africana. No es un símbolo decorativo ni genérico: es una figura sagrada, ligada a la historia, la espiritualidad y la resistencia de los pueblos afrodescendientes en América del Sur.
En una ilustración reciente de Maitena Burundarena, Iemanjá aparece representada como una mujer blanca. Esta elección no es inocente: es blanqueamiento y apropiación cultural, una práctica colonial que borra lo afro y reinterpreta identidades y deidades desde una mirada eurocéntrica.
Señalarlo no es un ataque personal, sino una forma de visibilizar cómo estas prácticas persisten en el arte, especialmente cuando no hay escucha ni revisión frente a las críticas de las comunidades afrodescendientes.
Desde mi activismo artístico afrodescendiente, estas representaciones obligan a preguntarse por qué, cuando se trata de lo afro, la violencia simbólica en imágenes e ilustraciones sigue siendo leída como una decisión estética, y no como lo que es: un borramiento ofensivo y grave que debe repararse.
El arte no es neutral: educa. Puede reproducir el racismo o enfrentarlo, y también transformar las representaciones impuestas históricamente sobre pueblos enteros.”

Claves del contexto social: la omisión de Maitena refleja (y reproduce) el anti-antirracismo argentino
1) El hecho de que Maitena recurriera a la figura de Iemanjá evidencia una tendencia más amplia: la creciente popularidad de la orixá en la cultura argentina, incluso por fuera de las comunidades afrorreligiosas. En otro texto he analizado los múltiples “usos de Iemanjá” en nuestra cultura —como figura protectora en altares de religiosidad popular y «curanderismo»; emblema en indumentaria juvenil «original»; motivo en el arte visual contemporáneo y atractivo turístico (no exento de connotaciones devocionales) entre argentinos que viajaron a Brasil o Uruguay—, lo cual probablemente potenció su interés entre personas sin vínculo con las prácticas religiosas afro locales. Iemanjá se ha convertido en una especie de “Virgen cool”, apropiada de maneras diversas por segmentos etarios, sociales y culturales muy distintos de aquellos en los que se reproducen localmente la umbanda, el batuque y la quimbanda (mayoritariamente en sectores medios, medio-bajos y bajos del conurbano bonaerense). Su apropiación por parte de sectores juveniles y artísticos de clase media y media-alta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no está exenta de evaluaciones críticas que exceden este texto. Sin embargo, que esta apropiación sea frecuente no la vuelve inocua: el problema no es solo que Maitena reprodujera esa imagen, sino que, con su capital cultural y su trayectoria activista, estuviera en condiciones de hacerlo de otro modo y no lo hiciera.
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2) Es evidente que lo más apropiado habría sido representar a Iemanjá como una mujer negra.
Es cierto que en los propios altares umbandistas y batuqueros de Argentina, así como en la mayoría de los templos afrorreligiosos brasileños, ha predominado históricamente la imagen “tradicional” que la representa con piel blanca. Pero esa tradición no es un dato natural: es ella misma producto del blanqueamiento y la colonialidad. En la última década, estas representaciones han sido fuertemente cuestionadas por las propias comunidades afrorreligiosas, y han comenzado a circular nuevas imágenes con piel negra en las santerías del Cono Sur. Que Maitena pudiera ignorara estos debates no la exime: su ignorancia, lejos de ser neutral, es sintomática de los límites de un progresismo que celebra la diversidad cuando no le exige revisar sus propias prácticas.

Iemanjá africana en la fiesta que anualmente organiza el Babá Hugo de Iemanjá en Mar del Plata
3) El hecho de que Maitena sea una activista LGBTIQ+ y cercana a otras causas progresistas vuelve aún más elocuente su omisión: evidencia la escasa relevancia que el activismo local continúa otorgando a la cuestión racial. Este panorama ha comenzado a modificarse en los últimos años gracias al esfuerzo incansable de activistas afroargentinos y afrodescendientes, quienes han logrado incorporar demandas antirracistas en el movimiento #8M y en otras movilizaciones. No obstante, dichos cambios aún no parecen haber permeado el sentido común de buena parte de lxs militantes, que, en sintonía con la imagen idealizada de una Argentina blanca, persisten en negar la existencia local del “problema racial”. Como señala la propia Maga ArteAfro en un comentario de Facebook, la militancia local puede fácilmente devenir en “adoradora de la diversidad de sí misma”, sin incluir a lxs cuerpxs marrones y negrxs. El caso de Maitena, por lo tanto, no es una excepción: continúa siendo la regla.

Presencia afro y reclamos antirracistas en la marcha del 8M (foto IG Juan_aguilucho)
4) Lo que resulta más preocupante es que Maitena no haya ensayado una disculpa.
Lo más grave, en mi opinión, no fue la ilustración en sí, sino su negativa a rectificarse. Maitena no ensayó una disculpa —ni siquiera un “es cierto, me equivoqué, lo lamento”— ni, menos aún, enmendó su error mediante la reelaboración de la viñeta con una Iemanjá negra. Quizás, solamente la publicación de un dibujo suyo de una Iemanjá negra hubiera bastado. Por el contrario, el único comentario público que realizó en redes sociales consistió en apoyar a una persona que denostaba a quienes la criticaban. Alguien escribió: “nunca leí a nadie quejándose de que Jesús no es rubio, manga de nabos… más vale que si es africana es negrx, perdón que les moleste el uso de la palabra”. A lo que Maitena respondió: “jaja, muy buen argumento, me gusta, gracias!”. Esta aprobación no fue un desliz: fue una toma de posición. Con esa respuesta, Maitena no solo desoyó los comentarios críticos de las afrodescendientes, sino que avaló pública e imperdonablemente su ridiculización («manga de nabos«; «perdón que les moleste el uso de la palabra negrx«). Reprodujo así una tendencia mayoritaria y alarmante en las redes sociales argentinas: toda denuncia del racismo local es sistemáticamente desautorizada, escarnecida o acusada de importar problemáticas foráneas.
Estamos, así, ante un fenómeno local de anti-antirracismo profundamente naturalizado y festejado, y Maitena contribuyó a celebrarlo y sostenerlo.

(agradezco a CaritoSaga por esta captura de pantalla que colocó en el muro FB de Maga_ArteAfro)
5) Algunos comentarios celebraron que la humorista hubiera transformado a Iemanjá en “una de sus Maitenas”, otorgándole los rasgos característicos de los personajes femeninos de sus tiras. Podría argumentarse, en esa línea, que dicha operación facilitaría la identificación de sus lectoras con una Iemanjá “maitenizada” antes que con una persona negra. Sin embargo, esta interpretación no hace sino profundizar la invisibilización y la alterización extrema de las personas negras: no sería posible una “Maitena” negra porque ello excedería el universo de experiencia supuestamente común a sus seguidoras. Esto, lejos de ser neutral, reproduce una percepción errónea y racialmente excluyente. Como advierte Maga ArteAfro, “el arte no es neutral: educa. Puede reproducir el racismo o enfrentarlo y también transformar las representaciones impuestas históricamente sobre pueblos enteros”.

Viñeta de Maitena
Con su nula receptividad a la crítica antirracista, y especialmente con su celebración de quien insultaba a sus críticos, Maitena no solo ha optado por continuar reproduciendo la (falsa y racista) presunción de que las personas negras se hallan por fuera de la experiencia colectiva de la nación argentina: la ha reforzado activamente.
Agradezco a Maga ArteAfro por haber llamado mi atención al incidente, así como por su texto y bella obra sobre Iemanjá (negra). Agradezco también a la Iyagan Eégúnfemi Judith Ti Yemoja por sus comentarios críticos a una versión anterior de este trabajo.










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