El Niño Dios Futbolista de México: rezando por un milagro Mundial

por Andrew Chesnut (Virgina Commonwealth University)

Mientras México es coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA junto con Canadá y los EE. UU., una de las historias religiosas más intrigantes que surgen del torneo no está ocurriendo en los estadios de Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. Por el contrario, se está desarrollando en la iglesia católica más importante de la nación, la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde una imagen del Niño Dios ha sido vestida con la camiseta de la selección mexicana de fútbol y expuesta tanto para devotos como para visitantes curiosos. Miles de personas han ido a rezar, tomar fotografías y pedir ayuda divina mientras el Tri busca la gloria mundialista.

Para los observadores externos, la imagen puede resultar chocante. ¿Por qué los católicos vestirían al Niño Dios como un futbolista mexicano? Sin embargo, visto a través del lente del catolicismo popular mexicano, la práctica no es sorprendente ni carece de precedentes.

Vestir al Niño Dios

México tiene una larga tradición de adornar las imágenes del Niño Dios con vestimentas que reflejan los anhelos, oficios y preocupaciones de los devotos. En todo el país, las figuras del Niño Dios son vestidas como médicos, policías, peregrinos, santos e incluso, de forma herética, como ladrones de combustible (huachicoleros). La ropa funciona como una oración simbólica que expresa las aspiraciones y ansiedades de los creyentes. En este contexto, vestir al Niño Dios con la camiseta de la selección nacional es simplemente una extensión, en la era mundialista, de una costumbre devocional mucho más antigua.

Lo que hace que el acontecimiento de este verano sea especialmente significativo es que la figura fue trasladada a la Catedral Metropolitana de México tras desatarse una controversia en la pequeña parroquia donde tradicionalmente se exhibía. El sacerdote local se opuso a la práctica por considerarla una falta de respeto, pero la demanda popular finalmente hizo que el «Niño Dios Futbolista» fuera bienvenido en el santuario católico más emblemático del país.

(foto: Crisanta Aguilar/Cuartoscuro.com)

 

Este episodio pone de relieve un tema recurrente en la historia religiosa mexicana: la tensión entre el catolicismo oficial y el popular. Durante siglos, los feligreses mexicanos han creado prácticas devocionales que surgen desde abajo y no desde arriba. Ya sea que se piense en la Virgen de Guadalupe, los santos populares, las fiestas patronales de los barrios o las innumerables devociones locales, los laicos católicos a menudo han tomado la iniciativa a la hora de dar forma a la expresión religiosa. Según el contexto, las autoridades eclesiásticas oscilan entre la aprobación, la tolerancia o la resistencia ante estas innovaciones. Sin embargo, la devoción popular suele demostrar una resiliencia notable.

¿El Niño Dios Futbolista como «inculturación» o» idolatría»?

Desde una perspectiva teológica, sin embargo, la práctica plantea interrogantes importantes. Quienes la critican sostienen que vestir a Jesús con el uniforme de una selección nacional de fútbol corre el riesgo de banalizar lo sagrado. El cristianismo proclama a Cristo como Señor del universo, no simplemente como el defensor de un equipo deportivo nacional. La preocupación radica en que los símbolos religiosos puedan quedar subordinados al nacionalismo, al entretenimiento o al espectáculo comercial.

(foto: Infobae)

 

Los partidarios ven la cuestión de otra manera. Para ellos, la camiseta no reduce a Cristo a un aficionado al fútbol mexicano. Más bien, simboliza el deseo de llevar todos los aspectos de la vida -incluido el deporte- a una relación con lo divino. Si los creyentes rezan por la salud, el empleo, la seguridad y el bienestar familiar, ¿por qué no habrían de rezar también por el éxito de su selección nacional?

Teológicamente, la cuestión gira en torno a la distinción entre «idolatría» e «inculturación». ¿Está la camiseta transformando la religión en fanatismo deportivo, o está expresando la fe a través de un símbolo culturalmente significativo? Como se vio con el traslado del Niño Dios Futbolista de una iglesia a otra en la Ciudad de México, los católicos expresarán una diversidad de opiniones, pero el debate mismo revela la naturaleza dinámica de la religión vivida.

Niño Dios Azteca (foto Alejandro Linares García)

¿Han hecho esto otros países?

La respuesta es sí, aunque pocos ejemplos han recibido tanta atención como este. En toda América Latina, las estatuas de santos e imágenes marianas han sido vestidas ocasionalmente con los colores nacionales durante las Copas del Mundo y otros grandes acontecimientos deportivos. En Brasil, Argentina, Colombia y otras naciones futboleras, las iglesias locales y los devotos han adornado a veces las imágenes religiosas con bufandas, cintas o camisetas asociadas a las selecciones nacionales. Sin embargo, el Niño Dios Futbolista de México parece ser distintivo porque representa una tradición devocional de larga data y no un truco publicitario de una sola vez. La costumbre se remonta a la primera vez que México fue sede de la Copa del Mundo en 1970.

Fútbol católico

La trascendencia social de esta práctica puede ser incluso mayor que sus implicaciones teológicas. Los Mundiales funcionan como rituales modernos de pertenencia nacional. Crean momentos en los que millones de personas experimentan un sentido de identidad colectiva que trasciende las divisiones políticas, las desigualdades económicas y las diferencias regionales. En un país a menudo fracturado por tensiones políticas y sociales, el fútbol ofrece una oportunidad inusual para la unidad simbólica. El Niño Dios Futbolista representa, por tanto, la fusión de dos poderosas fuentes de la identidad mexicana: el catolicismo y el fútbol.

Hoy en día, ninguna de las dos instituciones cuenta con la lealtad universal que alguna vez tuvo. México se ha vuelto cada vez más diverso en lo religioso, y las generaciones más jóvenes suelen relacionarse de manera diferente tanto con la iglesia como con la nación. No obstante, la imagen del Niño Dios con la camiseta del Tri evoca un vocabulario cultural compartido que sigue siendo profundamente significativo para muchos mexicanos.

Quizá la lección más importante sea que la religión rara vez se confina a la doctrina formal. La vida religiosa se desarrolla en los hogares, las calles, los mercados, los santuarios y los estadios; se adapta a las circunstancias cambiantes al tiempo que preserva las tradiciones más antiguas. El Niño Jesús Futbolista ilustra cómo los creyentes de a pie siguen reinterpretando la fe de maneras que conectan los símbolos sagrados con las preocupaciones contemporáneas.

Ya sea que se considere la práctica como algo profundo, problemático o simplemente entrañable, ofrece una mirada reveladora de la creatividad del catolicismo mexicano. Bajo la sombra de la Catedral Metropolitana y en medio de la efervescencia del Mundial, el Niño Dios con la camiseta del Tri nos recuerda que la religión y la cultura siempre están inextricablemente relacionadas. Se configuran mutuamente de manera constante, produciendo nuevas formas de devoción que nos hablan tanto de la sociedad como de la teología.

Y si México llega a avanzar a paso firme en el torneo, no se sorprendan si muchos creyentes le atribuyen el mérito a algo más que al director técnico, las tácticas o el talento. Algunos bien podrían creer que el Niño Dios, vestido de verde, blanco y rojo, también tuvo algo que ver.

Publicado originalmente en inglés en Patheos

Se pueden ver más imágenes del Niño Dios vestido de maneras muy diversas aquí.

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Andrew Chesnut

Andrew Chesnut

Obtuvo un doctorado en Historia de América Latina por la Universidad de California, Los Angeles. Es profesor y Bishop Walter Sullivan Chair of Catholic Studies en la Virgina Commonwealth University. Autor de "Devoted to Death: Santa Muerte, the Skeleton Saint" (traducido a varios idiomas); de "Born Again in Brazil: The Pentecostal Boom and the Pathogens of Poverty" y de "Competitive Spirits: Latin America’s New Religious Economy".
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