Hacer trabajo de campo en una rave católica

por Agustina Altman y Alejandro López (Equipo de Antropología de la Religión, ICA-UBA/CONICET)

Los grandes eventos públicos suelen condensar procesos sociales que en otros contextos aparecen dispersos. El homenaje al papa Francisco encabezado por el Padre Guilherme Peixoto en Plaza de Mayo fue uno de esos momentos. Convocó a cientos de miles de personas y reunió en un mismo espacio a grupos que rara vez parecen verse juntos: scouts, monjas, grupos parroquiales, jóvenes atraídos por la música electrónica, militantes, familias, organizaciones sociales y personas que simplemente se acercaron por curiosidad. En una Argentina atravesada por las dificultades económicas y por una oferta cada vez más limitada de eventos masivos y gratuitos, la convocatoria adquiere un interés particular. Más allá de las motivaciones religiosas o musicales, la experiencia pareció poner en juego algo que atraviesa muchas de las escenas registradas en estas crónicas: el deseo de participar de un acontecimiento colectivo, encontrarse con otros y formar parte, aunque fuera por unas horas, de una experiencia compartida.

Las crónicas que siguen son el resultado de una experiencia colectiva de iniciación al trabajo etnográfico realizada por estudiantes integrantes del Círculo de Estudiantes de Antropología de la Religión (CEAR), espacio que forma parte del Equipo de Antropología de la Religión. Durante los últimos meses, junto a Alejandro López, hemos venido trabajando con este grupo particular de estudiantes en torno a las herramientas, preguntas y desafíos que plantea la investigación antropológica de los fenómenos religiosos contemporáneos.

La visita del Padre Guilherme nos pareció una oportunidad privilegiada para realizar una primera experiencia de trabajo de campo. La convocatoria prometía reunir a decenas de miles de personas provenientes de trayectorias, sensibilidades e identidades muy diversas. Para un grupo de quince estudiantes que comenzaba a explorar las prácticas de observación participante y entrevista etnográfica, el evento ofrecía condiciones excepcionales: un espacio público masivo, una gran heterogeneidad de asistentes y una propuesta difícil de clasificar en categorías convencionales.

¿Se trataba de una celebración religiosa, una fiesta electrónica, un homenaje, una experiencia espiritual o todo eso al mismo tiempo? Más que buscar respuestas definitivas, el desafío consistió en registrar preguntas, conversaciones, encuentros y escenas. Divididos en pequeños grupos, los y las integrantes del CEAR recorrieron la plaza y sus alrededores, conversaron con participantes, observaron interacciones y tomaron notas sobre aquello que les llamaba la atención.

Las crónicas reunidas aquí son el resultado de ese ejercicio. A través de distintas voces y miradas reconstruyen un acontecimiento que puso en contacto mundos que suelen pensarse por separado: la religión y la cultura juvenil, la devoción y la fiesta, la memoria de Francisco y las formas contemporáneas de habitar el espacio público. Al mismo tiempo, dan cuenta de una dimensión central del oficio antropológico: la disposición a escuchar, observar y dejarse sorprender por aquello que no encaja fácilmente en nuestras categorías previas.

Leídas en conjunto, estas crónicas muestran que un mismo acontecimiento puede ser vivido de maneras muy diferentes. Para algunos fue un homenaje al papa Francisco; para otros, una fiesta electrónica, una experiencia espiritual, una oportunidad de encuentro o simplemente una noche singular en la Plaza de Mayo. Precisamente allí radica el valor de la etnografía: no en ofrecer una única interpretación de lo ocurrido, sino en acercarnos a la diversidad de experiencias, sentidos y emociones que conviven en un mismo tiempo y lugar.

 

1.»Respect the vibe«: el Padre Guilherme en el homenaje al Papa Francisco

por Sumah Kralj

«Respect the tribe, respect the vibe» se leía en gigante en las pantallas mientras a mi alrededor la gente se empujaba y se insultaba. Un hombre de unos cincuenta años, pelado y con lentes redondos, vestido de sotana, era el centro de un escenario enorme que tapaba por completo la Casa Rosada. Era el sábado 18 de abril y estábamos en la Plaza de Mayo: doscientas mil personas reunidas para el homenaje al Papa Francisco a cargo del Padre Guilherme, cura, capellán militar y DJ portugués de Melodic Techno que se viralizó tocando en festivales masivos, mezclando campanas y aleluyas entre los bombos.

Vine con el Círculo de Estudiantes de Antropología de la Religión a hacer trabajo de campo. Este acontecimiento me parecía, de entrada, inclasificable. Previo al evento investigué las redes: en las convocatorias aparecía nombrado como «misa», «rave», «fiesta» y «homenaje» según quién lo difundiera. Me pregunté si «misa» se usaba en el mismo sentido que los fans de Los Redondos aclamaban «las misas ricoteras» o si, efectivamente, terminarían repartiendo ostias. En las redes, las alusiones a drogas a través de símbolos católicos, era abundante y se tomaba con humor.

Llegué tarde, eran las 19.30 y seguía dando vueltas por las laberínticas calles del centro que estaban cortadas y valladas. No pude encontrarme con mis compañerxs del CEAR. Caminé por Avenida de Mayo tratando de leer el paisaje: abanicos (elemento clásico de la cultura rave) con los colores del arcoíris, símbolo del movimiento LGTB en manos de cuerpos cuyos torsos también llevaban rosarios. Banderas argentinas. Pañuelos y stickers con la cara del Padre Guilherme. Personas con remeras de Acción Católica Argentina. Grupos Scouts, como el Sagrada Familia de Lanús. Pantallas LED con un código QR para donaciones a Miserando, la ONG organizadora, con el Gobierno de la Ciudad y diversas empresas como sponsors. El evento tenía capas que no terminaban de resolverse en una sola imagen.

A la altura del Cabildo, dos hombres se abrieron paso entre la multitud, en sentido opuesto al escenario, cargando una virgen. Un compañero me contaría después que esa virgen tenía inscripta la cifra 30.000. La Plaza de Mayo no es un espacio neutro: esta vez no había agrupaciones políticas ni discurso presidencial, pero la memoria aparece igual, en los objetos y en los cuerpos.

El show empezó puntual, a las 20hs, con videos del Papa Francisco en los que se repetían frases que invitaban a «salir a la calle», a «hacer lío», a acercarse al otro, a jugársela. Lejos de tener el público de una rave, donde la gente pide «permiso» para pasar, donde rige la histórica consigna PLUR (Peace-Love-Unity-Respect), este homenaje convocó un público mayormente adulto, familias, y reinó el empujón como manera práctica y eficiente de abrirse camino y habitar la muchedumbre. La distancia entre lo que proponía la pantalla y lo que ocurría entre los cuerpos era perfecta e involuntaria. Mientras Francisco decía “no le saquen el cuero al de al lado”, escuchaba a una mujer decir “¿Esta que se cree?¿que se compró la calle?”

A la vez que dos cruces gigantes de LED se desplegaban a cada costado del escenario y la visual de una paloma blanca simulaba su vuelo en plena plaza de Mayo, me moví para salir de entre tan asfixiante cantidad de gente con tal suerte que me encontré a una amiga entre los desplazamientos azarosos de la multitud. «Cómo convoca el cura», me dijo agitada. Pensé: el que convoca es Francisco. Pero después entendí que era más complicado.

Una vendedora me lo resumió sin buscarlo. Le pregunté si era católica. «Obvio», dijo. Le pregunté quién convocaba tanto, si el “Cura Dj” o Francisco. «Los dos convocan”. Sobre qué le parecía el evento, respondió: «Se necesitaba hablar del papá. Ver a las familias». Después de hablar con ella seguí mi camino hacia la Av 9 de Julio. “No estaba entre tanta gente desde la última procesión”, dijo una chica que pasó al lado mío entre apretones.

A dos cuadras del Cabildo, la acumulación de gente seguía siendo extraordinaria. Me detuve a contemplar a un grupo de jóvenes que estaban sobre el techo de un puesto de diarios bailando al mejor estilo raver. Y es que en esa ensalada simbólica convivían la liturgia católica con elementos de la cultura techno-rave, mientras por momentos sonaba Queen o Bad Bunny, y las familias bailaban.

Agustín estaba prendiendo un porro cuando pasé a su lado. Me vio mirarlo y me ofreció. Aproveché su ofrecimiento para acercarme y conversar. Le pregunté qué lo había traído. «La electrónica», dijo primero. Le pregunté por Dios y entonces se abrió: más de diez años en tratamiento por consumo de diferentes drogas, entre ellas paco, situaciones en su vida en las que sobrevivió de milagro. Me dijo que cuando quería consumir sentía una presencia maligna que lo empujaba a hacerlo, y que Jesús era lo contrario: un abrazo que lo sacaba de ahí, hizo el gesto, rodeando al chico que lo acompañaba. Cuando me fui le agradecí la conversación. Él me agradeció a mí: «qué bueno que me preguntaste, porque era de lo que realmente tenía ganas de hablar».

Ahí entendí que el que convocaba no era solo el cura ni solo Francisco, tampoco el fenómeno viral. Convocaba la necesidad de encontrarse con otrxs que creyeran lo mismo. Y eso, para mucha gente que estuvo ahí, no tenía nada de bizarro ni de anecdótico.

Me fui de la Plaza de Mayo con la certeza inesperada e irónica de que Dios nunca murió.

 

2. La Rave en conmemoración a Francisco, un paisaje heterogéneo

por Antonia Plebani y Santiago Renner

Llegamos al punto de encuentro de Plaza de Mayo aproximadamente a las 18:35, frente al Cabildo, donde teníamos planeado con el resto de los compañeros del CEAR juntarnos a las 19:00. Mientras que algunos se quedaron en ese lugar hasta que llegaran todos, Santiago decidió salir a explorar el campo.

Se encontró con un joven de veintipico, con quien pudo entablar charla informal. Este joven no era del AMBA, sino de Misiones, por lo que vino solo. Notablemente, había cierta espontaneidad tras su motivación de ir: contó que no sabía quién era Guilherme y que se había enterado del evento por televisión el día anterior. Dijo no tener experiencia previa en raves ni estar particularmente interesado en la música electrónica en sí. Sus motivaciones sí tenían, sin embargo, un tinte que podría ser llamado espiritual, ya que dijo ser cristiano (aunque explícitamente dijo no ser de una corriente en particular tal como el catolicismo).

En su camino de vuelta al punto de encuentro del CEAR, Santiago se encontró con dos hombres con pecheras de color naranja fosforescente que llevaban en letras negras la designación de “orientadores”. Gente vestida de tal forma fue también observada estando presente en otros lugares de la rave, particularmente en puntos donde se delimita el espacio. Con respecto a estos dos orientadores que encontró, dijeron que estaban ahí para ayudar a organizar, pero al presentarse como estudiante de antropología, estuvieron dispuestos a conversar sobre el evento en sí. Una cosa que le llamó a Santiago la atención es que uno de ellos, en tono conspirativo, le dijo que la rave de Guilherme no era la “forma” de conmemorar a Francisco, diciendo:  “y, para que vengan todos acá a bailar y a drogarse… conmemorar a un Papa, ¿a vos te parece?” Es interesante que alguien involucrado directamente con la organización del evento manifestara tan libremente esta opinión, ¿estaban ahí como voluntarios o por trabajo remunerado? ¿No compartían el mismo entusiasmo que otra gente?

Una vez que Santiago volvió, ya había llegado la mayoría del CEAR, así que se decidió comenzar la experiencia de campo dividiéndonos en parejas. Esta estuvo orientada a hacer todo el uso posible del momento previo al inicio de la rave para poder conversar sin ruido y, de hecho, la mayoría de los encuentros registrados son, con una excepción, de ese momento previo a que Guilherme diera comienzo a su música.

El siguiente encuentro que nos interesa para destacar fue el que tuvimos con tres jóvenes miembros de la agrupación católica “Pastoral Universitaria”. A diferencia de los orientadores, Vale, Emilia y Sofia, tres jóvenes de veintipico, concebían positivamente la propuesta del evento desde su posición tanto de personas jóvenes que han asistido a raves en el pasado, como de participantes activas de una agrupación de jóvenes cristianos universitarios. En palabras de Emilia, Guilherme encontró en su música una manera de “tender un puente… para acercar gente de Europa, y del mundo [a la iglesia]”.

Tanto ella como sus amigas manifestaron que este encuentro les parecía una buena manera de mostrar a una iglesia “más copada”, ya que “[ésta] tiene una estructura que avanza lento”, mientras que la gente “avanza y retrocede más rápido”. Además, explicitaron su deseo de que vaya gente no cristiana a la rave como una forma de acercamiento a la fe. Sofía, por su parte, afirmó que la “fe se vive mucho desde la música” y que “hay mucho prejuicio sobre la electrónica”. Como persona que ha asistido a algunas raves, observó sobre la aprehensión que muchos manifiestan respecto al género musical, el ambiente y los consumos a los que se asocia, cuando en realidad, dice, “drogas hay en todos lados”, y destaca la existencia de códigos al interior de las comunidades de ravers. Concluyó que “hay una combinación, prejuicios de los católicos y prejuicios por la electrónica… se encuentran, y se forma esto”.

Sobre la figura de Francisco, a quien este evento conmemoraba, las tres coincidieron en que esta rave sigue su mensaje, ya que se refirieron a él como “muy disruptivo … [ya que] decía que la iglesia es de todos, todos, todos”; aparentemente valorando de manera positiva la heterogeneidad concretada en el evento. Ellas parecían haberse acercado al evento desde una perspectiva de disfrute de la música y la celebración para conmemorar a Francisco, una experiencia que más tarde vimos compartida (pero con un matiz importante) por un interlocutor de otra agrupación que mencionaremos más adelante.

A medida que se iba aproximando el principio del evento, nos encontramos con un joven que vino con sus dos amigas. Luego de presentarnos como estudiantes, nos explicó que se enteró del evento por redes sociales y que su interés era solo musical, algo que contrasta con nuestras interlocutoras de la Pastoral. Curiosamente, no tenía una opinión explícita sobre el Papa Francisco, el Padre Guilherme ni de la Iglesia Católica. Sin embargo, usó su marco de referencia experiencial en raves para darnos recomendaciones a nosotros que no habíamos asistido a una nunca antes; contraindicándonos el consumo de sustancias en nuestra primera rave, rechazar envases previamente abiertos y asegurándonos que la conducta de los asistentes a su parecer no iba a ser conflictiva, diciéndonos “nadie [los] va a molestar, cada uno está en la suya”.

Dado a nuestro poco conocimiento de raves, este encuentro nos permitió ver el aspecto del evento más del lado de la electrónica, las que tienen sus propias normas y cuidados implícitos que hay que seguir.

Bastante tiempo después, con la música ya a pleno, se concretó nuestro último encuentro con una agrupación, se trataba de algunos miembros del programa católico de rehabilitación de adicciones “Familia Grande Hogar de Cristo”. Ellos eran hombres de mediana edad y adultos jóvenes acompañados por un sacerdote. Hablamos con tres de sus miembros, quienes vestían pecheras amarillas, que contaron que eran de Ciudad Oculta, Mataderos. Por nuestro lado, nos llamó la atención descubrir que fueran un grupo de personas en recuperación, ya que se trataba de un espacio en el que muchos de nuestros interlocutores habían dicho explícitamente que circulaban drogas y alcohol. Este tema fue algo que surgió en la conversación, ya que un interlocutor dijo que  lo “mata[ba]” que “anden pasando con cerveza y todo”, refiriéndose al evento como una “prueba”. También remarcó que estaba sobrio hace tres meses y, mientras estaba siendo preguntado acerca de sus sentimientos en la rave, se expresó: “en cualquier momento revoleo la pechera”. En esta persona nos pareció notar una tensión entre su voluntad de disfrute y lo que implicaba su presencia en este ambiente para su rehabilitación.

Nos fuimos del evento con la sensación de que habíamos presenciado parte de la coexistencia, a veces contradictoria, a veces complementaria, de grupos inmersos en una colectividad heterogénea. Entre las ganas de conmemorar, de vivir lo espiritual o de encontrarse y disfrutar, muchas fueron las motivaciones y emociones que motorizaron a la audiencia del evento. ¿Qué es aquello que se genera entre los cuerpos que viven este momento y hace que estas expresiones convivan aún con sus tensiones? ¿Es una sola cosa o una pluralidad? ¿Podrían convivir en otro lado?

 

3. Crónica DJ Padre Guilherme Peixoto

por Joel Márquez y Emiliano Simes

La cita era a 19 hs en la esquina del Bar Pertutti, en Plaza de Mayo, ahí nos encontramos con los compas del CEAR (Centro de Estudiantes de Antropología de la Religión) para realizar nuestra primera salida etnográfica juntos. La propuesta era registrar lo que pasara en el evento con fotos, videos, entrevistas, charlas y/o registrar lo vivido. Nos dividimos en parejas, y luego de un breve y conciso coacheo de los profesores Agustina y Alejandro, salimos para ver qué pasaba. La performance del dj Padre Guilherme iba a ser masiva, mucho ruido, gente por todos lados y música fuerte. ¿Cómo registrarlo? Era la pregunta del millón. Nosotros optamos por caminar hacia la zona de la Catedral, comprendida entre la calle San Martin y Diagonal Norte, y documentar lo que sucedía allí. Durante la recorrida notamos una gran diversidad de grupos sociales, desde colectivos religiosos identificados con remeras o banderas, familias con hijxs, ancianxs, grupos con consignas de tipo político hasta comunidad LGBTIQ+, jóvenes que venían a una fiesta electrónica, cristianos evangélicos, etc. La crónica que realizaremos a continuación buscara indagar en la composición de los convocados y del porque estaban allí.

Eran las 19:30 y encaramos hacia la catedral, todavía era temprano y se podía caminar, nos cruzamos con un grupo que llevaba una virgen montada en dos tirantes con la inscripción “Fuerza Pablo Grillo”, la llevaban en los hombros como en una procesión eran un grupo de 10 aproximadamente. [Nos llamó la atención la caravana ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían allí? ¿Eran parte de un colectivo político?], seguimos avanzando y llegando a la catedral, había una pareja de jóvenes de unos 20 años que fumaba y tomaba una cerveza. El pibe tenía una remera con la figura de una virgen, les pedimos tomarle una foto y aprovechamos para charlar. Nos contaron que para ellos era un “evento histórico”, les “flasheaba” que el dj sea cura y aunque no eran católicos les gustaba la religión, pero “no la iglesia”, enfatizaron. La chica nos confesó que “le gustaría creer”, pero que “no le sucede”, los dos acordaban que la religión genera “plenitud”. [¿La conmemoración también interpelaba no creyentes? ¿a algunos les gustaría creer?]

Aprovechando que la tocada todavía no empezaba, charlamos con dos mujeres de unos 50 años, eran católicas y participaban en la organización de Caritas en una iglesia del barrio de Caballito. Les resultaba interesante “la estrategia del cura” usar la música electrónica como modo de “acercar a dios”, había que aggiornarse a la juventud, según ellas. Mencionaron que era importante una “nueva visión del catolicismo” porque éste “estaba muy sucio”. Esperaban al grupo de la iglesia que venían con banderas. [¿Católicas críticas de la iglesia?  ¿Quieren una “nueva visión del catolicismo”?]

Detrás de ellas, vimos unos chicos que estaban vestidos como para una fiesta electrónica. Nos presentamos como a todos los demás, como estudiantes de antropología que estaban haciendo un trabajo para la facultad. Uno menciono que venía solo por el show, y que no le interesaba “la religión”, el otro no dijo nada. Nos sentimos decepcionados con su respuesta, fría y distante, pero ¿porque iban a querer comentar algo más si venían solo por la música? ¿Tal vez para ellos era solo una fiesta electrónica? ¿Pero para todos era solo eso? En otras charlas notamos que, a los participantes, si le interesaba hablar sobre la situación en que se encontraba la iglesia y de la necesidad de que ésta se acercase a la juventud o a “las periferias”, tal como dijo una mujer, citando a Francisco. Su nombre era Justa, trabajaba como guardiacárcel y en su tiempo libre era catequista, lo hacía porque “le interesaba ayudar a los otros”. Tenía unos 50 años y vivía en la Plata, con sus compañeras de culto, salieron antes de una reunión parroquial para llegar a la celebración y no fueron a la misa. Menciono que al cura no le importo y que era momento de “salir a las periferias”. Sobre el show dijo que ayuda a “evangelizar indirectamente”. También que “lo de Francisco es un gancho” y que hay que “cambiar las estrategias e innovar” para captar la atención de los jóvenes

Comenzó la presentación y una voz en off recitaba frases del fallecido Papa Francisco: “Quiero que salgan para afuera”, “No estar encerrados dentro de nosotros mismo”, “La iglesia no puede ser una ONG”, “No más balcones en la vida… Jesús no se quedó en el balcón”, “Quien no vive para servir no sirve para vivir” [Eran frases potentes para la coyuntura Argentina actual. En ese momento el presidente Milei se encontraba en Israel, principal aliado de EEUU, este último hace unos días había “amenazado” al papa León XIV por pronunciarse sobre la guerra. Una pregunta emergía de la heterogénea muchedumbre, ¿Continúa el legado de Francisco?]

La música se escuchaba cada vez más fuerte y los participantes querían acercarse al escenario, mientras nosotros, esquivábamos la multitud buscando un lugar calmo. Pasaron unos jóvenes que parecían parte del colectivo LGBTIQ+, por como estaban vestidos y maquillados, tuvimos una pequeña charla y nos dijeron que vieron la promoción del evento en TikTok, les parecía buena la música y “creían en Dios”, pero eran cristianos evangélicos. [¿Por qué había evangélicos en un homenaje a un Papa Católico fallecido?]

Mientras nos resguardábamos de la multitud enfervorizada, una mujer nos comentó que vieron la promoción en Instagram, y que su hija quería venir porque era “re católica”. La madre decía “creer en todo”, y que era una persona de “mucha fe”. Menciono, que Dios se las arreglaba para llegar siempre y que era importante el “mensaje de paz y de Dios” del padre Guilherme. La niña de unos 12 años, mientras dialogábamos con su madre, levantaba la mano de manera reiterante para hablar como si estuviera en el colegio, nos dijo que la música le gustaba porque “sale de lo normal” y “no tiene arpas”, como toda la música religiosa, y el show le parecía importante porque “atrae a los ateos”. Para la madre era fundamental que “la gente” haya venido, porque “el pueblo se fue de la iglesia”. También enfatizo que las misas más populares fueron cuando Francisco estaba presente, y que los espacios religiosos empezaron a ser más diversos, como en su iglesia del barrio de la Boca, que participan fieles trans.

Eran las 21:30, y emprendimos la vuelta hacia el punto de encuentro en el “Mostaza” de 9 de julio y av. de mayo. En el camino vimos un hombre que cargaba con una gran virgen sobre sus hombros, tenía inscripto en su base “30.000”, le pedimos sacarle una foto y aprovechamos a preguntarle por la inscripción, el señor emocionado, dijo con voz muy suave como susurrando un secreto: “hoy están acá”.

Mientras llegábamos al punto de encuentro, una mezcla de sensaciones se apoderó de nuestros cuerpos, el eco de la música electrónica sumado al sentimiento de haber estado en comunitas, con una multitud vibrante y diversa, nos dio la impresión de que el legado del Papa Francisco sobre un catolicismo “periférico”, y “abierto” al pueblo todavía disputa el espacio público.

 

4. Dj Padre Guilherme, catolicismo y techno: Cruces de juventudes en Plaza de Mayo.

por Violeta Núñez y Malena Safar

Tomé el subte B hacia Alem con la intención de bajarme en la estación Florida, todo el camino jugué en mi cabeza a adivinar si las personas estaban yendo al mismo evento que yo en Plaza de Mayo. Eran las 18:45, a las 20hs empezaba el set del Dj Padre Guilherme en la plaza más importante de la Capital Federal. Desde mi escaso conocimiento del mundo católico y del mundo dj-techno-fiestas electrónicas traté de imaginarme con qué me iba a encontrar. Vi dos chicas vestidas enteramente de negro con los ojos delineados y botas, ¿podían ellas estar yendo a ver al dj? De todos modos era temprano todavía.
Me bajé del subte y caminé las cuatro cuadras que separan la estación de la plaza. Llegué a la plaza alrededor de las 19 y ya estaba repleta. Me costó atravesar la multitud para llegar al punto de encuentro. Después de saludar al resto del equipo nos dividimos en parejas para recorrer el espacio y hacer el trabajo de campo. Tomó unos segundos entender dónde estábamos paradas y dimensionar el espacio; cómo estaba armado, hacía donde ir, con quién hablar.

Muy por encima, se veían a lo lejos banderas que parecían unir grupos organizados, algunos globos y más de una remera del papa Francisco. Una hora antes de dar comienzo al show nos cruzamos con cuatro monjas sentadas en la vereda, con sus hábitos y velos llamaban la atención de todos los asistentes. Antes de poder hablarles tuvimos que esperar que dos personas distintas se acerquen a pedirles fotos; en aquel evento religioso, las intrusas (o exóticas) parecían ser ellas. Quedamos solas con ellas y nos sentamos en la vereda, estaban comiendo bizcochitos y cebando mate. Las cuatro eran de mediana edad, una era algo más joven. Los hábitos eran grises y blancos y tres de ellas usaban anteojos. La más anciana, la que sostenía los bizcochitos nos invitó a sentarnos con una sonrisa. A lo largo de nuestra conversación con ellas varias personas se frenaron a pedirles fotos pero no les hablaban, se sacaban una selfie con ellas y se iban. Como si fuesen parte del atractivo
bizarro del evento.

Las cuatro pertenecían a la misma congregación, “Nuestra señora de la misericordia”, aunque cada una había venido de una iglesia distinta. Se organizaron a nivel personal para ser testigos de algo que consideraban, al igual que otra gente que conversaba del tema, un hecho histórico. Todas coincidían en que un homenaje a Francisco rodeado de juventud es más que coherente con su legado, el evento al que a él mismo le hubiera gustado asistir. En este sentido, el padre Guilherme es reconocido por su innovación para unir la música electrónica con Dios, acercando a los jóvenes de una manera distinta.

Segmento de la conversación con las monjas, nos presentamos:
Somos estudiantes de la carrera de Antropología de la UBA y vinimos a este evento a ver de qué se trata el dj cura Guilherme, quiénes participan, por qué vienen a verlo, esas cosas”.

Las hermanas Cinthia, Celeste, Cristina e Hilda nos contaron que ya conocían al Padre Guilherme de la Jornada Mundial de la Juventud y que se enteraron del evento a través de un programa de streaming.

La que más nos hablaba era Cristina, la monja de los bizcochitos. Nos explicó que estaban ahí porque encontraban muy interesante la propuesta del dj de acercarse a los jóvenes, que les gustaba la mezcla de personas (religiosas y no religiosas). Que por más que no sea música que ellas escuchen les gustaba hablar con gente nueva y que la gente se acerque. Celeste agregó que les gustaba la figura del papa Francisco, que también estaban ahí por él, por su trabajo social con los pobres. Cristina nos preguntó si habíamos ido a Luján. Le dijimos que no. Nos recomendó la experiencia porque “es como esto, conocés gente nueva y hablás con gente nueva, hay mucha mezcla”.

Les preguntamos si no les parecía al resto de su congregación polémico este evento y nos dijeron que sí, que “no vendría la hermana de 90 años” pero igual “lo veían por la tele y les parecía divertido”.

Les agradecimos por el mate y la charla y seguimos camino. Nos empezamos a dar cuenta que predominaba la gente que iba al evento a bailar, por la música, por la movida y la experiencia. No predominaba la gente necesariamente religiosa pero sí se hacían notar; muchos llevaban carteles o banderas de sus organizaciones, remeras o hasta disfraces.

Vimos un grupo de chicos vestidos con remeras naranjas que decían algo relativo a su escuela o grupo religioso, uno de ellos estaba disfrazado de alguien; no sabíamos de quién. El disfraz era de lo que asumimos un cura o padre o santo con una sotana negra y la cabeza era enorme y canosa (seguro el disfraz pesaba y quien estaba debajo se debía estar muriendo de calor). Nos acercamos a hablarles. Nos contaron que eran de una organización de escuelas de Don Orione (el santo que desconocíamos y de quién estaba disfrazada la persona), un santo relativamente contemporáneo italiano que era alzado en banderas y cantos. Nos contaron que su Santo representaba a los discapacitados y que en vida había construido varias escuelas en Argentina.

La gente religiosa con la que pudimos charlar, conmovida por el papa Francisco o por los Santos de su devoción, estaban ahí buscando algo, queriendo bailar, charlar, hacerse ver. Escuchamos otras conversaciones de personas conmovidas por el evento a nivel religioso, con la emoción de homenajear a un papa recordado con amor y respeto. Cuando empezaron a transmitir los discursos de Francisco, vimos como personas vestidas de fiesta (que parecían estar ahí más por la música que por el papa) escuchaban con atención y parecían estar emocionadas por estar ahí. Cuando empezó a tocar Guilherme, la plaza fue un estallido de aplausos y emotividad. Las frases más contundentes como “Pateen para adelante, construyan un mundo mejor” sonaban amplificadas mezcladas con sintetizadores e imágenes de Francisco en la calle, en las escuelas, en las villas, con las Madres de Plaza de Mayo.

La selección de imágenes del papa Francisco y la selección de frases no parecían azarosas, eran las más fuertes, polémicas e interesantes. Católicos y no católicos fuimos interpelados por un mensaje unificador, las diferencias entre el grupo de adolescentes boyscout con los pibes vestidos de negro y cuero para bailar techno parecieron disolverse. En una misma fiesta convivieron parejas homosexuales y monjas. Y todos bailamos un buen rato. Después del evento nos quedaron resonando varias preguntas, para profundizar en una reflexión más extensa a futuro.

¿Por qué este evento convocó a tanta gente? ¿Qué movió, qué mueve a la gente aunque no sea religiosa a juntarse a bailar en la plaza con un dj cura? ¿Cambió algo? ¿Qué quiere esa gente? ¿Qué nos hace falta; más eventos colectivos, bailar más, masividad, espiritualidad, acceso a la cultura, uso del espacio público? ¿Quién es para la Argentina el papa Francisco, qué nos conmueve a los argentinos, qué nos hace bailar?

 

5. Crónica de un Lío Anunciado

por Tomás Navatta y Diego Figueroa

Inmersos en una marea humana, miramos la gente que se encontraba a nuestro alrededor: niños y ancianos, jóvenes y adultos, familias enteras, personas disfrazadas, vendedores de bebidas y comidas; todos bailando, cantando y hasta sumidos en estados de éxtasis. ¿Acaso Argentina había salido nuevamente campeón, y el pueblo se agolpaba en las calles para celebrar y entregarse a un jolgorio descontrolado?

No, en esta oportunidad no fue el fútbol, esa pasión de multitudes que conforma el ADN argentino, lo que provocó dicha aglomeración de gente, sino un show de música electrónica a cargo de un personaje muy particular: un cura DJ.

En efecto, el sábado 18 de abril se realizó en la Plaza de Mayo un homenaje al Papa Francisco, al cumplirse el primer aniversario de su muerte. El evento fue protagonizado por el Padre Guilherme Peixoto, un sacerdote católico y disc-jockey portugués, quien se volvió viral desde hace unos años por realizar espectáculos de música electrónica con mensajes religiosos.

Si bien el show comenzaba a las 20 hs., desde algunas horas antes ya se podía ver el color que iba tomando el evento. Una gran cantidad de gente iba llegando y llenando la Plaza, muy heterogénea en cuanto a sus edades, atuendos y clases sociales. Los porteños se mezclaban con argentinos de todas partes del país, e incluso con turistas ocasionales o extranjeros que viajaron exclusivamente para asistir al evento. Hombres y mujeres disfrazados de monjas, de Cristo y hasta de dinosaurios, luciendo aureolas y coronas de flores luminosas, o portando varas multicolores. Vendedores de comida, cerveza y fernet, de camisetas, stickers o abanicos con la imagen del Papa Francisco y el Padre Guilherme. Personas de a pie, sentadas, con bastones y hasta en sillas de ruedas. Y un clima festivo que se sentía por doquier.

El show se inició con un video en pantalla gigante del Papa Francisco, y sus frases retumbaron en la multitud que ocupaba la Plaza y las calles aledañas: “Cuidémonos los unos a los otros”, “No le saquen el cuero a nadie”, “Dialoguen”, “Pateen para adelante”, “Construyan un mundo mejor”, “Acérquense a Dios” y el ya antológico “Hagan lío”, que, al escucharlo, provocó un estallido de algarabía en la muchedumbre. Luego, comenzó el espectáculo con todo su esplendor: la música electrónica a todo volumen, los rayos de luz apuntando por doquier, la intensidad de los reflectores, el humo brotando del escenario, el movimiento de los bailarines y las imágenes de las pantallas. Todo bajo la dirección del Padre Guilherme, que bailaba, cantaba, agitaba los brazos y esbozaba en su rostro una contagiosa sonrisa.

El evento se desarrolló por casi tres horas, en las cuales las personas no dejaron de danzar y cantar, ya sea en las calles, ventanas, en las escalinatas de la Catedral o hasta subidos a los kioscos de diarios.

Sin duda, el show fue una auténtica fiesta, cuyas repercusiones continuaron en los días siguientes, tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales. La masividad del evento fue uno de los aspectos en los que se hizo hincapié: según TN y La Nación asistieron 120 mil personas, según C5N 200 mil y Crónica lanzó un muy optimista millón y medio. Las redes sociales como Instagram se llenaron de imágenes y videos del evento. E, incluso, el periodista Carlos Pagni aventuró un análisis político en su programa “Odisea Argentina”.

Sin embargo, creemos que el análisis quedaría incompleto si sólo pensamos el evento del cura DJ como una curiosidad de la historia (aunque de cierta manera lo es). También es una expresión más del conflicto entre conservadores y progresistas, dos perspectivas distintas en cuanto al rol que debe ocupar la Iglesia. Para llevar adelante esta tarea recabamos observaciones, sensaciones y entrevistas durante el evento, y también traemos la opinión, quizá silenciada, de aquellos que no asistieron por estar en contra, pero sí se manifestaron online vía redes.

Históricamente existieron momentos de mayor y menor apertura de la iglesia como institución, así como también opiniones más conservadoras o más progresistas. No es la primera vez que en la Iglesia hay grupos discrepantes y opositores; sucede desde que Pablo se enfrentó a Cefas-Pedro en Antioquía (Gálatas 2:11,14) hasta nuestros días. No pretendemos hacer una historización, pero es importante tomar en cuenta esa perspectiva para no sorprendernos de que también hoy, ante la nueva imagen de Iglesia que inició Francisco, hayan surgido voces discordantes y críticas fuertemente opositoras a su pontificado y al evento que lo recordaba a un año de su fallecimiento.

Muchas veces las críticas hacia el sector progresista de la iglesia tienen dos dimensiones: una teológica (sobre el cómo son las cosas) y otra más bien política (sobre el cómo deben hacerse las cosas). Proponemos, entonces, ver de forma integral el evento del Padre Guilherme, atendiendo tanto a la reacción de los conservadores y tradicionalistas, contrarios a muchas de las reformas que promovió Francisco, y a los progresistas o reformistas, que apoyan los cambios y que, en general, eran quienes asistieron al lugar.

Entre las posturas desfavorables hacia el evento, están las que lo ven como una perversión o como una degeneración moral. En palabras de un usuario de la red social X, “Lo del ‘cura’ DJ no tiene nada de religioso. Más bien, todo lo contrario. No es muy difícil de entender.” En ese mismo tuit agregó “Leí twits diciendo ‘la juventud se está acercando a la fe’ por ese «espectáculo».”, mostrando su indignación hacia quienes ven ese evento como algo positivo para acercar nuevos fieles.

En ese breve intercambio subyace también la idea sobre cómo se debe buscar o atraer fieles, de un lado, y, como venimos sosteniendo, consideramos que los organizadores del evento creen que el abrir la institución y acercarse a la gente es una manera viable para llevar la fe a la juventud, quizá postergando o no dando tanta importancia al formalismo, aunque priorizando la esencia.

En oposición a esta tendencia se encuentran los indignados, aquellos quienes creen que las formas son muy importantes, apelando a un tradicionalismo prístino. Por ejemplo, otro usuario cita un video del evento y dice, “Eso no es ‘la iglesia católica’, es una fiesta electrónica con algún maquillaje de catolicismo por la temática de las pantallas, con un protagonista que finge de cura pero que su vocación son las bandejas más que los altares”. El mismo usuario, en otra publicación, escribe: “Gracias Dios, este aquelarre moderno no es una misa. La misa es el mismo Sacrificio de la Cruz de Cristo renovado incruentamente. Esto es una rave, una joda, con algún maquillaje de catolicismo. No cambió nada en Argentina con respecto a la verdadera religión”. Creemos que la metáfora del “maquillaje católico”, usada en reiteradas ocasiones, alude justamente a la importancia que le dan los sujetos al formalismo ritual que debe (según ellos) seguir la Iglesia.

La polémica que se desató en redes sociales tiene como protagonista a distintos fieles que comenzaron a dar su opinión sobre el evento ocurrido en Plaza de Mayo. Por un lado, identificamos a aquellos que participaron en el evento: esto se documenta en nuestro trabajo de campo en el lugar. Los discursos a favor que recabamos, en general, postulan que ese “estar con la gente”, esa “apertura de las puertas de la iglesia” es positivo, ya que acerca fieles y amiga a la institución con la cultura popular y sobre todo con la juventud. Esto va muy de la mano con el espíritu del evento, ya que durante el inicio del mismo se proyectaron para las miles de personas que asistimos distintos fragmentos de entrevistas y discursos del Papa Francisco sobre su postura con respeto a lugar de la institución en la sociedad, algo que logró sintetizar de manera muy acertada durante los 12 años de su papado.

Por otro lado, están los detractores del evento, aquellos haters silenciosos del Padre Guilherme que se manifestaron en redes sociales, desde tuiteros anónimos, aunque férreos defensores de las formas, hasta curas youtubers. Es justamente sobre éstos que proponemos tomar también testimonio para tener una mirada integral sobre el asunto.

El Padre Javier Olivera Ravasi, dueño del canal de youtube QNTLC (Que No Te La Cuenten) también se expresó en contra. Dicho canal dedicó un video entero a la figura del Padre Guilherme. Durante una hora se dedica a “desenmascarar” al sacerdote portugués. Algunas de las cuestiones que critica es que Guilherme no predica, no usa la música para predicar el evangelio: según él, “uno debe llevar de alguna manera a Jesucristo, uno entregó su vida para eso”. En el video también expone que el Padre portugués no es lo suficientemente duro con cuestiones como la masturbación, los derechos reproductivos y la libertad de elección sexual, otra de las históricas disputas dadas en el Vaticano. Según el Padre Olivera, es intolerable que un hombre de la Iglesia no sea categórico en penar estos pecados, y se justifica diciendo “yo estoy leyendo catecismo, no es que estoy inventado una doctrina troglodita, fundamentalista. Si no, cambiamos el evangelio si quieren”.

En estos temas queda evidenciado el punto que queremos exponer: uno de ellos se posiciona fervientemente en contra de las cuestiones mencionadas, apelando a las tablas de la ley, a la Biblia y al catecismo de la Iglesia Católica, y el otro se muestra más tolerante. Lo curioso es que varios de los detractores en redes sociales del evento usan este video para justificar su posición.

Otra publicación en X critica abiertamente a José García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires y uno de los promotores del evento: publica una cita donde el actual arzobispo habla a favor del evento y dice que el recital del Padre Guilherme “es un evento serio, que quiere tener un mensaje religioso y, por un canal distinto, llegar a la juventud”. Junto a este texto el usuario comenta: “El arzobispado de BA te asegura que el aquelarre moderno es un espectáculo serio que quiere llegar a la juventud. Este tipo de juicio explica mucho de cómo estamos, parece que hay demonios cegadores. Que el último apague la luz”.

En este sentido, otro usuario comenta sobre la misma cita de García Cuerva: “Hay que tener disforia teologal para poder afirmar que la payasada del cura techno portugués puede tener algún tipo de conexión siquiera remoto con la fe católica”.

En esta guerra de citas y contra citas, videos e indignaciones podemos sintetizar un poco de nuestra propuesta. Por un lado, un recital tech de lo más novedoso, que tiene como objetivo acercarse a la cultura popular y a la juventud. Y, por el otro, aquellos que tienen una mirada reacia sobre el asunto, conservadores que entienden la tradición como algo fijo e inmutable, y claramente un cura DJ no coincide con esa visión.

A modo de conclusión, podríamos decir que, indudablemente, el show de música electrónica realizado en la Plaza de Mayo fue un evento que no pasó desapercibido, quedó grabado en las retinas de quienes asistieron y trajo mucha tela para cortar, tanto por aquellos que quedaron encantados con el mismo como por las polémicas que generó. Si el Papa Francisco llamó a hacer lío, el Padre Guilherme respondió ese llamado y lo armó en Buenos Aires…

Sobre esta rave católica, ver también en el blog DIVERSA la crónica de María Pilar García Bossio.

Alejandro López es astrónomo, antropólogo e Investigador Independiente del Conicet en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Desde 1999, estudia los modos en que los grupos indígenas chaqueños se vinculan, piensan y construyen ideas sobre el cielo.

 

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Agustina Altman

Agustina Altman

Agustina Altman es Doctora en Antropología por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como Investigadora Asistente del CONICET en el Instituto de Ciencias Antropológicas de esa misma facultad.
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