Las columnas de Rodrigo Toniol en la Folha de São Paulo (1)

– Pánico sobre «sectas» en Brasil

– Iglesias e impuestos

– Ultraderechistas católicos y León XIV

– el pastor diputado Nikolas

por Rodrigo Toniol  (Universidade Federal do Río de Janeiro)

 

 

1)  Rumores sobre “sectas” y “rituales” rodean el caso de hermanos desaparecidos en Maranhão
El pánico moral se expande en las redes, reactiva prejuicios religiosos y repite el guion de otros casos de desaparición en el país.

La dramática desaparición de los hermanos Ágatha y Allan, en Maranhão, movilizó a cientos de voluntarios en la búsqueda de los niños. A lo largo de todo el mes de enero, a medida que el caso ganó repercusión nacional, también comenzaron a circular, en redes sociales y aplicaciones de mensajería, predicciones de videntes sobre la ubicación de los niños y afirmaciones sobre “rituales de magia” como justificación de la desaparición.

La asociación entre niños desaparecidos y magia, videncia y religión forma parte de un guion que se repite sistemáticamente. Entre el final de la década de 1980 y el inicio de los años 1990, los casos de los niños Evandro Ramos Caetano y Leandro Bossi, en Paraná, fueron vinculados directamente a la actuación de una supuesta secta en la región, que habría sido responsable de la muerte de ambos. La propia investigación policial sobre el caso se llamaba “Operación Magia Negra”.

Lo mismo ocurrió en la serie de crímenes conocida como la de los niños emasculados de Altamira, en Pará. Según los rumores de la época, la motivación de esos crímenes, ocurridos entre 1989 y 1993 y que involucraron a más de una decena de niños, también tendría un fundamento religioso. Encargada del caso, la Policía Federal, como documentó la antropóloga Paula Lacerda, también trabajó con la hipótesis de una relación entre los crímenes y lo que denominó “magia negra”.

Esta vez, en el caso de los hermanos desaparecidos en Maranhão, no ha sido distinto.

Desde hace décadas, las ciencias sociales han llamado la atención sobre el modo en que las acusaciones de brujería, “magia negra” y rituales funcionan como una especie de gramática pública de la sospecha. El sociólogo estadounidense Jeffrey S. Victor acuñó el término “pánico satánico” para nombrar el tipo de pánico moral que se repite en situaciones que involucran la desaparición de niños. El concepto describe un fenómeno en tres capas.

En primer lugar, no es necesario que el relato sobre las supuestas sectas o rituales religiosos sea sólido: basta con que se repita hasta el cansancio para adquirir apariencia de verdad. En segundo lugar, la posibilidad de nombrar al enemigo, por más oculto que sea, resulta más reconfortante que la ausencia total de explicación. En tercer lugar, es común que esos rumores cobren tanta fuerza que reorienten investigaciones, desviándolas de hipótesis plausibles.

El hecho es que, tras la conclusión de las investigaciones, como constató el sociólogo estadounidense, las desapariciones rara vez están asociadas a cualquier práctica religiosa.

Igualmente común a todos estos casos, por lo tanto, es que la religión funcione como chivo expiatorio del pánico moral. Al mismo tiempo, es a partir del pánico moral que afloran las formas más arraigadas de desconfianza y prejuicio.

En el caso de los niños desaparecidos en Maranhão, el hecho de que sean habitantes de una comunidad quilombola y de que hayan sido vistos allí por última vez sirve para activar, por medio de los rumores, todas las formas de estigma contra las religiones afrobrasileñas. Si el fenómeno del “pánico satánico”, observado por Jeffrey S. Victor, es común en distintos lugares del mundo, los grupos religiosos acusados varían. Históricamente, en Brasil, ese lugar ha sido atribuido de manera invariable a las religiones de matriz africana.

La perversidad de este mecanismo de pánico religioso es que, cada vez que se activa, se refuerza la desconfianza de que ciertas religiones son intrínsecamente peligrosas. Noticias falsas y rumores como los que circulan sobre el caso de Maranhão son, ante todo, la expresión, en estado bruto, de la evaluación moral que socialmente se hace de las religiones. Décadas después de los casos de Paraná y Pará, esta vez no hay una operación policial bautizada “magia negra”. En las redes sociales, sin embargo, los rumores se han encargado de actualizar esa forma de persecución.

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2)  ¿Deben las iglesias estar exentas de impuestos?
La inmunidad tributaria es común en las democracias liberales, pero la ampliación de los beneficios en Brasil genera riesgos reales para la laicidad.

No es raro que, en discusiones sobre los males de Brasil, alguien sentencie: “Solo en Brasil la iglesia no paga impuestos”. Esa característica sería una prueba de relaciones promiscuas entre Estado y religión en el país. Sin embargo, esta práctica es común en democracias liberales. La verdadera rareza brasileña no está en la existencia del beneficio, sino en la disputa política por estirar indefinidamente su alcance.

Recientemente pasé una temporada de un año como investigador visitante en la Universidad de Leipzig, en Alemania. Apenas llegué a la ciudad y fui a registrarme en el ayuntamiento, recibí un formulario en el que debía responder, entre otras cuestiones, mi religión. Si me declaraba perteneciente a alguna, pasaría a pagar regularmente un impuesto eclesiástico.

Ese es un modelo vigente en Alemania y también, con algunas variaciones, en los países nórdicos. En esos casos, el Estado no solo ofrece exención a ciertas estructuras religiosas, sino que también recauda impuestos y los transfiere directamente a las iglesias, de acuerdo con la autodeclaración de los ciudadanos.

En otros países, como Inglaterra y Francia, las reglas fiscales están asociadas directamente a los edificios que funcionan como lugares de culto. En ese formato, no son las denominaciones religiosas las que están exentas, sino los inmuebles cuya finalidad es prioritariamente religiosa. Eso excluye, por ejemplo, los casos en los que una iglesia es dueña de un edificio y lo alquila como punto comercial.

Estados Unidos, Canadá y Australia operan con otra lógica. En esos países, las iglesias pueden inscribirse en el mismo régimen que las instituciones de beneficencia o sin fines de lucro y recibir concesiones tributarias. Para ello, deben demostrar que realizan acciones de interés público.

A pesar de las variaciones en las reglas, el hecho es que, en la mayor parte de las democracias liberales del mundo, existen sistemas de exención, concesión e incluso recaudación estatal de impuestos para iglesias. En todos esos casos emerge el mismo dilema: qué cuenta, al fin y al cabo, como finalidad religiosa, qué es apenas accesorio y en qué punto una iglesia pasa a operar también como emprendimiento económico.

En Brasil rige desde 1988 una garantía constitucional de inmunidad tributaria para entidades religiosas. Está prohibido cobrar impuestos sobre templos de cualquier religión, y la inmunidad también alcanza el patrimonio, la renta y los servicios prestados por las iglesias.

Si hay un rasgo particularmente brasileño en estas cuestiones es la disposición reciente a ampliar aún más esos beneficios. Un ejemplo es la PEC 5/2023, de autoría de Marcelo Crivella (Republicanos), que propone ampliar la inmunidad tributaria de las iglesias en la compra de bienes e imponer exención fiscal en la contratación de servicios necesarios para la formación del patrimonio, la generación de renta y la prestación de servicios por parte de entidades religiosas.

La PEC fue aprobada en dos comisiones y está lista para ser incluida en la agenda del pleno. Mientras tanto, no faltan iniciativas estatales y municipales, ya consolidadas en ese mismo espíritu. El gobernador de São Paulo, por ejemplo, Tarcísio de Freitas (Republicanos), concedió exención de ICMS para importaciones destinadas a iglesias. Desde diciembre de 2024, el ayuntamiento de Río aprobó una ley que exime a los templos religiosos de tasas por el uso de áreas públicas en eventos.

Durante su gestión, Bolsonaro amnistió deudas tributarias de iglesias que acumulaban débitos estimados en R$ 1,4 mil millones con la Receita Federal.

Investigadores brasileños, como Magali Cunha, del ISER, coinciden en reconocer que es común en el guion de la política brasileña que, en años electorales como 2026, se intensifiquen propuestas de ampliación de este tipo de beneficios.

Al estirar lo que cabe en el concepto de “finalidad religiosa”, hasta incluir importaciones y la realización de grandes eventos religiosos, el Estado se burla del principio de laicidad y sobrepasa el límite de lo razonable en la legítima y necesaria protección de la libertad de creencia.

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3)  Ultratradicionalistas católicos ponen a prueba a León XIV, que vacila
El grupo que rechaza el Concilio Vaticano II anuncia la ordenación de obispos sin aval del papa y apuesta por la timidez del pontificado.

El papa León XIV tiene una bomba de tiempo en el regazo que debe desactivar antes del 1 de julio. El grupo ultratradicionalista católico Fraternidad San Pío X está poniendo al Vaticano a prueba al límite y anunció que ordenará obispos incluso sin autorización papal en esa fecha. Solo hay dos salidas: o el papa negocia con los tradicionalistas que lo presionan, o los excomulga.

Fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, la Fraternidad rechaza las reformas del Concilio Vaticano II, reivindica la misa en latín y cuestiona la idea de que el Estado no debe constrenir a nadie en materia de fe. Hoy tiene cerca de 700 sacerdotes y cientos de miles de fieles en el mundo, pero apenas dos obispos.

Sin nuevos obispos, la Fraternidad no ordena sacerdotes y, a largo plazo, puede extinguirse. Este es el mayor test del pontificado de León XIV hasta ahora, y la solución que presente dejará en claro su posición sobre un tema que ya le dio dolores de cabeza a cuatro papas.

Pablo VI suspendió a Marcel Lefebvre. Juan Pablo II endureció la postura después de que Lefebvre ordenara obispos sin autorización de Roma y excomulgó al arzobispo y a los obispos consagrados. Benedicto XVI levantó la excomunión de los obispos vinculados a Lefebvre. Francisco tuvo una posición ambigua. Por un lado, restringió la misa en latín y endureció el cerco al universo tradicionalista. Por otro, concedió aperturas a la Fraternidad, autorizando, bajo reglas, que sus sacerdotes oyeran confesiones y celebraran matrimonios.

En el mundo del Vaticano, cada una de esas decisiones fue un gesto claro sobre estilos de gobierno. Ahora le toca a León XIV.

Casi diez meses después de haber sido elegido, León mantiene un liderazgo tímido al frente de la Iglesia. En parte, esto se explica por su propio perfil. Es agustino, de una orden relativamente pequeña en el mapa de las grandes congregaciones católicas. Fue obispo de una diócesis periférica en Perú, un país sin gran peso en la política vaticana. El tiempo que pasó en Roma, aunque en una función importante de la Curia, fue breve e insuficiente para que construyera una red de influencia.

En contrapartida, el mundo ultratradicionalista católico no tiene nada de tímido. Al contrario, da señales de vitalidad raras hoy en la Iglesia católica. Crece donde la Iglesia pierde terreno, como en Francia, Estados Unidos y Alemania. Atrae a jóvenes, y los seminarios no tienen dificultad para encontrar candidatos al sacerdocio.

Los miembros de la Fraternidad percibieron la vacilación de León y subieron todos los tonos en los últimos meses. La secuencia de los hechos habla por sí sola. En agosto de 2025, la Fraternidad pidió una audiencia con el papa, que no los recibió. Contrariados, en febrero de este año anunciaron que realizarían la ordenación de obispos incluso sin autorización papal. El Vaticano reaccionó dando señales de apertura, con la propuesta de que las ordenaciones se suspendieran ahora y, a cambio, se negociara la regularización del grupo.

La elección de León XIV como papa fue una apuesta del cónclave de 2025 por alguien menos abierto que Francisco en temas sensibles, pero también menos doctrinario que Benedicto XVI. Un papa de diálogo y unidad. El problema es que la crisis que enfrenta ahora no pide conciliación. En este tipo de disputa, dialogar con moderación puede significar autorizar, en la práctica, a una Fraternidad que ya fue tratada como cismática y tuvo miembros sancionados.

Los ultratradicionalistas católicos entendieron que el perfil del pontificado de León abre brechas. Aunque algunos periódicos hayan difundido que podrían ser excomulgados si siguen adelante con las ordenaciones, en la práctica lo que el papa hizo fue insinuar un acuerdo.

En este momento, el mensaje para el catolicismo tradicionalista es que, si se fuerza la barra, León cede. Para un pontificado que tiende a ser largo, el costo de esta luz verde es alto y las consecuencias, muy duraderas.

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4)  Nikolas cambiará el juego entre política y religión en Brasil
Hijo de pastor, el diputado mineiro entendió que el voto evangélico no existe.

El ascenso de Nikolas Ferreira (PL) en la política nacional es el as bajo la manga más relevante de la derecha brasileña en el campo partidario en los últimos años. Tiene la unción del bolsonarismo, sin cargar con el peso y los problemas internos de quienes sostienen el apellido. Es joven, articulado y nativo digital. Pero es en el terreno de la religión y la política donde Nikolas presenta un rasgo singular: funciona como un vaso comunicante entre evangélicos y católicos, captando la atención de dos grupos que la política siempre trató como electorados distintos.

Nikolas nació en cuna evangélica, es hijo de pastor y se mueve con naturalidad entre versículos bíblicos y referencias religiosas que resuenan en ese mundo. Jair Bolsonaro necesitó probar su cercanía al universo evangélico para viabilizar su candidatura en 2018: fue a cultos, se bautizó en el río Jordán, empezó a citar la Biblia. Flávio, ahora precandidato, sigue el mismo guion. Nikolas no necesita ninguno de esos gestos para acreditarse como evangélico. Ya parte de ahí.

Lo que el joven diputado federal mineiro ha hecho es acercarse a los católicos. Hace un año, en esta columna, ya había señalado ese movimiento. Hasta entonces, Nikolas ya había recomendado en sus redes la biografía del fundador del Opus Dei, citado libros del padre Paulo Ricardo, una de las mayores figuras del catolicismo conservador activo en internet, y había sido invitado por grupos católicos como el Centro Dom Bosco para actividades.

En los últimos meses, ese movimiento se intensificó. Nikolas fue de los primeros en buscar aproximación a Frei Gilson apenas el fenómeno católico explotó en internet. En enero de 2026, durante la llamada Caminata por la libertad y la justicia, organizada por el diputado, grupos católicos que participaron rezaron el rosario mientras caminaban. Y otros, como el exdiputado federal Douglas Garcia, marchaban cargando imágenes de Nuestra Señora Aparecida.

El ruido que Nikolas Ferreira ha provocado dentro del campo católico es grande. Y la mayor prueba de ello está en las reacciones que despierta. Para citar solo dos ejemplos recientes, a fines de enero de este año el padre Ferdinando Mancilio criticó abiertamente la marcha de Nikolas durante una misa en el mayor templo católico del país, el Santuario de Aparecida.

Aún más recientemente, el primero de febrero, durante una misa, esta vez en Minas Gerais, otro sacerdote dijo a los fieles que quienes se sintieran alineados con el diputado debían salir de la iglesia y que no merecían recibir la eucaristía. En reacción, Nikolas hizo lo que haría un político experimentado: aprovechó el caso para profundizar su diálogo con el mundo católico.

En un video, dijo que no podía ser usado para que “el mayor sacramento” de la Iglesia católica, el “momento de comunión con Cristo”, le fuera negado a un fiel. En el mismo video también defendió las obras de caridad de la Iglesia católica y terminó diciendo que la batalla que enfrenta no es política ni material, sino espiritual.

Lo que Nikolas parece haber entendido es que no existe el voto evangélico. Los evangélicos son millones de personas atravesadas por clase, raza, género y decenas de denominaciones, y no forman un bloque unitario. Lo que existe son afinidades morales, sensibilidades religiosas y una gramática compartida sobre familia, autoridad y orden, capaz de crear una enorme zona de comunicación que incluye no solo a evangélicos, sino también a católicos. Es ahí donde el joven diputado está navegando.

La novedad que Nikolas Ferreira está construyendo para la derecha brasileña es la posibilidad de quitar el foco de los evangélicos, incluir a los católicos y conseguir hablar con esos dos grupos al mismo tiempo, en nombre del cristianismo. Si sigue así, cambiará el juego.

Estos textos fueron publicados originalmente en portugués en la Folha de São Paulo durante febrero de 2026.

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Rodrigo Toniol

Rodrigo Toniol

Es Profesor del Departamento de Antropologia Cultural de la UFRJ -Brasil. Es miembro de la Academia Brasilera de Ciencias y fue Presidente de la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur.
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