
por Francesco Gervasi (Universidad Autónoma de Coahuila) y Norma Patricia Sepúlveda Legorreta (Universidad Autónoma de Coahuila)
El presente texto nace con un doble propósito: por un lado, rendir homenaje a la pasión intelectual de Nesti por el contexto sociorreligioso mexicano; por otro, retomar y desarrollar algunas de sus intuiciones más fértiles para comprender la complejidad del fenómeno religioso contemporáneo. México fue para Nesti un laboratorio privilegiado de observación, un espacio donde lo sagrado se manifiesta como un entramado denso y contradictorio que él mismo definió sugestivamente como “los laberintos de lo sagrado”.
En este laberinto convergen y se entrelazan fe y tradición, modernidad y sincretismo, religiosidad popular y nuevas espiritualidades, dando lugar a configuraciones simbólicas que desafían las categorías clásicas de análisis religioso. Desde esta perspectiva, nuestra intención no es reconstruir de manera cronológica sus investigaciones, sino dialogar con ellas, prolongarlas y ponerlas en tensión a partir de dos devociones centrales del panorama religioso mexicano: la Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte.

Arnaldo Nesti
Quién fue Arnaldo Nesti
Antes de empezar a abordar la relación con América Latina, vale la pena recordar que Arnaldo Nesti nació en 1932 en Agliana, en la Toscana, en el seno de una familia campesina. Tras ser ordenado sacerdote en 1955, ejerció brevemente el ministerio pastoral en la diócesis de Pistoia, al tiempo que iniciaba su acercamiento a los debates culturales y sociales impulsados por la Pro Civitate Christiana de Asís. En esos años fundó el Centro de Estudios Sociales de Pistoia, que pronto se convirtió en un espacio relevante para el asociacionismo católico.
En 1962 se trasladó a Roma para profundizar en teología y sociología. Su tesis dedicada a Antonio Gramsci marcó el inicio de una reflexión original sobre la religiosidad popular, eje central de su posterior producción académica. Desde 1968 impartió Sociología de la Religión en la Universidad Pontificia Marianum. La publicación de L’altra Chiesa in Italia (1970) le dio amplio reconocimiento por su análisis de las comunidades de base surgidas tras el Concilio Vaticano II, aunque también provocó una dura reacción de la Conferencia Episcopal Italiana, que en 1971 determinó su exclusión de la docencia y del ministerio pastoral.
Lejos de interrumpirse, su trayectoria se reorientó hacia una intensa actividad académica y editorial. Colaboró estrechamente con el centro IDOC y, tras un primer periodo en la Universidad de Florencia, desarrolló allí su carrera durante más de treinta años. Como director de IDOC Internazionale y promotor de múltiples iniciativas científicas, consolidó una amplia red internacional, con presencia en Europa, América Latina, Estados Unidos y Asia. Fundó y dirigió proyectos de referencia como la International Summer School on Religions, la ASFER y la revista Religioni e Società, hoy reconocida a nivel internacional. Su obra se centra en la religiosidad popular, las minorías religiosas y las formas implícitas de lo religioso, desde una perspectiva abierta e innovadora. Sus aportaciones sobre el individuo religioso contemporáneo —el nomadismo, la centralidad de la experiencia y la redefinición de lo sagrado más allá de las instituciones— constituyen un legado fundamental para la sociología de la religión contemporánea. Junto con un grupo reducido de colegas, Nesti ha representado una de las figuras clave en la introducción en Italia del estudio académico de la religión, promoviendo siempre una mirada analítica y rigurosa, orientada a comprender las manifestaciones de lo religioso que emergen fuera de los marcos institucionales tradicionales. Falleció el 24 de agosto de 2024 en Florencia, a la edad de 92 años.

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Nesti y México: algunos momentos significativos
La relación de Nesti con América Latina —y con México en particular— fue profunda y duradera. Él mismo la evocó en varias ocasiones, entre ellas en Nel Mediterraneo largo, donde subrayó la existencia de afinidades culturales y simbólicas entre el mundo mediterráneo y el latinoamericano. Estas afinidades no son meramente históricas, sino que se expresan de manera concreta en las formas de vivir y representar lo sagrado.
Su primer encuentro directo con México tuvo lugar en febrero de 1987, cuando participó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en un proyecto de investigación comparativa sobre el fenómeno festivo en contextos metropolitanos de Italia, España y México. En ese marco, analizó la fiesta de Santa Rosalía en Palermo, la Semana Santa de Sevilla y, de manera particular, la Semana Santa de Iztapalapa, en la Ciudad de México. Esta comparación le permitió observar cómo, en distintos contextos culturales, la ritualidad festiva articula identidades colectivas, memorias históricas y tensiones sociales.
Durante aquella estancia, Nesti impartió cursos y seminarios en la UNAM dedicados a la religiosidad popular, los procesos de secularización y las transformaciones de lo sagrado en el espacio urbano. Especial relevancia tuvo el seminario titulado “El hecho religioso, mucho más allá de las religiones en tiempos de secularización”, en el que exploró formas emergentes de espiritualidad en sociedades formalmente laicizadas, anticipando debates que hoy resultan centrales en la sociología de la religión.
Entre las experiencias que más lo marcaron se encuentra la observación de una limpia ritual en un templo de la Iglesia Trinitaria Mariana Espiritual, movimiento religioso mexicano del siglo XIX que combina elementos del catolicismo, el espiritismo y las cosmovisiones indígenas. Para Nesti, este encuentro ofreció una ventana privilegiada hacia una espiritualidad popular profundamente sincrética, terapéutica y orientada al bienestar integral del sujeto.
Asimismo, durante el periodo pascual, estudió el Vía Crucis de Iztapalapa, posteriormente reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Nesti describió este evento —que moviliza a miles de actores y convoca a millones de asistentes— como una “singular representación escenográfica”, en la que se condensan dimensiones religiosas, sociales, económicas y mediáticas. La prensa de la época dio cuenta de su presencia y de su trabajo de recopilación de datos junto con autoridades locales, subrayando el interés italiano por esta expresión de religiosidad popular.

Diario de Iztapalapa en el cual se menciona la investigación de Arnaldo Nesti sobre la Semana Santa.
Finalmente, uno de los aportes más sugerentes de Nesti fue su lectura de la ambivalencia simbólica de la cultura mexicana a partir de la figura de la Virgen de Guadalupe y la Malinche. Mientras la primera encarna a la madre virgen, protectora y compasiva, la segunda representa a la madre traidora, pero también fundacional, en tanto mediadora del nacimiento del México mestizo. Esta tensión entre amor y rechazo, culpa y redención, se resuelve simbólicamente en el amor incondicional a la Virgen de Guadalupe, configurando una narrativa identitaria profundamente contradictoria y, al mismo tiempo, cohesionadora.
La Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte: dos devociones aparentemente opuestas en el laberinto religioso mexicano
Para profundizar en la lectura del panorama religioso mexicano, proponemos una comparación entre la devoción a la Virgen de Guadalupe y la de la Santa Muerte, dos figuras que, aunque aparentemente opuestas, pueden ser interpretadas como expresiones complementarias de un mismo universo simbólico. Para ello hemos retomado cuatro categorías analíticas propuestas por Nesti para comprender el factor religioso contemporáneo.
Sincretismos y mestizajes simbólicos
Nesti insistió en la importancia de un “sincretismo difuso” como rasgo estructural de la religiosidad latinoamericana, resultado de una larga historia de intercambios entre Europa y América, con fuertes resonancias mediterráneas.
La Virgen de Guadalupe representa de manera paradigmática esta fusión: su iconografía integra elementos cristianos y prehispánicos, desde los rasgos mestizos del rostro hasta los símbolos cósmicos —la luna, el sol, las estrellas— que remiten a la cosmovisión indígena. Los rituales guadalupanos incorporan danzas, flores e incienso, prácticas que refuerzan esta continuidad simbólica.
La Santa Muerte, por su parte, presenta un origen más difuso y controvertido. Su imagen remite tanto a la tradición medieval europea de la muerte personificada como a concepciones indígenas que entienden la muerte como tránsito y transformación. Sus rituales combinan oraciones católicas con ofrendas de alcohol, tabaco, música y objetos cotidianos, integrando también influencias africanas y populares. No es extraño que sus altares convivan con imágenes de santos católicos, reforzando su carácter híbrido.

Sincretismos en la devoción a la Virgen de Guadalupe: danzas de los matachines en la Basílica. Foto tomada de Google.

Sincretismos en la devoción a la Santa Muerte: altares con varios santos (católicos y no católicos) y la Santa Muerte. Foto tomada de Google.
Centralidad del sujeto y religiosidad “hazlo tú mismo”
Otro elemento clave en el pensamiento de Nesti es la creciente afirmación de una religiosidad desvinculada de normas institucionales rígidas y centrada en la experiencia individual.
Aunque la devoción a la Virgen de Guadalupe está plenamente institucionalizada, muchos fieles la viven de manera profundamente personal, a través de velas de colores, amuletos, imágenes benditas y prácticas que no siempre cuentan con reconocimiento oficial.
En el caso de la Santa Muerte, esta lógica se radicaliza: la ausencia de una jerarquía formal permite una relación directa e íntima con la figura sagrada, basada en pactos, promesas y ofrendas personalizadas.
En ambos casos, la relación con lo sagrado adopta un tono casi familiar, orientado a producir una experiencia intensa de alteridad que trasciende las mediaciones teológicas tradicionales.

Religiosidad “a la carta” en la devoción a la Santa Muerte. Foto tomada de Google

Religiosidad “a la carta” en la devoción a la Santa Muerte. Foto tomada de Google
Lo sagrado en el hic et nunc
Según Nesti, otra tendencia típica de la religiosidad contemporánea es la experimentación de lo sagrado hic et nunc. Esta orientación hacia el aquí y ahora se refleja, entre otras cosas, en la búsqueda de salvación terrenal, en la que lo religioso se convierte en un recurso para enfrentar condiciones materiales y sociales adversas. Tanto la Virgen de Guadalupe como la Santa Muerte responden a una religiosidad anclada en el presente. Los fieles acuden a la Virgen para pedir salud, protección y fortaleza ante las dificultades cotidianas. Los devotos de la Santa Muerte formulan peticiones aún más concretas, relacionadas con la seguridad, el trabajo, el dinero o las relaciones afectivas, especialmente en contextos marcados por la violencia y la desigualdad.

Peticiones concretas a la Virgen de Guadalupe en un Exvoto. Foto tomada de Google.

Petición de protección (hic et nunc) a la Santa Muerte. Foto tomada de Google.
Emotividad, corporeidad y afecto
Finalmente, Nesti observó una creciente sacralización de los tiempos rituales ligados al cuerpo y a la emotividad. Como señaló Nesti, el ser humano posmoderno busca en lo religioso una carga disruptiva capaz de reactivar sensibilidades adormecidas por la racionalización de la vida cotidiana. Lo anterior se refleja también en las dos devociones objeto de este ensayo. Por ejemplo, la Virgen de Guadalupe es invocada con apelativos afectuosos como “Lupita” o “Morenita”, mientras que la Santa Muerte es llamada “Niña Blanca” o “Madrina”, es decir con palabras que nos hablan de la relación emotiva y tierna que los devotos instauran con estas dos figuras. En ambos casos, además, el cuerpo se convierte en vehículo expresivo de la fe: danzas, cantos, peregrinaciones, besos a las imágenes y tatuajes rituales sellan una relación íntima con lo sagrado.

Emotividad en la devoción a la Santa Muerte. Bailes y besos a la estatua de la Flaca. Foto tomada de Google.

Emotividad en la devoción a la Virgen de Guadalupe. El diario Expreso define a la Virgen de manera cariñosa como “madrecita”. Foto tomada del diario Expreso en línea.
Conclusiones: Nesti y los laberintos de lo sagrado mexicano
La comparación entre la Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte nos permite comprender a México como un espacio de confluencia simbólica donde coexisten dualismos, ambivalencias y contradicciones sin resolverse plenamente. Lejos de excluirse, ambas devociones expresan dimensiones complementarias de una misma búsqueda de sentido.
Este laberinto religioso, tal como lo pensó Nesti, refleja la tensión permanente entre tradición e innovación, institución y espontaneidad, sacro y profano. En él se manifiesta una profunda apertura a la multiplicidad de lo real y a la convivencia de universos simbólicos que desbordan las pertenencias confesionales.
La primera imagen fue tomada de la cuenta X de Andrew Chesnut.
Este texto es un resumen traducido al español del capítulo titulado “Nesti e i labirinti del sacro messicani: una lettura della devozione per la Madonna di Guadalupe e la santa Morte attraverso quattro concetti del Professore” (autores: Francesco Gervasi y Norma Patricia Sepùlveda Legorreta), pertenenciente al libro homenaje dedicado a Arnaldo Nesti titulado: » Arnaldo Nesti: un toscano, un maestro, un intellettuale innovatore degli studi di sociologia delle religioni”. El capítulo en italiano puede ser descargado gratuitamente en este enlace.
Norma Patricia Sepúlveda Legorreta (ciudad de México, 1972) es doctora en Filosofía y Letras con Acentuación en Cultura (UANL). Actualmente, es profesora de asignatura en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. Sus principales líneas de investigación son: Discurso y Racismo, Racismo e Internet, Identidad y Diversidad Cultural. Candidata a Investigadora Nacional por parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) del 2023-2026.










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