Religión y (Des)Tiempos -fotos de Eduardo Longoni en FoLa

longoni menonitas

Imágenes del tiempo quieto –por Florencia Garramuño (publicada originalmente en Clarín)

Compuesta por cuatro series diferentes, la exposición de Eduardo Longoni en FoLaDestiempos, abre nuestro presente a partir de una documentación fotográfica que atestigua la sobrevivencia y los restos de otro tiempo en nuestro propio presente.

En Los diablitos de la Quebrada las fotografías recorren imágenes del carnaval de la Quebrada de Humahuaca, una fiesta que se repite desde hace más de cinco siglos, y que ha sumado a la celebración cristiana las tradiciones indígenas. Los habitantes de la Quebrada bajan de los pueblos para celebrarlo con máscaras y bellos disfraces de diablos, al son de instrumentos típicos como erkes o charangos.

Longoni Fola cartel

En El toro y la cruz. El toreo de la vincha, la única fiesta taurina que se conserva en Argentina, el pequeño poblado de Casabindo a 3500 metros de altura en el altiplano jujeño emerge de las fotografías con sus fiestas, su música y sus tradiciones intactas.  La ceremonia vuelve a comenzar todos los 14 de agosto para celebrar, desde la víspera, la Asunción de la Virgen María, e incluye procesiones, bailes, música y un toreo incruento en el que el torero debe lograr colocarle una vincha al toro.

En El secreto de los Monjes, Longoni se internó en el Convento de los Cartujos en Deán Funes, Córdoba. Los cartujos pertenecen a una antigua orden religiosa fundada en el 1084 por San Bruno. Dedicados al silencio y con una rutina implacable, los cartujos conviven casi sin hablarse en estricta soledad. En las fotografías de Longoni, los monjes se recortan siempre en claroscuros, enclaustrados, en un juego de luces y sombras que recuerdan los claroscuros barrocos y los hace aparecercomo fantasmas que regresan de un pasado.

Longoni carnaval

Algo semejante ocurre con la serie de los menonitas de la Pampa, una colonia instalada a 30 kilómetros de Guatraché donde sus habitantes,alejados de todo signo de modernidad, conservan sus costumbres y tradiciones holandesas y alemanas.

Estas son las únicas fotografías donde, en muchos casos, se exhiben también rostros. Mientras que en estas fotografías la vestimenta y los instrumentos antiguos le otorgan al rostro un marco que hace evidente el montaje de tiempos, en las otras series de la exposición los rostros aparecen desdibujados, ya sea tapados por sombreros o máscaras, ya ocultos bajo las capuchas de los hábitos o desenfocados del objetivo en movimiento. Y es que no hay procedimientos o dispositivos previos – anteriores – en las fotografías de Longoni. Enmarcado dentro de la fotografía documental, el “instante decisivo” –según la frase acuñada por Henri Cartier Bresson – se capta con una cámara que primero ha investigado el tema, recorrido el terreno, conocido a los pueblos. Los pueblos no se retratan – al modo pintoresquista o espectacular – sino que se expresan a través de la fotografía. De allí que los monjes o los diablitos hayan perdido el rostro, mientras que los tres niños menonitas que nos devuelven la mirada nos conminen a confrontarnos con una infancia – la mirada del futuro – confinada en el pasado con sólida nitidez. La ausencia de rostros, en las otras tres series, deshace la individualidad del retrato en la fiesta, enmarcada en el paisaje de la Puna que a menudo repite los disfraces y los reproduce en la continuidad renovada de un tiempo detenido pero insistente y terco. En una de las fotos del Toreo de la Vincha, ni la imponente iglesia de Casabindo – la “catedral de la Puna”, construida en el 1700-, ni el toro ocupan el centro de la fotografía. Ambos parecen tensionar, uno en cada ángulo, la representación de un pueblo definido por la plaza amurallada y los cerros en el horizonte.

Longoni casabindo

La preferencia por el reportaje más que por el formalismo es nítida en todas las series, pero el abordaje particular del autor se define en la estricta austeridad de los recursos, lo que otorga al documento una gran intensidad poética. Sus materiales son humildes, como sus sujetos: entre la luz y el encuadre, la composición de las fotografías juega con la profundidad del campo y el enfoque.

Estas series de fotografías fueron concebidas como libro y parte de ellas publicadas en 2014 en el libro que lleva el mismo título que la exposición. El libro incluye otra serie de fotografías de las ruinas de Villa Epecuén, el antiguo polo turístico a orillas del lago Epecuén barrido por las sucesivas inundaciones y la desidia de gobernantes diversos. En uno de los extremos de la sala en FoLa, un video permite ver todas las fotografías incluidas en él. Expuestas página tras página en el libro y desplegadas en la exhibición las fotografías resultan exhaustivas en el estudio de las múltiples temporalidades que habitan una imagen y nuestro propio tiempo. En todas esas series, restos de un tiempo que sin ser el nuestro compartimos con las costumbres, objetos y seres que aparecen en las fotografías, descoyuntan nuestro propio tiempo y nos permiten asombrarnos frente a las capas superpuestas que lo habitan.

Florencia Garramuño es profesora de la Universidad de San Andrés

Longoni monje

Destiempos – por Eduardo Longoni (texto en la página de FoLa)

La noción del tiempo me atormentó desde la infancia. No podía entender como a mis padres les parecía que el año había pasado “volando” si a mí me había resultado eterno y tedioso. No me daba cuenta que empíricamente empezaba a comprender que la idea del tiempo sólo es única y perfecta en la cabeza de aplicados relojeros suizos. Para el resto de los mortales hay múltiples tiempos, los interminables tiempos de la espera, los fulminantes segundos previos a un accidente, las morosas horas de la siesta en la niñez.

Recorrer los oscuros pasillos de la Cartuja San José en Deán Funes apenas surcados por monjes encapuchados, dejarme llevar por los cantos gregorianos que entonan por las madrugadas, me condujo siglos atrás. A un tiempo que nunca viví, pero al que me sentí transportado por la atmósfera medieval. Sentir como en Casabindo cada 15 de agosto se parece al anterior y al anterior del anterior, hasta remontarse  a los años de la conquista. La mezcla de catolicismo y costumbres de la puna se traduce en sacrificios de animales en honor a la Virgen y una corrida de toros en una plaza amurallada. Sus pobladores repiten el rito como si los días, los meses y los años no tuvieran lugar.

Longoni crucifijos

En la colonia menonita de Gautraché, por el contrario, siempre falta el agua, por sus calles polvorientas sólo pasan carros tirados por caballos, y en los establos pude observar que aun se ordeñan las vacas a mano, no se escucha música y cuando llega la noche a las casas se las traga la oscuridad. No hay electricidad, no hay motores, hay un férreo apego a una cultura y a unas costumbres que no sufren cambios desde generaciones inmemoriales.

Los diablitos de la Quebrada de Humahuaca son el carnaval. Nada da comienzo si ellos no llegan. Pero también representan las dos caras de la fiesta, el descontrol, y la tristeza. Participé de una de las invitaciones que le fue ofrecida a la comparsa “Los alegres de Uquía” a una casita de adobe colgada de la montaña. La celebración pagana, la Pachamama, la chicha y el baile, la religión católica fueron formando por siglos una amalgama que se mantiene a través de los tiempos. Esos tiempos que parecen detenidos en estas historias que se entrecruzan a la distancia, desparramadas en la geografía del país.

Tiempos sin tiempo, destiempos.

Eduardo Longoni es un reconocido fotógrafo argentino.

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Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio

Alejandro Frigerio es Doctor en Antropología por la Universidad de California en Los Ángeles. Anteriormente recibió la Licenciatura en Sociología en la Universidad Católica Argentina.
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