
por Andrew Chesnut (Virginia Commonwealth University)
Cuando se supo la noticia sobre el altar personal de Nemesio Oseguera Cervantes —conocido como El Mencho—, el abatido líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, muchos esperaban encontrar los elementos de siempre: estatuas de la Santa Muerte, velas negras, quizás incluso algo abiertamente esotérico. Esa es la narrativa que nos han vendido durante años.
Pero lo que las autoridades encontraron en su escondite de Tapalpa, Jalisco, cuenta una historia muy diferente. El altar de El Mencho no era esotérico, no era demoníaco, e incluso no era particularmente inusual para los estándares mexicanos. Era profunda e inconfundiblemente católico.
Según imágenes obtenidas de la lujosa residencia, el capo del cártel mantenía un pequeño altar rodeado de velas encendidas y una copia manuscrita del Salmo 91 —la clásica oración bíblica de protección divina. Sobre ese altar se encontraban algunas de las figuras más populares de la devoción católica mexicana: la Virgen de Guadalupe, la Sagrada Familia, San Judas Tadeo, San Charbel y San Martín Caballero, el santo soldado romano a caballo asociado con la protección y la prosperidad. La Virgen de Guadalupe incluso aparecía en más de una representación.
En otras palabras, no se trataba de un sistema espiritual marginal. Se parecía exactamente al altar de millones de católicos mexicanos comunes y corrientes. Y ese es precisamente el punto.

Santos populares y santos católicos en el Mercado Corona (Guadalajara) (foto: Alejandro Frigerio)
¿Narcosantos católicos?
Durante años, la cobertura mediática a ambos lados de la frontera ha impulsado la idea de que los narcos mexicanos operan en una especie de universo religioso paralelo y oscuro —uno dominado por la Santa Muerte u otros «narcosantos». Hay algo de verdad en eso, por supuesto. La Santa Muerte tiene seguidores dentro del crimen organizado.
Pero el altar de Tapalpa muestra algo que he estado diciendo durante muchos años: la mayoría de los narcos siguen siendo sólidamente católicos. No abandonan a los santos católicos —los añaden a su repertorio.
Ya hemos visto esto antes. Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, usaba famosamente un dije del Santo Niño de Atocha, una advocación del Niño Jesús asociada con prisioneros y viajeros —dos cosas que importan mucho en el narcotráfico.
Los narcos no están eligiendo entre santos católicos y santos populares. Están construyendo una alineación espiritual —apostando a su favor al invocar tantos intercesores poderosos como sea posible.
Narco de nueva generación, altar de la vieja escuela
Si se observa detenidamente los santos en el altar de El Mencho, cada uno encaja perfectamente con las realidades de la vida en los cárteles mexicanos.
La Virgen de Guadalupe es la figura materna nacional de México —la protectora suprema. Su presencia señala pertenencia, identidad y refugio divino.
La Sagrada Familia representa la protección del propio hogar. Para los líderes de los cárteles, cuyas familias son blancos constantes, ese simbolismo es especialmente poderoso.
San Judas Tadeo, el santo patrón de las causas perdidas, ha explotado en popularidad en las últimas décadas. Es el santo al que recurren las personas en situaciones desesperadas, y la vida del narco no es sino desesperada.
San Charbel, un monje libanés cuyo culto se ha extendido recientemente por México, está asociado con curaciones milagrosas y fortaleza espiritual ante la adversidad.
Y San Martín Caballero, especialmente popular entre los narcos, es invocado a menudo para el éxito en los negocios, la ganancia económica y la protección en empresas arriesgadas. Para alguien que maneja una empresa criminal multimillonaria, eso tiene perfecto sentido.
Ponlo todo junto, y lo que ves no es aleatoriedad sino un sistema de apoyo espiritual cuidadosamente ensamblado.

Jesús Malverde entre Vírgenes de Guadalupe en el mercado popular al lado de la Basílica, México DF. (foto: Alejandro Frigerio)
Bricolaje religioso estilo narco
Uno de los mayores malentendidos sobre la narco-religión es que es caótica o irracional. En realidad, es increíblemente pragmática. Los narcos operan en un mundo donde la supervivencia nunca está garantizada —donde la violencia, la traición y la captura son amenazas constantes. En ese entorno, tiene sentido buscar protección de múltiples fuentes.
Así que en lugar de confiar en un solo santo, muchos narcos construyen lo que podríamos llamar un «portafolio espiritual». Rezan a diferentes santos para diferentes necesidades: protección, dinero, salud, venganza, salir bien librados de algún trance.
En otros casos, las autoridades han encontrado altares que combinan santos católicos con la Santa Muerte, Jesús Malverde, el Diablo, e incluso la santería cubana y el palo mayombe.
Lo que llama la atención del altar de El Mencho es que la Santa Muerte no está presente en absoluto. Su ausencia importa. Muestra que no todos los narcos sienten la necesidad de recurrir a santos populares; muchos permanecen firmemente arraigados en la devoción católica.
Santos como protectores y aliados
Una de las razones por las que este tema fascina a la gente es la tensión moral. ¿Cómo puede alguien involucrado en violencia extrema rezar a santos católicos? Pero desde la perspectiva de muchos devotos, los santos no son guardianes morales —son aliados poderosos.
San Judas, por ejemplo, es venerado por adictos que intentan recuperarse, por familias que enfrentan la pobreza, y sí, por criminales que intentan sobrevivir. El mismo santo, diferentes peticiones.
Esto es algo que ha preocupado durante mucho tiempo a las autoridades eclesiásticas, que han advertido contra el uso de los santos para propósitos que contradicen la enseñanza cristiana. Pero la religión popular no sigue la teología oficial. Sigue la experiencia vivida. Y en un mundo tan peligroso como el narcotráfico, la supervivencia tiene prioridad sobre la pureza doctrinal.

Jesús Malverde, La Santa Muerte y elementos relacionados con los Orichas en el Mercado Corona (foto: Alejandro Frigerio)
Devotos en los márgenes
También es importante recordar algo que a menudo se pierde en los titulares sensacionalistas: millones de personas que rezan a estos santos no tienen nada que ver con el crimen. La Virgen de Guadalupe, San Judas, e incluso la Santa Muerte tienen enormes seguidores entre la clase trabajadora, los migrantes y las personas que viven en los márgenes.
Los narcos están bebiendo de las mismas tradiciones religiosas que todos los demás. Solo que las están usando en un contexto muy diferente.
Narco-religión pluralista
Lo que realmente hace el altar de El Mencho es obligarnos a repensar toda la conversación sobre la narco-religión. En lugar de imaginar a los miembros de los cárteles como outsiders del catolicismo, deberíamos verlos operando dentro de él —adaptándolo, reformándolo y usándolo de maneras estratégicas.
Sí, los santos populares como Jesús Malverde y la Santa Muerte juegan papeles importantes en el mundo del narco. Pero no reemplazan a los santos católicos. Coexisten con ellos.
La vida espiritual del crimen organizado mexicano es pluralista. Es estratificada, flexible y está profundamente incrustada en la cultura religiosa más amplia de México.

Salmo 91
Al final del día, el altar de El Mencho nos recuerda algo simple pero profundo: incluso en los rincones más violentos de la sociedad, la gente sigue buscando protección, significado y esperanza.
Las velas en esa habitación de Tapalpa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, el Salmo 91 escrito a mano pidiendo refugio del peligro no son elementos ajenos. Son parte del mismo mundo religioso compartido por millones de creyentes ordinarios.
En ese sentido, el altar del hombre que fue el narcotraficante más poderoso de México no es una aberración. Es un espejo que refleja las formas en que la fe se adapta, sobrevive y continúa incluso bajo la sombra de la violencia.
Y en este caso, esa fe era inconfundiblemente católica.
Publicado originalmente en inglés en Patheos.com










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