Devoción a orixás en templos católicos: El «paseo» en el Batuque de Porto Alegre

por Emerson Giumbelli y Rafael Cristaldo  (Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil)

El paseo (passeio en portugués) es un ritual del Batuque, una tradición (o religión, en el término émico) de culto a los orixás que se configuró en el estado de Rio Grande do Sul. Por fundamento, el paseo debe ocurrir cada vez que un batuquero pasa por un “bori de cuatro pies” (lo que puede ocurrir durante su iniciación o más adelante en su trayectoria religiosa).

Para entender cuál es el papel desempeñado por el paseo dentro del ciclo ritual de una obligación, es posible usar el esquema tripartito; esto se debe a que el paseo cierra un rito de paso. Ese paso puede ser parte de la iniciación o del refuerzo del vínculo entre un orixá y su hijo. Como los batuqueros cumplen diversas obligaciones (rituales primero de iniciación y luego de confirmación de su relación con su orixá) durante sus vidas, también participan en diversos paseos.

Al pasar por el bori -el ritual separador-, los batuqueros entran en un periodo liminar llamado suelo, durante el cual son llamados presos, pues deben pasar algunos días durmiendo en el templo, al mismo nivel que sus boris (la representación material ritualizada de su conciencia espiritual), que bajaron de los estantes del cuarto de santo a su suelo. Ese periodo liminar solo se cierra con el paseo, que es una especie de reaparición o reintroducción al mundo.

En Porto Alegre, los sacerdotes llevan a sus hijos al centro de la ciudad para cumplir, en una suerte de procesión, la primera parte del ritual. Esta parte puede variar en orden, pero lo más común es que el paseo comience por el Mercado Público, donde hay un asentamiento (versión material y ritualizada de la energía del orixá) de Bará –orixá del Batuque que corresponde a Exu en el Candomblé-. Después, se sigue hacia la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, que está allí cerca, a 300 metros. La tercera estación es algún punto de la costa del río Guaíba, donde Oxum, Iemanjá y Oxalá son reverenciados. Tras este ciclo en el centro de la ciudad, los grupos visitan otros templos de la misma familia de santo para compartir el axé (fuerza espiritual) de la obligación por medio de un desayuno ofrecido por los anfitriones. Con el regreso a los templos de origen, los “boris” vuelven a los estantes y el paseo termina. Los presos celebran estar libres, y la obligación acaba.

Lo que nos interesa en este texto es presentar las relaciones interreligiosas y las visiones distintas de los afrorreligiosos en lo relativo a la realización de la parte más delicada del paseo: la entrada en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Comencemos con las relaciones interreligiosas.

Otra iglesia

“¡Sean bienvenidos los miembros de la religión afro a nuestro santuario para hacer su oración! Queremos recordar que estamos en un templo católico que tiene su fe propia y pedimos que se respeten algunas orientaciones. 1. Durante la celebración de la misa nunca pasar delante del altar; 2. Durante la celebración de la misa caminar solo por los pasillos laterales; 3. Nunca tumbarse y rodar hacia un lado y otro (saludo típico de las religiones afro) en la iglesia; 4. En la iglesia nunca tocar la campanilla (que invoca a los orixás); 5. Favor de no colocar alimentos encima de los altares. ¡Agradecemos la comprensión de todos, un fraterno abrazo y bendición!

Las orientaciones transcriptas arriba estaban firmadas por el párroco e impresas en un papel que quedó expuesto en el panel de anuncios de la entrada de la Iglesia del Rosario de Porto Alegre. Eventualmente, ese papel se le entregaba al líder de la procesión durante la realización de un paseo en el interior de la iglesia. Las orientaciones revelan puntos que, desde la perspectiva de las autoridades católicas, preservan la “fe propia” en un “templo católico”. Tiempos, espacios y cosas son señalizados, tales como las ocasiones de la misa, los altares y pasillos, los alimentos. Pero también sonidos y gestos, que resultan vedados. Las indicaciones acaban además apuntando, de modo indirecto y hasta por sus ausencias, a las diversas formas mediante las cuales se realiza el paseo en esa iglesia.

La referencia a “nunca tumbarse y rodar hacia un lado y a otro en la iglesia” remite a lo que los adeptos del Batuque llaman batir cabeza (postrarse/rendir pleitesía). Batir cabeza es un gesto muy recurrente en la vida de los adeptos de religiones afrobrasileñas, una reverencia, signo de respeto y aceptación de autoridad, debida tanto a las divinidades como a los sacerdotes. Ejecutarlo fuera del templo es una indicación de atención a los orixás. Pero esto, dentro de un templo católico, puede realizarse de muchas formas, incluyendo gestos que no implican ninguna prostración. Con una observación atenta, fue posible identificar los variados modos con los que los batuqueros usan sus cuerpos para reverenciar lo que ellos consideran sagrado dentro del santuario. Por medio de estas indicaciones y de conversaciones, se notó la relación de algunas imágenes de los altares de la Iglesia del Rosario con ciertos orixás del Batuque. (Cristaldo, 2026)

El altar principal, donde se posiciona el sacerdote para rezar las misas, a pesar de no ser destacado en las orientaciones transcritas arriba, merece atención especial por parte de las autoridades católicas. En las prácticas de algunos grupos, existe la costumbre de aproximarse e incluso tocar ese altar. Para evitar, o al menos dificultar, que esto ocurra, desde 2020 existe una cuerda que separa el presbiterio de la nave de la iglesia. Otras restricciones pueden ocurrir para los participantes de un paseo dependiendo de la actitud de las demás personas que ocupan el templo católico.

En el caso de la Iglesia del Rosario, la referencia a los orixás, además de resignificar el espacio, remite a un tiempo más antiguo. Está muy difundido entre los adeptos del Batuque el conocimiento de que el templo original fue construido por una “hermandad negra”. De hecho, en Porto Alegre, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario fue creada a finales del siglo XVIII y algunos años después inauguró su iglesia. La mayoría de los miembros de esa hermandad estaba formada por negros, esclavizados o libres, y algunas de esas personas pueden haber sido las mismas que establecieron las bases del Batuque en la capital del estado de Rio Grande do Sul en el siglo XIX. Hay participantes de los paseos actuales que afirman que, debido a sus orígenes, “los Orixás están asentados en los nichos” de esa iglesia.

Sin embargo, el antiguo templo fue demolido a mediados del siglo XX y en su lugar se construyó otro más grande, inaugurado en 1956. La historia de la demolición colocó en lados opuestos a los servidores y simpatizantes del IPHAN (Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional) y a las autoridades católicas. Sede también de una parroquia desde el siglo XIX, el antiguo templo fue condenado por la Iglesia Católica, lo que llevó a la anulación de la protección patrimonial que lo amparaba. Junto con la demolición de la antigua iglesia ocurrió la desaparición de la hermandad, y el templo actual guarda pocos registros sobre su existencia (Toniol; Giumbelli, 2025). En este contexto, el paseo es también una forma de mantener y activar la memoria sobre la “hermandad negra” de Porto Alegre y el templo que esta construyó.

El debate entre afrorreligiosos

Sin embargo, el paseo no goza de consenso unánime sino que genera tensiones al interior del Batuque. Además de asumir diversos ordenamientos y poseer diferentes justificaciones para la realización de una misma etapa, existen opiniones divergentes sobre si los paseos pueden o no entrar dentro de las iglesias y cómo comportarse en esos espacios. Hay, incluso, quien elige no salir de sus templos con el paseo.

En 2020, se hizo conocido dentro de la comunidad batuquera el caso de un grupo que tuvo su paseo interrumpido dentro de la Iglesia del Rosario. En esa ocasión, dicho grupo fue impedido por el cuidador y por el párroco del templo de continuar subiendo hasta el presbiterio. Tanto la dirigencia de ese grupo como otros batuqueros defendieron y defienden su “derecho” de entrar en aquel espacio, inclusive para batir cabeza, si quisieran. En el trabajo de campo, ya hemos oído el desafío: “quiero ver que muestren la ley que nos impida entrar allí”.

Sosteniendo opiniones contrarias, hay otros líderes del Batuque que preguntan si a sus colegas les gustaría que curas y pastores entraran en sus templos para realizar sus propios rituales. Hay, también, quien pregunta hasta cuándo el Batuque va a mantener tradiciones de subyugación que fueron creadas durante el periodo de la esclavitud (Giumbelli; Cristaldo, 2025).

Investigando el paseo, conocimos a líderes que se alinean con el pensamiento de “cada uno en su sitio” y que tienen (o no tienen) paseos diferentes del modelo que fue descripto al comienzo de este texto. A través de una red social, conocimos a un sacerdote de la nación cabinda que nunca hizo un paseo en ninguna iglesia. Él aprendió de su pai de santo que, después del Mercado, se va hasta una plaza, donde Oyá Dirã es reverenciada.

Otro pai de santo, sacerdote de la nación ijexá, lleva a sus hijos hasta el santuario, pero no entra en el templo. Desde la calle, les explica a sus hijos la importancia de ese lugar para la historia del pueblo negro de Porto Alegre. Por último, conocimos a una sacerdotisa de la nación jeje que tiene una posición más acentuada: ella no hace el paseo. Además de creer que cada religión no debe entrar en el espacio de la otra para no perturbar la energía que se está cultivando allí, es recelosa de las energías que puede encontrar en la calle. También hablando de energía, no está de acuerdo con las personas que continúan batiendo cabeza en las escaleras del presbiterio ahora aislado. Para ella, no hay fundamento en batir cabeza donde cualquiera puede pasar.

Memorias y debates

El paseo, como un ritual afro que ocurre en un espacio católico, pone en relación dos referencias religiosas. En ese sentido, nos provoca a pensar esa relación en sus múltiples posibilidades. Observar los cuerpos, en la variación de sus gestos y recorridos, se revela fundamental. Los católicos buscan establecer reglas, también variables, para delimitar prerrogativas y convivencias. Los afrorreligiosos establecen un debate sobre y con sus tradiciones, con algunas posiciones insistiendo en mantener la parte del ritual que habita la iglesia y otras velando por una autonomía, a veces afirmada por una crítica al sincretismo.

De todos modos, están en juego las memorias negras en una ciudad (que muchos quieren) blanca. El cortejo que recorre el espacio también remueve el tiempo. Es una invitación a reinterpretar o visitar nuevamente el pasado, cuando condiciones muy adversas no impidieron que una religión como el Batuque se formara. Los orixás siempre supieron transformarse y se hicieron presentes en lugares que el cristianismo pensaba que eran solo suyos.

Este texto fue publicado originalmente en portugués en el blog brasilero Religião em Debate.

Bibliografía

CRISTALDO, Rafael. O passeio na Igreja do Rosário: estudo antropológico sobre um ritual do batuque em porto alegre/rs. 2026. 121 f. Tesis de Maestría – Programa de Pós-Graduação de Antropologia Social, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 2026.

GIUMBELLI, Emerson; CRISTALDO, Rafael. Um ritual afrorreligioso em um templo católico: o passeio no Batuque gaúchoIlha Revista de Antropologia, Florianópolis, v. 27, n. 2, p. 6–25, 2025.

TONIOL, Rodrigo; GIUMBELLI, Emerson. Contra o tombamento: resistências católicas à patrimonialização de espaços religiososNovos estudos CEBRAP, Volumen: 44, Número: 3, 2025.

Rafael Cristaldo es doctorando en el Programa de Pos-Grado en Antropología Social de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil.

 

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Emerson Giumbelli

Emerson Giumbelli

Emerson Giumbelli es profesor del Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social (PPGAS) de la Universidade Federal do Río Grande do Sul (UFRGS), Brasil y es integrante del Núcleo de Estudos da Religião (NER) de dicho programa.
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